domingo, 16 de enero de 2011

OPERACIÓN GARIBALDI – Simón Wiesenthal

(1908 - 2005)
En 1950, el famoso, e infatigabñle, «cazanazis» Simón Wiesenthal y su organización recibieron la noticia de que un ciudadano europeo “refugiado” en Argentina podría ser un jerarca nazi huido y pusieron todo el aparato investigador en marcha. Un amigo le hizo saber a través de una carta, fechada en 1952: «He visto a ese cerdo miserable, vive en las cercanías de Buenos Aires y trabaja en la central de abastecimiento de aguas». Pasaron unos años hasta que una nueva pista hizo saltar las luces de alarma. Corría el año 1954. Nicolás hijo del presunto jerarca nazi había cometido una imprudencia al comentar a una amiga suya que su padre había sido uno de los artífices de la «solución final» y que a punto estuvo de conseguir que fuera un éxito. La chica, que era hija de madre alemana y de padre judío, empezó a investigar, junto a su padre y por su cuenta, recorriendo diversas hemerotecas repasando las noticias sobre los juicios de Nüremberg. Al concluir sus pesquisas se puso en contacto con la organización de Wiesenthal. Que a su vez informó al gobierno israelí y a su servicio de inteligencia y espionaje exterior, el MOSSAD.
Ricardo Klement desde que llegó a Argentina ejerció diversos trabajos y oficios. Siempre trabajó en el área de Buenos Aires desempeñando muy diversos puestos, desde capataz, leñador, hasta criador de conejos, finalmente logró traer a toda su familia. En el momento de su detención por parte del Mossad, desempeñaba como operario cualificado en la fábrica de Mercedes Benz Argentina situada en la localidad de González Catán, provincia de Buenos Aires.
Cuando se reúne con su familia pasa a residir en un pequeño departamento en la localidad de Virreyes (partido de San Fernando) en la Zona Norte del Gran Buenos Aires, específicamente vivía en una calle arrabalera llamada Garibaldi.
En 1954, Wiesenthal consigue localizar e identificar positivamente en Buenos Aires al destacado criminal nazi  e informó de ello al Centro de Investigación del Holocausto Yad Vashem en Israel.
Informado, a su vez, el Primer Ministro del Estado de Israel, David Ben Gurión, de la localización del mayor asesino de judíos que dio la II Guerra Mundial, ordena a Isser Harel, jefe del servicio de espionaje exterior, MOSSAD, que inicie los preparativos para la operación que ha de «traer a cualquier precio», según sus propias palabras, a Adolf Eichman a Israel para ser juzgado por los horrendos crímenes cometidos contra el pueblo judío.
La identificación positiva de “Ricardo Klement / Adolf Eichman” es realizada por una serie de fotografías comparativas tomadas furtivamente, en que se lo reconoce por su particular morfología de la oreja izquierda (las fotografías de Eichmann en su período nazi eran casi todas del lado izquierdo) y se prepara un plan para capturarlo y llevarlo a Israel, encargo hecho por el primer ministro David Ben Gurion con la  información recibida a través de Simon Wiesenthal.
Eichmann, el hombre que planificó la deportación y muerte en masa de judíos en Europa, fue secuestrado en 1960 en las afueras de la capital argentina, trasladado clandestinamente a Israel y finalmente sentenciado a muerte en 1961 y ejecutado en 1962, tras la celebración de un juicio trasmitido por televisión. Gracias a ello y ese mismo año, Wiesenthal reabrió su Centro de Documentación Judía con el apoyo de donaciones de todo el mundo. Continuó, pues, trabajando en otros casos. Entre sus mejores logros estuvo la identificación y captura de Karl Silberbauer, el oficial de la Gestapo responsable del arresto de Ana Frank, que fue descubierto en 1963 cuando trabajaba como inspector de policía en Viena.
La confesión de Silberbauer ayudó a desacreditar las voces de la historia revisionista en relación a que «El Diario de Ana Frank» era una farsa.
Durante este periodo Wiesenthal también localizó nueve de los dieciséis nazis juzgados en la Alemania Occidental por el asesinato de la población judía de Leópolis, la ciudad natal de Wiesenthal; el austriaco Franz Stangl, comandante de los campos de concentración de Treblinka y Sobibor, fue capturado en 1967 en Brasil gracias a su investigación, y el alemán Josef Schwammberger, comandante del gueto de Przemysl, fue detenido en 1987 en Argentina.
Solamente se le escapó en Brasil, el escurridizo “Ángel de la Muerte” el sádico asesino, Dr. Joseph Mengele.

sábado, 15 de enero de 2011

La re-legitimación de Israel

D. José María Aznar 



Por: Friends of Israel Initiative, publicado el lunes, 10 de enero de 2011 a las 13:00 


Es un honor y una satisfacción personal recoger este premio esta noche, aquí con todos ustedes. Un premio que honra la “Fiesta de las Luces” , que a su vez conmemora tanto un milagro como una rebelión en defensa de la identidad, las tradiciones y los valores del pueblo judío. Por eso este premio no puede ser recibido más que con una profunda humildad y, en mi caso, con una enorme alegría.

Les agradezco sinceramente el reconocimiento que hacen de mi persona y de todos cuantos desde la Friends of Israel Initiative intentamos introducir un poco de razón al hablar de Israel.

Un país que en estos momentos está de luto por las víctimas causadas por el terrible incendio del Monte Carmelo. Desde aquí mi pesar y solidaridad con sus familias y con todos cuantos han sufrido esta catástrofe.

Siempre he creído que para un político los hechos, sus actos, son más importantes que sus palabras.

Por eso no quisiera hoy, únicamente, hablarles de cómo veo yo la situación de Israel sino, sobre todo, contarles lo que estoy haciendo en relación a Israel, su legitimidad como estado y el derecho a que sea tratado de una manera justa. “Re-legitimar”  a Israel requiere acciones concretas.

Es por eso que hace unos meses empecé a contactar con algunos amigos a fin de poner en marcha la Friends of Israel Initiative. Mi idea era juntar un número suficiente de personas que por su mera asociación fueran vistos como algo novedoso y relevante. Tampoco quería juntar simplemente a antiguos políticos, sino a un grupo que contara con representación también de otros sectores, empresarios, intelectuales, artistas o profesionales.

En medio de un ambiente crecientemente hostil a Israel, no sólo en Europa, sino también al otro lado del Atlántico, un cierto sentimiento de urgencia, compartido por todos, hizo posible que personas como Vaclav Havel, Alejandro Toledo, Marcello Pera, Andrew Roberts, Lord Trimble o John Bolton, por citar a unos pocos, nos pusiéramos en marcha en cuestión de poco tiempo.

Es fácil denunciar la dureza de las acciones militares  de Israel, al mismo tiempo que no reconocer que Hizboláh no sólo continua rearmándose ante los ojos impasibles de las fuerzas de la ONU desplegadas en el sur del Líbano, sino que sus líderes continúan proclamando sus intenciones de destruir el Estado de Israel. O que Hamas, en Gaza no ha renunciado al mismo objetivo y que sigue defendiendo el aniquilamiento de Israel.

Es fácil denunciar la valla que separa parcialmente Cisjordania de Israel, negando al mismo tiempo que esa misma valla ha permitido a muchos israelíes salir a pasear, al cine o enviar a sus hijos en el mismo autobús escolar, sin el temor a volar por los aires por culpa de un terrorista suicida.

Es fácil condenar a Israel y presentarlo como un nuevo appartheid, sin tener en cuenta que los partidos árabes tiene  representación en la Knesset y que árabes israelíes ocupan posiciones en alto rango en varias instituciones del estado.

Pero no por fácil es lo correcto. Mas bien todo los contrario. Y por eso la necesidad de hacer algo al respecto.

Déjenme decirles que nuestra primera reunión en París tuvo lugar el 31 de mayo, el mismo día que la mal llamada Flotilla de la Libertad se aproximaba a Gaza y tuvo que ser detenida por Israel. Una pura coincidencia que nos convenció aún más de la necesidad de luchar contra la creciente deslegitimación de Israel.

Y es que hay algo muy importante para nosotros: no somos hijos de la oportunidad, sino que pusimos en marcha la Iniciativa –y la seguimos sosteniendo- por pura convicción. Poque creemos en el derecho a existir de Israel y porque creemos que debemos actuar para salir al paso de los intentos de deslegitimación y demonización de Israel.

Si hay algo que hemos buscado en estos primeros meses de vida ha sido intentar abrir un espacio donde la razón y no la pasión, donde la decencia y no la manipulación, se abran paso a la horade hablar de Israel. Y tengo que decir que soy optimista al respecto porque eso es lo que hemos visto cuando hablamos con muchos de los actuales dirigentes políticos.

Quisiera destacar un hecho que nos define y que nos diferencia al mismo tiempo de otros proyectos con ambiciones similares: no somos “otra” organización judía. De hecho, de los fundadores, ninguno pertenecemos a la comunidad judía. Se nos podrá criticar por muchas cosas, pero no por ser un lobby más de la conspiración universal sionista.

Y, sinceramente, estoy convencido de que podemos servir mejor a nuestros propósitos siendo un grupo esencialmente no judío. Creo que eso nos da una autoridad moral diferente que si lo fuéramos.  Nadie nos puede acusar de ocultar extraños intereses o de estar al servicio de tal o cual gobernante.

Somos un grupo de personas que no representamos a ninguna organización gubernamental ni dependemos de fondos estatales para nuestra labor, sólo de la generosidad de donantes privados.

Lo que nos une y anima es la aceptación de Israel como un país cualquiera. No aspiramos ni pretendemos hacer de voceros de ningún gobierno concreto; ni defendemos o justificamos políticas específicas del gobierno de turno en Jerusalén; ni promovemos los intereses particulares de ningún partido político. Es el Estado de Israel, su derecho a existir en paz y a ser tratado con justicia, lo que aspiramos a promover. Nada más, pero nada menos.

De igual modo, tampoco pretendemos convertirnos en una especie de fuerza de reacción rápida que tiene que actuar frente a cada crisis que asalta a Israel. No sólo creemos que sería perjudicial para nuestro fin último, sino que no tendríamos descanso, mucho me temo. Actuamos y actuaremos con consistencia, pero marcando nuestro ritmo. Confiamos en el producto de sembrar con paciencia. Y créanme que sé de qué hablo cuando me refiero a los resultados de la lluvia fina.

En realidad creemos que ha llegado el momento de explicar ciertas cosas de manera sencilla y sin complejos. Por ejemplo:
  • Que Israel tiene el derecho a existir como una nación más y que no es justo cuestionar su existencia;
  • Que Israel es un Estado tan legítimo como cualquier otro y que no es razonable poner en solfa su legitimidad;
  • Que Israel es parte integral del mundo occidental y que no es inteligente por nuestra parte debilitar a Israel;
  • Que Israel es una democracia como nosotros y que no es justo ni razonable exponer únicamente sus defectos;
  • Que Israel comparte los mismo valores que nosotros y que no es lógico no defender lo que es nuestro;
  • Que los riesgos para Israel son los mismos que los nuestros y que no es razonable querer librarnos de los riesgos dejando de lado a Israel;
  • Que Israel es tierra de oportunidades y de futuro y que no es razonable presentar a Israel únicamente como una tierra de conflictos, inestabilidad y guerras
Y es que el tratamiento que se concede a Israel en instancias internacionales, la imagen que presenta de Israel la prensa las más de las veces y la expresión de la opinión pública, sobre todo en Europa, no sólo es injusta y moralmente reprobable. Es un error estratégico de primera magnitud.

Deslegitimando a Israel permitimos que sean nuestras raíces y nuestros valores de pluralismo, innovación, dignidad de la persona, lo que se ponga en entredicho.

Criticando el derecho a la autodefensa de Israel permitimos que nuestra propia capacidad de defendernos frente a agresiones de quienes quieren poner fin a nuestra forma de vida e imponernos la suya se ponga en entredicho también.

Criticando la voluntad de resistir y sobrevivir de Israel alimentamos nuestra debilidad a la vez que promovemos que nuestros adversarios se crean más fuertes y capaces de obtener sus objetivos.

Yo creo firmemente que si alentamos que Israel se venga abajo, todos nos  iríamos abajo. Si Israel cayera bajo el peso de sus enemigos, Occidente, tal como lo conocemos hoy, dejaría de ser lo que es.

Por todo eso, porque es injusto en términos políticos, es reprobable en términos morales y es peligroso en términos estratégicos, yo creo que hay que estar a favor de la re-legitimación de Israel y defender que Israel es un país como otro cualquiera, una democracia liberal y parte integral de Occidente. Aunque esté enclavado en Oriente Medio y sus vecinos no sean nuestros vecinos. Israel es parte de Occidente.

Esa es la visión estratégica que compartimos quienes somos parte de la Friends of Israel Initiative y es lo que defendemos. Simplemente porque creemos que es necesario hacerlo. Nosotros no compartimos a visión complaciente de que todo va bien o de que todo irá a mejor necesariamente.

Hay quien cree que Israel se encuentra actualmente en su mejor momento. Recién admitido en la OCDE, con las más amplias relaciones diplomáticas en sus 62 años de existencia, con la esperanza de llevar a buen puerto las conversaciones de paz con los palestinos, con una economía boyante y que ha logrado escapar a la actual crisis mundial.

Y sin embargo, el instinto reflejo de culpar a Israel por casi todo lo malo que ocurre en Oriente Medio no acaba de desaparecer. Al contrario.

Un reciente ejemplo lo pueden encontrar en ese teatro que montaron con unos niños palestinos que arrojaban piedras contra un coche israelí y que se arrojaron frente a él para ser atropellados delante de las cámaras de fotógrafos y televisiones que, previamente, habían sido alertadas y convocadas para que retransmitieran a todo el mundo la imagen de –pongo comillas- “un pobre niño palestinos atropellado por un bárbaro conductor judío”.

Quizá les parezca algo fácil de desmontar, pero la fuera de las imágenes queda en una opinión pública, particularmente de donde yo vengo, en Europa, entregada a la crítica de Israel ante cualquier circunstancia.

De otra naturaleza, pero no menos inquietante, puede ser el reconocimiento diplomático formal que han hecho Argentina, Brasil y Uruguay de un Estado Palestino que aún no existe. Actuando así se está primando soluciones unilateral y no la negociación y el diálogo que es la única fórmula sensata de alcanzar cualquier acuerdo que sea satisfactorio para todas las partes y cuente con visos de ser verdaderamente duradero.

Por no decir de quienes se creen más pro-palestinos que los palestinos y demandan sanciones de la UE contra Israel hasta que se ponga fin a los asentamientos, como hemos escuchado recientemente.

Qué decir! ¿Recordarles que el tema de los asentamientos nunca ha sido vital para el proceso de paz, ni en Madrid, ni en Oslo ni posteriormente? ¿Avisarles de que quien fe verdad lo ha vuelto importante, la administración Obama, acaba de anunciar que este tema ha dejado de parecerle un requisito previo para seguir con las conversaciones?

Yo creo que, desgraciadamente, estos no son casos aislados, sino que son el reflejo de una preocupante corriente de opinión que siempre ha sido mayoritaria en Europa entre los líderes políticos, y que ahora parece ganar también terreno entre el establishment de Washington.

En marzo de 2009, justo después de las elecciones en Israel que llevaron a  la coalición conservadora al gobierno, yo le dije a mi buen amigo Bibi Netanyahu: “ten cuidado porque el mundo está ansioso por encontrar a un nuevo George W. Bush al que culpar de todo y cuentas con todas las cartas para que te escojan a tí”.

El hecho de que las acciones militares destinadas a detener la mal llamada Flotilla de la Libertas camino de Gaza, fueran condenadas por casi todos a consecuencia, desgraciadamente, de las víctimas que se produjeron y que casi nadie se preguntara en público qué hacía un país como Turquía, miembro de la OTAN y tradicional aliado de Israel, montando y apoyando una agresión de esa tipo, es una prueba más para mi de que no podemos ser complacientes con el actual ambiente que rodea a Israel.

Ahora bien, el  problema de la imagen de Israel en el mundo no es simplemente un problema de diplomacia pública o que se vaya a resolver fácilmente con una buena campaña de relaciones públicas. Me temo que no.

¿Y por qué no? Pues porque los problemas de imagen hay que entenderlos en un contexto más amplio. No son una cuestión aislada, Israel, desgraciadamente, sigue  viviendo en un conflicto y no porque quiera, sino porque así lo quieren sus adversarios

No es un conflicto convencional como en 1948, 1956, 1967 0 1973. Tampoco es el terrorismo tal y como lo sufrimos en los años 70, 80 , 90 y después del 2000. Se trata de una nueva forma de ataque contra la legitimidad de Israel, contra el derecho a existir de Israel. Se trata de una “guerra blanda” donde se  emplean trucos legales, abusan de organismos multilaterales y emplean dudosas ONGs para presentar a Israel como un estado ilegítimo, un estado que debe ser aislado y convertido en un estado paria.

Es un conflicto no contra las fuerzas de la IDF, sino contra la idea de Israel.

Y precisamente por eso decidimos decir basta a este estado de cosas que culpa a Israel de todo lo malo que sucede en el mundo. Basta de permitir que se deslegitime a Israel y se le niegue su derecho a existir. Basta a tanto error.

Y por eso creamos la Friends of Israel Initiative.

Puedo decir que en estos pocos meses de vida hemos tenido un éxito razonable. No sólo el grupo ha crecido en número, sino que el primer manifiesto ha sido suscrito por más de 10 mil personas en muy poco tiempo (lo que es un gran logro en Europa y dice mucho de la demanda de este tipo de iniciativas) e incluso una resolución fue introducida en la Cámara de representantes en Washington por Ileana Ros-Lehtinen (republicana) y el demócrata Albio Sires, en apoyo explícito a nuestros esfuerzos, ambiciones y organización, el pasado mes de septiembre. También tuvimos una muy buena acogida en nuestra presentación en la Cámara de los Comunes en Londres, en julio pasado.

Además de estas reuniones de París, Londres y Washington DC, personalmente he presentado nuestra iniciativa en lugares tan dispares como Nueva York, Panamá, Costa Rica, Argentina, Roma y Canadá.

Y tengo que decir que a pesar de todas las críticas que nuestros adversarios puedan poner en circulación, he encontrado una gran satisfacción personal. Hace unas semanas, en una cena en Londres en honor del soldados de la IDF, me interesé por la familia del comensal que tenía a mi lado. Sus padres se habían conocido en Auschwitz y habían sobrevivido para engendrarle. Me miró y me dijo claramente emocionado: ¿Mi familia? Quiero que sepa que en estos momentos mi familia es usted.

Momentos como esos disipan los malos tragos de ser criticado por todos aquellos que no entienden lo que en realidad está en juego.

Nuestro deseo es seguir defendiendo estas ideas porque de esa forma creemos que contribuimos a una mejor defensa de todo Occidente, algo que nos parece vital y urgente.

Tenemos grandes planes para el año que viene y les rogaría a todos ustedes que se acercaran a nosotros y nos siguieran. En nuestra página web pueden encontrar toda la información al respecto y espero que la visiten. Solamente adelantarles que planeamos una gran reunión en Praga en la primavera seguida de otra en Varsovia, así como en Bruselas y otros lugares. Todo está disponible en la web.

Quiero decirles también que estoy convencido de que ha llegado el momento de que el cristianismo y el judaísmo, que compartimos lo bueno y lo malo, los valores de la dignidad humana, del pluralismo y de iniciativa y libertad individual, y también nuestros enemigos, el radicalismo islamista y la jihad global, acerquemos posiciones y nos reforcemos mutuamente.

Desde luego ni podemos ni queremos contentarnos con predicar en terreno abonado y aspiramos a alcanzar a sectores que objetivamente deberían estar con Israel aunque aún no lo sepan.

Porque Israel está en juego, pero Israel es la primera línea de defensa de todo Occidente.

Y sin más concluyo, agradeciendo de nuevo a la comunidad judía de Madrid la posibilidad de haber compartido con ustedes mis ideas. Que no son sino las de contribuir a que Israel pueda vivir en paz y ser tratado como cualquier otra nación entre las naciones. ¡Ni más, ni menos!.

Muchas gracias.


(Discurso de D. José María Aznar el 11 de diciembre de 2010 con motivo del Premio Or Hanuká, recibido en Madrid)

El Gobierno español ha patrocinado en la TV de la Autoridad Palestina un anuncio llamando al boicot de todos los productos israelíes

Por Itamar Marcus and Nan Jacques Zilberdik

La semana pasada la TV de la Autoridad Palestina empezó a emitir un anuncio promoviendo el boicot de todos los productos israelíes.

El anuncio está patrocinado por el gobierno español, el Ministerio de Asuntos Exteriores español y la AECID -la agencia gubernamental española de desarrollo de ayuda humanitaria-.

El anuncio de televisión se abre cuando un niño palestino entra en una tienda y escucha una conversación. Un cliente informa al comerciante que "la ciudad está empapelada con anuncios para boicotear los productos israelíes." El comerciante sostiene que él tiene para ofrecer productos israelíes porque los clientes palestinos lo exigen. El cliente está de acuerdo, añadiendo que "los productos israelíes son mejores que los productos locales".

El tendero le pregunta al niño lo que quiere. El niño mira a los productos israelíes en la tienda y dice: "Quiero chips de Israel". Él toma la bolsa de patatas chips, camina hacia la puerta, y luego escucha disparos, presumiblemente de soldados israelíes, y decide que no va a comprar productos israelíes. Él mira a cada lado, las gotas de las virutas caen en el suelo, vuelve al comerciante y le dice: "No quiero productos de Israel, quiero productos palestinos".

El anuncio termina con este texto en la pantalla:
"No prolongar la vida de la ocupación en nuestra tierra"
mientras se muestra el logotipo de la ONG palestina Comités de Trabajo y Salud, seguido por los logos de los patrocinadores del anuncio:
"El gobierno español, el Ministerio español de Asuntos Exteriores y de la AECID (Agencia gubernamental española para el desarrollo y la ayuda humanitaria), ACSUR (Organización española sin ánimo de lucro), y Canaán conjunta del Proyecto de Desarrollo de Jerusalén (Palestina)."




jueves, 13 de enero de 2011

OPERACIÓN GARIBALDI – Ricardo Klement

En mayo de 1960, el servicio secreto israelí, Mossad, llevó a cabo en Buenos Aires (Argentina) una operación secreta que consistió en la ubicación, identificación, secuestro y posterior traslado a Israel de un fugitivo jerarca nazi.

A principios de 1953, bajo un calor sofocante,  un hombre extraño, desconfiado, diríase que temeroso y huidizo deambulaba solitario y a paso muy rápido por las calles de Buenos Aires en dirección a la zona de Olivos. Cojeaba ostensiblemente de la pierna derecha.  Iba con los hombros encogidos y la cabeza hundida sobre ellos. Bajo el brazo,  y doblado, llevaba un ejemplar del diario «La Nación». Tapaba sus ojos con unas diminutas gafas de sol con montura de yacaré redonda y cubría su cabeza con un ligero sombrero de paja de ala ancha de esos que llaman Panamá. Entró en un lúgubre hotel para emigrantes y subió, de dos en dos, los peldaños de la escalera. Su habitación la 107, su nombre Ricardo Klement.
Al entrar en su habitación arrojó el sombrero sobre un pequeño y desvencijado sillón. Sudoroso y agitado, se recostó vestido sobre la cama de la habitación, se aflojó el nudo de su corbata, el calor era insoportable, y extrayendo  un pañuelo sucio y arrugado de su bolsillo se secó las gruesas gotas de sudor que recorrían su frente amplia y su dilatada calvicie.

Después de un duro día de trabajo en la Mercedes Benz

Estaba agotado. Había sido un duro día de trabajo en la fábrica de automóviles Mercedes Benz donde ejercía de operario en la sección de recambios. Le encantaban los números y las estadísticas. Sus mandos, en especial el Síndico Dr. Roig, estaban muy contentos con él pues era solícito y servicial, por lo menos eso pensaba él. Siempre le gustó agradar y obedecer a sus superiores pero en el fondo lo único que le movía era su ambición personal, su ansiedad por superar el gran complejo de inferioridad que le atormentaba. Era un hombre débil de carácter y lo sabía.
Recordaba mientras descansaba antes de la cena su salida desde Génova (Italia) hacía ya casi tres años, en julio de 1950, gracias a la ayuda que le prestó un sacerdote franciscano amigo suyo. Ambos acudieron a Roma a visitar al obispo austriaco Alois Hudal el cual los presentó al responsable del Comité Internacional de la Cruz Roja con el objeto de que Ricardo obtuviera un pasaporte de refugiado así como un visado para viajar a la República Argentina.
Con su nuevo pasaporte ya en el bolsillo, embarcó a bordo del Bolzano el día 15 de ese mismo mes rumbo a su nueva vida. Atrás quedaban los años de penuria desde que, recién acabada la II Guerra Mundial, fuese arrestado por el ejército estadounidense, como sospechoso, bajo el nombre falso de Otto.

El fugitivo huye de Italia con destino a la Argentina

Sus pensamientos le llevaron a recordar como en 1946 lograba zafarse de sus custodiadores y después de vagar por diferentes ciudades conseguía, en 1948, un salvoconducto que le permitía salir del país ocupado por los ejércitos vencedores.
Su mente bullía. Sus recuerdos eran rápidos y enrevesados. Pasaba de una época a otra con la ansiedad que da la mala conciencia.
Su pensamiento se había detenido en el recuerdo de un viejo amigo y compañero de estudios en la Realschule donde los dos estudiaban Educación Media. Su nombre: Salomón Khan.

Su contacto con los judíos

La sensación de hambre que empezaba ya a sentir le hizo recordar como su amigo y su familia le invitaba a almorzar y a cenar casi a diario ya que en su domicilio reinaba un ambiente muy hostil pues su padre, después de enviudar de su madre, se había casado con Matilda y nunca llegó a querer a su madrastra. Era el mayor de cinco hermanos y tampoco los quería pues eran hijos de aquella bruja a la que odiaba con todas sus fuerzas. Además ellos eran considerados austriacos mientras que él estaba considerado extranjero al haber nacido en Alemania.
Su mente volvió de nuevo a la comida. Sentía apetito. Recordaba, con una sonrisa en su cara, las comidas que le preparaba Frau Khan. Le venía a la mente el agradable aroma y sabor del Gefilte fish. Era la comida que más le gustaba. Sin embargo no podía olvidar ni entender como esa familia se regía por unas normas tan estrictas en el tema de la alimentación. Todo debía ser cashrut, lo correcto, lo apropiado. No podían mezclar cárnicos con lácteos, eso estaba prohibido. ¡Qué gente más extraña!, pensaba y recordaba cuando le advertían lo que era kasher y podía ser ingerido o lo que era taref y no se podía comer. Nunca los llegó a entender del todo a pesar del empeño que ellos pusieron en que aprendiera a hablar yiddish y conociera las tradiciones hebreas. ¡Sin duda eran una raza inferior!, pensó.
Al hilo de este pensamiento se incorporó ya más relajado y se dirigió hacia el baño donde se lavó las manos concienzudamente y se refrescó la cara con agua. Al levantar su cabeza se miró fijamente al espejo. Su cara se transformó, sus facciones se endurecieron y se dijo a sí mismo con voz de flauta: ¡Cumpliste con tu deber! ¡Lo merecían!

Preparando la reunión de la familia

Antes de salir a la calle para ir a cenar, recogió un sobre cerrado que contenía una carta para su mujer, Verónica y para sus tres hijos Klaus, Horst y Dieter. Ya lo había dispuesto todo para su llegada. Pronto se reuniría la feliz familia alemana y cantarían a coro el «Horst Wessel Lied», el himno de su patria a la vez que brindarían por su amado «Fhürer».


La Declaración Balfour

Sir Arthur Balfour,
Ministro de Exteriores británico
Fue una manifestación formal del gobierno británico publicada el 2 de noviembre de 1917 en la que el Reino Unido se declaraba favorable a la creación de un hogar nacional judío en el Mandato Británico de Palestina. El formato del documento es una carta firmada por el Secretario de Relaciones Exteriores británico (Foreign Office), Arthur James Balfour y dirigida al barón Lionel Walter Rothschild, un líder de la comunidad judía en Gran Bretaña, para su transmisión a la Federación Sionista de Gran Bretaña e Irlanda. La Declaración, donde el gobierno británico decidió apoyar la creación de un hogar judío en su Mandato, es considerada como el primer reconocimiento de una potencia mundial de los derechos del pueblo judío sobre la Tierra de Israel.

La "Declaración Balfour" fue incorporada en el Tratado de paz de Sèvres entre Turquía y el Mandato Británico de Palestina. El documento original se conserva en la Biblioteca Británica.

El sionismo era aún minoritario entre los judíos durante la guerra, con una implantación más fuerte en el Este de Europa y en las comunidades judías de esta procedencia en Gran Bretaña y Estados Unidos. La Organización Sionista Mundial tenía su sede en Berlín y, aunque teóricamente era neutral, en sus filas predominaba un sentimiento favorable a la victoria de Alemania (aliada del Imperio otomano), o más bien a la derrota de Rusia (aliada de Gran Bretaña y Francia), a causa de los excesos cometidos o acicateados por el zar contra los judíos rusos. Los sionistas del II Reich intentaban, además, que Alemania influyera en su aliado otomano con vistas a la creación de un hogar nacional judío en la Palestina bajo su dominio y se propusieron a sí mismos como vehículo de la extensión del área de influencia germánica a esa región.

En el otro bando, en Gran Bretaña, los sionistas (emigrados del Este en su mayor parte) presionaban también al gobierno británico para que se comprometiera a facilitar la creación del hogar nacional judío en Palestina una vez liberada de los otomanos. A lo largo del conflicto cunde entre los dirigentes aliados la idea de que los judíos —el factor judío—, dadas su supuesta cohesión como comunidad y sus alianzas a través de las fronteras, podían en alguna medida ser decisivos en el curso de la guerra. Los sionistas no dejaban de alimentar esta idea, sugiriendo además que los proyectos en relación a Palestina decantarían las simpatías de los judíos hacia unos u otros, y en especial en el caso de la muy nutrida e influyente comunidad judía estadounidense, que podría en un momento dado presionar para lograr la entrada de su país, hasta entonces neutral, en el bando aliado. Jaim Weizmann sería el principal artífice de la creación de un lobby prosionista entre los dirigentes británicos, mientras que Nahum Sokolov haría lo propio en Francia.

Francia fue la primera en reaccionar a las sugerencias sionistas. El 4 de junio de 1917 el Ministerio de Asuntos Exteriores redactó una declaración (la Declaración Cambon) que expresaba la simpatía del Gobierno francés hacia la colonización judía en Palestina y hacia un eventual «renacimiento de la nacionalidad judía» bajo la protección aliada.
La Declaración Cambon aguijoneó al gobierno británico para que hiciera una declaración en el mismo sentido, pero sobre todo un nuevo factor apareció: el general Edmund Allenby, coordinado con las tropas de la Rebelión Árabe, estaba a punto de conquistar Palestina a los otomanos. Gran Bretaña planeó desdecirse de lo acordado en el tratado Sykes-Picot acerca de la internacionalización de Palestina y conservarla bajo su dominio una vez conquistada. En este sentido, hacerse valedora de los «intereses judíos» en la región podría servir para justificar ese dominio del mismo modo que Francia utilizaba la «protección de los intereses católicos» para justificar sus pretensiones sobre Tierra Santa.

La Declaración Balfour se redactó en los últimos meses del año, para que se haga pública antes de navidad, fecha en la que estaba prevista la conquista definitiva de Palestina por las tropas británicas.

El texto final de la declaración apareció muy mermado de contenido respecto a las redacciones previas (hubo hasta siete borradores sucesivos) debido a las fuertes resistencias que encontró dentro del Gobierno. Las más importantes fueron las del ministro judío Edwin Montagu, secretario para la India, quien consideraba que un apoyo oficial a la idea de Palestina como patria de los judíos ponía en duda sus pertenencias nacionales, lo que a su juicio daba alas al antisemitismo.

Finalmente, el texto se aprobó el 31 de octubre de 1917, con el visto bueno de Estados Unidos, enviado a su destinatario el 2 de noviembre. Decía así:
Texto original


Traducción:

Foreign Office,
2 de noviembre de 1917.

Estimado Lord Rothschild:

Tengo el placer de dirigirle, en nombre del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las aspiraciones de los judíos sionistas, que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él.

«El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, quedando bien entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina ni los derechos y el estatuto político de que gocen los judíos en cualquier otro país.»

Le quedaré agradecido si pudiera poner esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista.

Sinceramente suyo,
Arthur James Balfour.

Los sionistas, y muchos medios de prensa que se hicieron eco de ella, acogieron la declaración como un reconocimiento de los derechos judíos sobre Palestina. Sin embargo, la Declaración Balfour era muy imprecisa y remitía realmente a las interpretaciones que pudieran hacerse con posterioridad. Probablemente, como en el caso de los acuerdos Sykes-Picot o las promesas hechas a los árabes, Gran Bretaña esperaba el desenlace de la guerra mundial para determinar cuáles iban a ser sus posiciones reales en la región.

En primer lugar, Palestina no tenía unos límites definidos. Para los sionistas, se extendía a ambos lados del río Jordán, es decir, comprendiendo las posteriores Transjordania y la Palestina del mandato británico; en los acuerdos Sykes-Picot, sin embargo, era aún más pequeña que esta última, pues excluía lo que hoy es el norte de Israel.

No se decía tampoco si ese «hogar nacional» iba a construirse en toda Palestina o en una parte de ella.

No se precisaba, por otro lado, el alcance de la expresión «hogar nacional». Los sionistas, por razones tácticas, habían evitado en su trato con la administración británica hablar de Estado, y por tanto nuevamente el estatus real de ese «hogar» quedaba confiado a las interpretaciones.

Tampoco precisaba en qué consistían los «derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías», esto es, de los árabes palestinos, que constituían entonces más del 90% de los habitantes de Palestina.

Francia e Italia recibieron con reticencias la Declaración Balfour, pues eran favorables a la internacionalización de Palestina. Alemania, para no perder los apoyos sionistas con que contaba desde principios de la guerra, hizo su propia declaración en favor de la «implantación judía en Palestina», a través de una «instalación sin restricciones» y de un régimen de autogobierno, para proceder al «libre desarrollo de su civilización».

Los árabes de la región, que a través de la Rebelión Árabe se hallaban en proceso de construcción de su propio Estado, rechazaron, en el congreso nacional convocado en Damasco, «las pretensiones sionistas de convertir la parte sur de Siria, es decir, Palestina, en una commonwealth nacional para los israelitas».

De idéntico modo se había expresado unos meses antes un congreso árabe celebrado en Jerusalén. En cuanto al yishuv (comunidad judía en Palestina), desde el mismo momento en que el ejército británico tomó la región, reclamó que la Declaración Balfour se haga efectiva y que la administración británica reconozca las instituciones que los judíos habían puesto en pie como poder paralelo. Sin embargo, debería pasar un tiempo antes de que los ocupantes hagan nada: en primer lugar, la Convención de La Haya obligaba a Gran Bretaña a mantener escrupulosamente el statu quo en Palestina en tanto no firme un tratado con quienes hasta entonces habían administrado el territorio, esto es, el Imperio otomano. Los británicos alegaban también el elevado riesgo de graves choques entre judíos y árabes si se daba a estos la preeminencia que reclaman, habida cuenta, entre otras cosas, que los judíos constituían a fines de la Primera Guerra Mundial apenas un 10% de la población de Palestina. Finalmente, dados los conflictos que todo esto no dejaba de generar, la administración recomendó a Gran Bretaña la cancelación de las promesas hechas en la Declaración Balfour. La construcción del hogar nacional judío no contaría con un efectivo apoyo británico hasta 1920, fecha en que, una vez establecido el mandato británico, fue nombrado alto comisario (máxima autoridad civil) sir Herbert Samuel. Gran Bretaña, no obstante, volvería a replantearse su apoyo al proyecto sionista a principios de los años treinta, a raíz de los conflictos crecientes entre los árabes y los judíos.

Fuente: wikipedia


La perfidia británica

La restauración de la Tierra desolada y desierta inició en la última mitad del s. XIX con la llegada de los primeros pioneros judíos. Su trabajo creó nuevas y mejores condiciones y oportunidades, que a su vez atrajeron inmigrantes de muchas partes del Medio Oriente, principalmente árabes pero también circasianos, curdos y otros. La Declaración de Balfour de 1917, confirmada por la Liga de Naciones, encargó al gobierno británico (que tomó el control de la Tierra Santa después de haber derrotado a los turcos otomanos) al principio que "el gobierno de Su Majestad ve con favor el establecimiento en Palestina de la Patria Nacional Judía, y usará sus mejores esfuerzos para facilitar el logro de tal objetivo". Fue especificado sea que ésta área sería abierta para "asentamiento judío" sea que los derechos de los habitantes ya residentes en el país serían preservados y protegidos. El «Mandato de Palestina» como fue denominada la tierra ocupada por los británicos originalmente incluía todo lo que es hoy Jordania, así como todo Israel, y los impropiamente llamados "territorios" entre ambos, en realidad, el río Jordán y el Mar Muerto son el único "territorio" entre Israel y el Reino Hachemita.

Sin embargo, los intereses políticos y económicos de Gran Bretaña en Arabia se transformaron rápidamente en una vergonzosa política antijudía. El gobierno británico progresivamente limitó la inmigración judía. En 1939 la admisión de judíos para entrar en la Tierra Santa fue terminada. En el momento que los judíos de Europa tenían la mayor necesidad de refugio, los británicos les negaron de llegar a la Tierra que era la única esperanza de liberación de las atrocidades de la Shoá. ¡Sí, el gobierno británico no es menos culpable que la Alemania nazi por la Shoá! Contemporáneamente, los británicos permitieron e incluso fomentaron la inmigración masiva e ilegal en las tierras al oeste del río Jordán desde los países árabes. Sucesivamente, todas las tierras del Mandato de Palestina al este del río Jordán fueron entregadas a los árabes y se creó el estado títere de "Transjordania", nombre que luego fue cambiado por "Jordania" después que los árabes ocuparon el lado occidental en 1948. No existía ningún nombre árabe tradicional o histórico para ésta tierra, entonces fue llamada en base al río que marcaba la frontera occidental (que luego fue incluido, hasta junio del 1967). Con éste acto político, que violó las condiciones de la Declaración de Balfour y el Mandato, los británicos robaron más del 75% de la Patria Nacional Judía. A ningún judío fue jamás permitido residir en la parte oriental del río Jordán. Quedaba entonces menos del 25 % del Mandato de Palestina, y aún de éste remanente, los británicos violaron los requisitos establecidos por Balfour y el Mandato para la creación de la "Patria Nacional Judía" y del "asentamiento judío". Progresivamente restringieron el área donde los judíos podían comprar tierras, vivir, edificar, cultivar o trabajar. Después de la Guerra de los Seis Días en 1967, Israel pudo finalmente establecerse en las tierras que habían sido prohibidas a los judíos por los británicos. Los gobiernos británicos sucesivos regularmente condenaron los asentamientos judíos como "ilegales". ¡De hecho, fueron los británicos que actuaron ilegalmente prohibiendo el acceso a los judíos a la Patria Nacional Judía! Para concluir vergonzosamente, cuando se llevó a cabo la votación en la ONU para la creación del Estado de Israel el 29 de noviembre de 1947, el Reino Unido SE ABSTUVO. Israel fue reconocido por la URSS, los países comunistas, los EE.UU. y Filipinas. Cuando los británicos debieron irse de la Tierra Santa, dejaron sus armas en manos de los árabes mientras que prohibieron a los judíos la posesión de armas, las cuales debían obtener clandestinamente para defenderse del inminente ataque de los árabes, con los cuales los británicos resultarían "desligados" y libres de toda responsabilidad. ¡Esa es la pérfida albión en toda su magnitud!


Continuidad de la presencia judía en la Tierra Santa

«Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya»
Lucio Anneo Séneca (2 AC-65)
Filósofo latino.

Siempre que se trata la cuestión de la población judía en Israel, se da por sabida la idea que los judíos están "regresando" a la propia Patria después de dos milenios de exilio. Es verdad que tal es el caso de la mayoría de los judíos, pero no de todos ellos. No es correcto decir que la entera nación judía estaba en el exilio. El largo exilio, conocido como Diáspora, es un hecho documentado que prueba la legitimidad del reclamo judío de la Tierra de Israel, y fue la consecuencia de las Guerras Judaicas de independencia del Imperio Romano. Si los "palestinos" supuestamente fueran los habitantes históricos de la Tierra Santa, ¿por qué no lucharon por la independencia de la ocupación romana como hicieron los judíos? ¿Cómo es posible que ni siquiera un solo líder palestino dirigiendo una revuelta contra los invasores romanos sea mencionada en ningún documento histórico? ¿Por qué no se habla de ningún grupo revolucionario palestino, como por ejemplo los Zelotes judíos? ¿Por qué todos los documentos históricos mencionan a los judíos como los habitantes nativos, y griegos, romanos y otros como extranjeros residentes en Judea, pero ningún pueblo palestino, ni como nativo ni como extranjero? Después de la última guerra judaica en el s. 2 EC., el emperador Adriano saqueó Jerusalén en el 135 EC. y le cambió el nombre por Ælia Capitolina, y el nombre de Judæa por Palæstina, para eliminar la identidad judía de la faz de la tierra. La mayoría de los judíos fueron expulsados de su propia Tierra por los romanos, hecho que determinó el inicio de la grande Diáspora. Sin embargo, pequeños grupos de judíos permanecieron en la provincia que fue denominada "Palestina", y sus descendientes habitaron en el propio país continuamente a través de generaciones hasta que los pioneros Sionistas comenzaron el retorno en masa en el s. XIX. por lo tanto, el reclamo judío de la Tierra de Israel es justificado no sólo en base a la antigua Promesa Bíblica, sino también por una presencia permanente de judíos como la única comunidad étnica autóctona existente en la Tierra Santa. A través de los siglos y bajo diferentes dominaciones, los judíos "palestinos" nunca se sometieron a la asimilación sino que conservaron su identidad espiritual y cultural, así como las relaciones con otras comunidades judías en el Medio Oriente. El continuo flujo de judíos Mizrachim (orientales) y Sefaradim (mediterráneos, españoles) hacia la Tierra Santa contribuyó a mantener la existencia de la población judía en el área. Ésta presencia judía permanente en la impropiamente llamada Palestina precede de muchos siglos a la llegada del primer conquistador árabe.

Aún cuando Jerusalén fue declarada prohibida para los judíos en diferentes periodos (desde que los romanos prohibieron a todos los judíos entrar en la Ciudad), muchos de ellos se establecieron en las inmediatas proximidades y en otros poblados y aldeas de la Tierra Santa. Una comunidad judía se estableció en el Monte Sión. El dominio romano y luego bizantino fueron opresivos; a los judíos fue prohibido hacer oraciones en el Kotel, donde estuvo el Santo Templo. Los persas sasánidas tomaron el control sobre Jerusalén en el 614 EC. aliados con los judíos locales, pero cinco años mas tarde la Ciudad cayó nuevamente bajo control bizantino, aunque efímeramente porque en el 638 EC. Jerusalén fue capturada por el califa Omar. Ésa fue la primera vez que un líder árabe puso el pie en la Ciudad Santa, habitada por pueblos no-árabes (judíos, asirios, armenios, griegos y otras comunidades cristianas). Después de siglos de opresión romano-bizantina, los judíos dieron la bienvenida a los conquistadores árabes con la esperanza que sus condiciones mejorasen. los árabes encontraron una fuerte identidad judía en Jerusalén y alrededores; los judíos vivían en todo distrito del país y en ambos lados del Jordán. ¡De hecho, los "palestinos" que habitaban históricamente en la Tierra Santa no eran otros que los mismos judíos! Ciudades como Ramallah, Jericó y Gaza eran enteramente judías en aquél tiempo. Los árabes, no teniendo ningún nombre en la propia lengua para denominar ésta región, adoptaron el nombre latino "Palæstina", que tradujeron al árabe como "Falastin".

Los primeros inmigrantes árabes que se establecieron en la impropiamente llamada Palestina - o, según la moderna concepción de la ONU, los primeros "refugiados palestinos" - eran judíos árabes, es decir nabateos que habían adoptado el judaísmo. Antes del islam, centros prósperos como Khaybar y Yathrib (re-denominada Medina) eran ciudades judío-nabateas. Cuando había carestía en el país, la gente se dirigía a Khaybar; los judíos siempre tenían frutos, y sus campos producían y eran irrigados con abundancia de agua. Cuando las hordas musulmanas conquistaron la Península Arábiga, toda esa riqueza fue reducida a ruinas; los musulmanes perpetraron masacres contra los judíos y los reemplazaron con masas de fellahin ignorantes sometidos a la nueva religión. Los sobrevivientes debieron escapar y refugiarse en la Tierra Santa, principalmente en Jericó y Dera'a, a ambos lados del Jordán.
El califa Omar entra en la ciudad de Jerusalén

Los califas árabes (omeyas, abasidas y fatimidas) controlaron la Tierra Santa hasta el 1071 EC., cuando Jerusalén fue capturada por los turcos selyúcidas, y después de ése momento, nunca mas cayó bajo dominación árabe. Durante todo ése periodo, los árabes no establecieron ninguna estructura social permanente, sino se limitaron a gobernar sobre los habitantes nativos no-árabes, cristianos y judíos. ¡Todo observador honesto notará que los árabes dominaron la Tierra Santa tres siglos menos que cuanto dominaron España!

En el 1099 EC., los cruzados europeos conquistaron la impropiamente llamada Palestina y establecieron un reino que fue políticamente independiente, pero nunca desarrollaron una identidad nacional; era sólo una guarnición militar de la Europa "cristiana". Los cruzados eran perversos y trataron por todos los medios de eliminar toda expresión de la cultura judía, pero todos sus esfuerzos terminaron sin éxito. En el 1187 EC., los judíos participaron activamente con Salah-ud-Din Al'Ayyub (Saladino) contra los cruzados en la conquista de Jerusalén. Saladino, que fue el más grande conquistador musulmán, no era un árabe sino un curdo. Los cruzados tomaron Jerusalén nuevamente desde 1229 hasta 1244 EC., cuando la Ciudad fue capturada por los jwarezmios. Siguió un periodo de caos y de invasiones mongolas hasta el 1291 EC., cuando los mamelucos completaron la conquista de casi todo el Medio Oriente y pusieron su capital en El Cairo, Egipto. los mamelucos eran originalmente mercenarios del Asia Central y del Cáucaso empleados por los califas árabes; una mezcolanza de pueblos cuyo contingente principal era compuesto por cumanos, una tribu turca conocida también como kipchak, relacionada con los selyúcidas, kimaks y otros grupos. Se caracterizaban por su comportamiento ambiguo, porque los mercenarios cumanos frecuentemente servían ejércitos enemigos contemporáneamente. Los soldados mamelucos aprovecharon del momento propicio para tomar el poder para sí mismos, y aún cuando fueron despojados de su dominio, siguieron siendo empleados como guerreros por los sultanes otomanos y últimamente por Napoleón Bonaparte.

En el 1517 EC., Jerusalén y toda la Tierra Santa fueron conquistados por los turcos otomanos y permanecieron bajo éste dominio por cuatro siglos, hasta el 1917 EC., cuando los británicos capturaron Jerusalén y establecieron el "Mandato de Palestina". Fue el fin del Imperio Otomano, que hasta entonces poseía todos los que ahora son países árabes. ¡De hecho, desde la caída del califato abasida en el 945 EC., no existió ninguna entidad política árabe en el Medio Oriente por un milenio!

A inicios del siglo XX EC., la población de Judea y Samaria –impropiamente llamada "Cisjordania"– contaba con menos de 100.000 habitantes, de los cuales la mayoría eran judíos. Gaza no tenía más de 80.000 habitantes "nativos" en el 1951, a la conclusión de la Guerra de Independencia de Israel contra todo el mundo árabe. Gaza fue ocupada por los árabes: ¿Cómo es posible que en sólo 50 años haya crecido de 80.000 a más de un millón de personas? ¿Son todos esos árabes de Gaza tan hábiles para procrearse en manera sobrenatural? La inmigración masiva es la ÚNICA explicación plausible para tal crecimiento demográfico. La ocupación árabe entre el 1948 y el 1967 constituyó una gran oportunidad para los líderes árabes para promover la inmigración masiva de "palestinos" (una mezcolanza de inmigrantes árabes) en Judea, Samaria y Gaza de todo país árabe, principalmente de Egipto, Siria, Líbano, Irak y Jordania. De hecho, desde 1950 hasta la Guerra de los Seis Días, bajo dominio Jordano, fueron fundados más de 250 asentamientos árabes en Judea y Samaria. La reciente construcción de las casas árabes resulta demasiado evidente en base a los materiales usados para construirlas: cemento armado y bloques. El gobierno israelí admite de haber permitido a mas de 240.000 trabajadores entrar en Judea y Samaria a través de la frontera con Jordania desde la Conferencia de Oslo ‒ sólo para permitirles de establecerse en esos territorios como colonos árabes. El número real es probablemente mayor. Si cientos de miles de trabajadores inmigrantes del Medio Oriente están llegando a Judea, Samaria y Gaza, ¿por qué se requiere a Israel de darles trabajo? En realidad es el contrario, está ayudando económicamente ésta gente que se rehúsa de aceptar la ciudadanía israelí o jordana; Israel está sólo atrayendo más inmigrantes. Arabia Saudita en un solo año expulsó más de 1.000.000 de inmigrantes sin ciudadanía. Basta que alguno piense que todos ellos son "palestinos", considerando la definición de "palestino" según las Naciones Unidas: todos los árabes que han pasado DOS AÑOS en "Palestina" antes del 1948, y sus descendientes con o sin alguna prueba o documento. Ésta definición fue específicamente designada para incluir colonos inmigrantes árabes (¡no colonos judíos!).