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miércoles, 16 de febrero de 2011

ISRAEL, su antigua historia.


La historia del Antiguo Israel abarca desde el siglo XX a. EC hasta la expulsión y Diáspora en el segundo siglo de nuestra Era Común, en un área comprendida entre el Mediterráneo, el desierto del Sinaí, las montañas del Líbano y el desierto. Se concentra especialmente en el estudio del pueblo judío en este período, y de forma secundaria de los otros pueblos que con él convivieron como filisteos, fenicios, moabitas, idumeos, hititas, madianitas, amorreos y amonitas. Las fuentes sobre este período son principalmente las escritas clásicas como la Biblia hebrea o Tanaj (conocida por los cristianos como Antiguo Testamento), el Talmud, el libro etíope Kebra Nagast y escritos de Nicolás de Damasco, Artapano de Alejandría, Filón y Josefo. Asimismo, otra fuente principal de información son los descubrimientos arqueológicos en Egipto, Moab, Asiria o Babilonia, así como los vestigios e inscripciones en el propio territorio de estudio.
La historia de la región ocupada más adelante por los reinos de Israel y Judá ofrece problemas particulares para el historiador moderno. Debido a la asociación de esta área con lo relatado en la Biblia, hay una tendencia a ver la historia del Levante desde una perspectiva casi puramente bíblica, prestando escasa atención al período posbíblico. Los estudios arqueológicos han tendido a verse a través del relato bíblico, haciendo difícil de entender la historia de esta importante zona dentro del contexto arqueológico de la totalidad del Oriente Medio.

Algunos escritores consideran que las diversas fuentes están en conflicto, lo que convierte el estudio en un tema polémico, con implicaciones en los campos de la religión, la política y la diplomacia.

Por ello es difícil dar una visión que sea apoyada por la totalidad de los historiadores. Las fechas exactas y las precisiones que pudieran dar están en continuo debate, no hay acontecimientos bíblicos cuyo año exacto se pueda validar por fuentes externas antes del siglo IX a. EC., (coronación de Omri, rey de Israel): todas las fechas anteriores son extrapolaciones. Además, la Biblia no se presta muy fácilmente a estos cálculos, no indica más referencias que la vida de los distintos personajes, y la línea histórica debe ser reconstruida agregando datos, un proceso que introduce errores por redondeo. Las fechas más antiguas utilizan la Biblia como única fuente, una visión llamada maximalista.

Los minimalistas discuten que algunos acontecimientos sucedieran, y afirman que las fechas son dudosas: si la misma existencia del Reino unido está en duda, es insustancial afirmar que se desintegró en 922 a. EC. Philip Davies por ejemplo, explica cómo el Canon bíblico puede haberse realizado solamente para unas gentes con una larga tradición en lectura y escritura, que se encuentran solamente en la última época persa o primera helenística, y afirma que los relatos de períodos anteriores son en gran parte reconstrucciones basadas en tradiciones orales. Los minimalistas no discuten que algunos de los acontecimientos posteriores al siglo IX a. EC. tengan corroboración, como la estela de Mesha; la discrepancia surge en el período anterior, donde el relato bíblico parece estar en desacuerdo con lo descubierto por la arqueología moderna.

Otro problema es el causado por diferencias sobre terminología de los periodos históricos. Por ejemplo, el período en el final de la edad antigua del bronce el principio de la media, es llamado EB-MB por Kathleen Kenyon, MB I por Guillermo Foxwell Albright, cananita medio I por Yohanan Aharoni, y bronce temprano IV por Guillermo Dever y Eliezer Oren.

Las civilizaciones del antiguo territorio de Israel.

El Génesis remonta el principio de Israel a tres patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob, el último también conocido como Israel y del cual derivó posteriormente el nombre de la tierra. Jacob, llamado un "arameo vagabundo" (Deuteronomio 26:5), regresó a Harran, el hogar de sus antepasados, para obtener esposa. Durante su regreso desde Harán a Canaán cruzó el Jaboc, un afluente oriental del río Jordán (Génesis 32:22-33). Enviando a su familia y criados lejos, esa noche luchó, en un lugar que se llamó en adelante Peniel, con un ángel que por la mañana le pidió su nombre, desde entonces lo retitularon "Israel”. Fue padre de 12 hijos, de sus esposas Lía y Raquel (hijas de Labán), y de sus sirvientas Bilha y Zilpa. Los doce fueron llamados los Hijos de Israel. Esta historia sobre los orígenes de Israel lo localiza en la zona oriental de Jordania. Los siguientes relatos se trasladaron al oeste con la historia del saqueo de Siquem (Génesis 34:1-33), después de lo cual el área de la colina de Canaán se considera como la base desde la que creció Israel.

Guillermo F. Albright, Nelson Glueck y E. A. Speiser han situado este relato en el bronce medio basándose en tres puntos: nombres personales, modo de la vida, y costumbres. Otros eruditos, sin embargo, han sugerido fechas más tardías para la edad patriarcal pues estas características fueron duraderas en la vida del Cercano Oriente. Cyrus Gordon, basando su discusión en la llegada de pastores nómadas monoteistas durante el final de la época de Amarna, sugirió que es más correcto situarlo en la última edad de bronce. Juan Van Seters, basándose en el uso generalizado de camellos, en los reyes filisteos de Gerar, en la existencia de una economía monetaria y en la compra de tierra, asegura que la historia pertenece a la edad de hierro. Otros eruditos (particularmente, Martin Noth) encuentran difícil el determinar cualquier período para los patriarcas, y sugieren que la importancia de los textos bíblicos no es necesariamente su historicidad, sino el indicar cómo funcionaba la sociedad israelita durante la edad de los metales.

Más recientemente, análisis por activación de neutrones realizados por Jan Gunneweg de la Universidad Hebrea de Jerusalén, estudiando asentamientos asociados con el principio de la edad de hierro, demuestran evidencia de un movimiento de colonos en el área desde el noreste, lo que está acorde con esta historia.

Excavaciones arqueológicas, la Prehistoria.

Excavaciones al sur del lago de Tiberiades y en otras partes del valle del Jordán han permitido sacar a la luz rastros de homínidos que se remontaban al paleolítico inferior, o sea datadas hace más de un millón de años. Otros fósiles descubiertos tienen una edad aproximada de 300.000 años, y el uso de cuevas por el hombre parece comenzar en el Achelense superior superior. El fósil del hombre de Galilea tiene una antigüedad de cerca de 140.000 años.

  • Entre el undécimo milenio a. EC. y el noveno se desarrolla en Canaán la civilización Natufiense, seguramente nómada, de la que se encuentran algunos vestigios. Esta civilización estaría compuesta por dos grupos de poblaciones ligeramente diferentes, por una parte los antepasados de pueblos del tipo eurafricano (los que serían Canaán, Mesopotamia, Irán y Anatolia en tiempos históricos) y los ancestros de pueblos proto-mediterráneos, también numerosos en Canaán.
  • A partir del IX milenio a. EC. las tribus neolíticas domesticaron plantas, animales, se sedentarizaron y practicaron la agricultura y la ganadería. Entre los años 10.000 y 8.000 a. EC., las herramientas de hueso adquieren importancia y los útiles de piedra un desarrollo característico. Durante este período las condiciones climáticas son favorables a los asentamientos humanos, con más precipitaciones y temperaturas suaves.
  • A partir del séptimo milenio a. EC. la ciudad de Er Riha (Jericó) se alza como una de las más antiguas del mundo, es la época en que se constituyen las primeras ciudades. Durante el último cuarto de este milenio aparece la cerámica, así como otras formas de artesanía.
  • Canaán del VI y de la primera mitad del V milenio a. EC. se conoce mal, se suponen desplazamientos de población que pueden ser debidos a variaciones climáticas. Tanto las montañas como la región costera están ocupadas por una civilización de carácter forestal, como da prueba el predominio de instrumentos destinados al trabajo de la madera.
    • A mediados del quinto milenio a. EC. los antiguos asentamientos del valle del Jordán, como Jericó, fueron ocupados de nuevo debido a la mejora de las condiciones climáticas.
    • Al final del V milenio Canaán alcanzó un nivel de desarrollo económico y cultural que le acercaba al de las civilizaciones del norte de Siria que se habían beneficiado antes de influencias mesopotámicas.
  • IV milenio a. EC.: La civilización cananea se organizó con un sistema de ciudades-Estado, fruto de la fusión entre agricultores sedentarios y pastores seminómadas.
    • En la primera parte del milenio llegaron desde el norte las técnicas metalúrgicas y el trabajo del marfil. Aparecieron estructuras técnicas y económicas adaptadas a las regiones secas: allí se instalaron pequeñas colectividades que vivían del cultivo de cereales y de la cría de ganado mayor y menor.
    • En la segunda mitad del IV milenio comienza la influencia egipcia sobre la región.
    • Hacia el final, la civilización de los agricultores y ganaderos desaparece sin que sea posible establecer vínculos con la formación de la civilización cananea del III milenio a. EC. Hasta 2400 a. EC. el clima fue un poco más húmedo que hoy día.
El comienzo de intercambios entre Canaán y Egipto gracias al Camino de los Reyes que cruzaba el desierto de Sinaí, hacia el final del IV milenio a. EC., es un acontecimiento de primera importancia ya que hasta entonces Canaán había sido un "callejón sin salida" sujeto solamente a influencias asiáticas. Estas relaciones tomaron una amplitud considerable, gracias a la utilización de bueyes como animales de tiro, capaces de cruzar los aproximadamente 200 kilómetros de casi desierto que separan el sur Cananeo del delta del Nilo. Por lo tanto, el Levante comienza a desempeñar el papel de zona de paso, donde se cruzaban las influencias, y a menudo las armas, de los grandes imperios de Egipto y el Oriente Próximo asiático.
  • El III milenio a. EC. es el de la civilización cananea que se extiende hasta tiempos históricos. Aunque la escritura no aparezca en la región antes de la segunda mitad del segundo milenio, habida cuenta del estado de superproducción, centralización y redistribución de los excedentes alimentarios, los historiadores consideran que este nuevo orden económico, social y político señala la entrada en la historia en el transcurso del III milenio. Debido a los intercambios con Egipto, la región se desarrolla y se enriquece, especializándose en el comercio de cerámica, mientras numerosas ciudades se desarrollan y consolidan.

Los historiadores consideran generalmente que el período cananeo se extiende desde el principio del III milenio a. EC. hasta el final del siglo XVI a. EC.

Al final del III las poblaciones seminómadas cruzaron el Jordán y penetraron en Canaán, causando el hundimiento de las estructuras socioeconómicas existentes: se destruyeron y abandonaron las ciudades, y la economía volvió a la ganadería. A partir del siglo XIX a. EC. comenzó un aumento de los asentamientos permanentes y una disminución del número de tribus, pero permaneciendo aún muy cerca de la organización tribal. Este período durante el cual los desplazamientos entre Asia, desde Mesopotamia, y Egipto eran intensos, corresponde a un momento de agitación interno que sirvió de preludio a la invasión de Egipto por los hicsos (Príncipes de los países extranjeros). Durante este mismo período, las ciudades Cananeas comenzaron a rodearse con murallas. La existencia de la ciudad cananea de Ourousalim (Jerusalén) se certifica en escritos que datan del siglo XXI a. EC.

Los ataques e infiltraciones repetidos abrieron a los hicsos el camino hacia la parte oriental del delta del Nilo, donde se instalaron e hicieron de Avaris su capital en el siglo XVI a. EC. En esta época, Canaán, parte de un imperio colocado bajo la autoridad de Avaris, alcanzó un nivel de civilización notable: potentes fortificaciones rodeaban las residencias de los reyezuelos cananeos, en guerra permanente unos contra otros y que recurrían a los carros de guerra arrastrados por caballos. Las desigualdades sociales se muestran claramente: Se construían espaciosas residencias que contrastaban con los cuchitriles que sus contemporáneos ocupaban. Las tumbas, cavadas en la roca, eran sepulturas generalmente familiares; armas y joyas de buena calidad acompañaban los restos de los difuntos afortunados. En el ámbito de la cerámica, las formas imitan al metal. Se ve extenderse por la región una alfarería hicsa: negra, pulida e incrustada de pasta de caliza blanca, así como trabajos sobre marfil de gran calidad; también son reputados los cananeos del norte (proto-fenicios) por el tinte en púrpura.

  • Hacia 1850 a. EC. la ciudad de Ascalón se convirtió en capital de un reino y en puerto muy activo sobre el Mar Mediterráneo, desde donde se exportaban los productos del interior. Rodeada de una muralla de 2 km de circunferencia, la ciudad debía contar con cerca de 15.000 habitantes.
  • En esta época comienza la migración de las tribus de Israel hacia Canaán, posiblemente desde el sur de la región caucásica. No existe documentación histórica verificable. Según el Antiguo Testamento, es el periodo correspondiente a Abraham, Isaac y Jacob, que abarcaría hasta 1650 a. EC. aproximadamente.
  • Completando la liberación nacional emprendida por los faraones de la décimo séptima dinastía, Amosis se apoderó de Avaris y expulsó a los hicsos hasta Asia. Así pues, hacia mediados del siglo XVI a. EC. Egipto conquistó Canaán donde el protectorado egipcio se mantuvo durante tres siglos y medio, durante los cuales la situación internacional sufre numerosas modificaciones: los conflictos con los hititas y las frecuentes rebeliones de los beduinos acampados en el Negev y Sinaí implicaron destrucciones, saqueos, y deportaciones.

De la dominación egipcia hasta el éxodo.

En el Génesis se relata cómo algunos de los descendientes de Israel se convirtieron en esclavos egipcios. Se han dado varias explicaciones para explicar las circunstancias bajo las cuales esto ocurrió, algunos historiadores creen que pudo haberse debido al cambio de las condiciones políticas en Egipto: en 1650 a. EC. el norte de Egipto fue conquistado por tribus de un pueblo llamado Hicso por los egipcios, al parecer una mezcla de semitas y de hurritas. Los hicsos fueron expulsados por Amosis I (1550 - 1525 a. EC.), el primer faraón de la décimo octava dinastía con la que comienza el Imperio Nuevo. Amosis destruyó la capital de los hicsos en Avaris y sus sucesores conquistaron la ciudad de Saruhen (cerca de Gaza),[9] y destruyeron confederaciones canaanitas en Megido, Hazor y Qadesh. Tutmosis III (1504 a. EC. al 1450 a. EC.) estableció el imperio de Egipto sobre el occidente del Cercano Oriente, derrotando a la confederación cananea en Megido y tomando la ciudad de Joppa, trasladando la frontera desde el Sinaí a la curva de Éufrates, logrando la máxima extensión territorial en la zona. (No son pocos los eruditos que lo mencionan como el emperador del Exodo)

El dominio egipcio se mantuvo en la región de Canaán (zona en la cuál debían emerger Israel y Judá) hasta el reinado de Ramsés VI, quien reinó circa 1150 a. EC.
Cronología aproximada:

  • 1440 a. EC.: reinado de Amenhotep II (circa 1450-1424 a. EC.), durante el cual se encuentra en los textos egipcios la primera mención del pueblo Habiru (posiblemente hebreos). La evidencia recientemente descubierta parece indicar que muchos habirus hablaban hurrita; posiblemente era una casta social más que un grupo étnico, e incluso pueden haber estado incorporados en los grupos tribales de los primeros israelitas.
  • Circa 1400 a. EC.: primera mención a los shasu en expedientes egipcios encontrados en el sur del Mar Muerto. Shasu es un nombre que contiene un grupo yavista, aunque la inscripción egipcia de Amenhotep III, en el templo de Soleb, "Yhw en la tierra del Shasu", no utiliza el determinativo para un dios ni para la gente, sino para el nombre de un lugar.
  • 1350-1330 a. EC.: la correspondencia de Amarna da cuenta detallada de las cartas intercambiadas durante el período de dominación egipcia en Canaán durante el reinado de Akenatón. Los alcaldes locales, tales como Abdi Khepa de Jerusalén y Labaya de Siquem, eran delegados del faraón, y actuaban en su favor. Akenaton les informa de haber enviado a la región a un regimiento de Medjay (Nubia) para mantener orden. En este período comienza la expansión hitita en el norte de Siria, y se conoce la propagación de una epidemia en la región.
  • 1300 a. EC.: algunos comentaristas de la Biblia calculan el nacimiento de Moisés alrededor de esta fecha. Pero otros lo colocan antes del 1500 a. EC.
  • 1292 a. EC.: comienza la Dinastía XIX con el reinado de Ramsés I. Ramsés II (1279-1213) firmó un tratado con los hititas después de cederles el norte del Levante. Condujo una campaña a través del territorio que más tarde sería Israel, después de la rebelión de los shasu que siguió a la batalla de Qadesh, estableciendo una guarnición egipcia en Moab.
  • Circa 1200 a. EC.: el imperio hitita de Anatolia fue conquistado por tribus llegadas del oeste. Los cananeos de la costa norte, (llamados posteriormente "fenicios" por los griegos) pudieron haber sido desplazados temporalmente, pero regresaron tras la marcha de los invasores que no se asentaron en el lugar.[]
  • 1187 a. EC.: Invasión de Egipto por los Pueblos del Mar. Entre ellos estaba un grupo llamado P-r-s-t (primero registrado por los egipcios como P-r/l-s-t) identificado generalmente con los filisteos. Aparecen en una inscripción del templo construido por Ramsés III en Medinet Habu, donde describe su victoria contra los pueblos del mar. Los estudiosos de la biblia del siglo XIX identificaron la tierra de los filisteos (Filistea o Plesheth, con el significado hebreo de "invasores") con Palastu y Pilista de las inscripciones asirias, según el diccionario de la Biblia de Easton (1897). Otros grupos además de los filisteos eran los tjekker, dananeos y shardana. El contraataque de Ramsés III destruyó la mayoría de los sitios cananeos. El mismo faraón permitió más adelante a los filisteos y tjekker, y posiblemente también a los dananeos, reconstruir las ciudades del camino costero, llamadas en el Éxodo el Camino de los Filisteos, nombre que se utiliza para denotar la región costera habitada por este pueblo. Las cinco ciudades filisteas principales eran Gaza, Ashdod, Ekron, Gath, y Ascalón. La arqueología moderna sugiere intercambios culturales con Micenas. Aunque los filisteos adoptaron la cultura y la lengua local cananea antes de dejar cualquier texto escrito, se achaca un origen indoeuropeo para las pocas palabras filisteas conocidas.
  • 1150 a. EC.: problemas internos de Egipto conducen a la retirada de las guarniciones egipcias asentadas en Bet She'an, en el valle del Jordán, Megido y Gaza, durante el reinado de Ramsés VI.
El Éxodo de Egipto de los israelitas y su cronología están en permanente debate. Kenneth A. Kitchen cree que ocurrió en el reinado de Ramsés II debido a las ciudades egipcias nombradas en el libro del Éxodo: Pithom (Pi-Atum) y Rameses. La evidencia de una presencia israelita en Canaán no se encuentra hasta seis años después de la muerte de Ramsés II, en la Estela de Merenptah, en una inscripción realizada por ese faraón sobre su campaña militar en tierras de Canaán hacia 1210 a. EC.

El período entre el final de la décimo octava y principios de la vigésima dinastía fue particularmente confuso. La Biblia especifica que los israelitas salieron de Egipto 480 años antes de que el rey Salomón construyera el Templo (1ª Re 6:1). Esta construcción data aproximadamente del año 970 a. EC. por lo que la fecha aproximada para el Éxodo resulta ser 1450 a. EC. y ello refuerza las hipótesis de que Tutmosis III fue el "faraón del éxodo".

Documentos egipcios registran la ocupación de altos cargos de la corte por asiáticos y la destrucción por éstos de varios templos. El sirio Bay (Ay) usurpó temporalmente el poder real desde el puesto de Visir, y la reina Tausert, madre del faraón Siptah, sustituyó a éste a su muerte como reina-faraón hasta que Setnajt se hizo con el trono y acabó con el caos. Estos acontecimientos pueden falsear las fechas que relató Osarsep, un sacerdote de Osiris en Heliópolis fuente de la Aegyptiaka de Manetón divulgada más tarde por Flavio Josefo.

Desacuerdos con la cronología bíblica.

El total de los reinados de los reyes de Judá entre el cuarto año del reinado de Salomón, cuando se supone que construyó el Templo, y la destrucción de Jerusalén en 586 a. EC., da 430 años.

Dado que Salomón reinó aproximadamente desde el año 970 a.EC, la edificación del Templo queda fijada alrededor de esa fecha. Esto sugeriría que la edificación del Templo ocurrió cerca del año 967 o 966 a. EC.

Según la Biblia (Reyes 6:1), entre esa construcción y el éxodo habían trancurrido un total de 480 años, lo que da la fecha de 1447 a. EC. aproximadamente para el éxodo, acercándolo sugestivamente al final del reinado de Tutmosis III.[15] Según Éxodo 12:40, el destierro en Egipto había durado 430 años, con el resultado que la llegada de los israelistas al Nilo debería haber ocurrido en el reinado de Sesostris I, que comenzó hacia 1920 a. EC. Agregando las largas vidas de Abraham, Isaac y Jacob, habría que fechar la llegada de Abraham a Canaán en el 2141 a. EC., y la llegada a Egipto en 2116 a. EC., durante la décima dinastía cuya capital estaba en Heracleópolis Magna. La "servidumbre" en Egipto habría ocupado el período entre las dinastías XII a la XVIII.

Como en Números 32:13 se asignan 40 años a vagar por el Sinaí, las conquistas de Josué deben haber ocurrido durante el reinado de Amenofis II, cuando todo Canaán estaba en poder de Egipto pero los egipcios “habían conocido el poder del Dios hebreo Yahvé” [“Luego que me cubra de gloria a expensas del faraón y sus guerreros, los egipcios sabrán que soy el Señor” (Éx 14:18)] (por lo que desde el desastre del ejército egipcio ya no los habrían vuelto a perseguir, porque las proezas del Dios de Israel se difundieron profusamente, incluso entre los filisteos (1ª Sam 4:8; 6:6)).

Luego de la caída de Jericó (que ocurrió, tal como lo revelaron los trabajos del arqueólogo británico John Garstang, circa del 1410 a. EC), el período de los Jueces se extendería hasta circa del 1010 a. EC., siendo luego reemplazados por el período monárquico del rey Saúl. Desafortunadamente las fuentes egipcias no dicen nada sobre Israel, Josué o sus sucesores, y la Biblia no dice nada sobre los Amenofis, Tutmosis o Ramsés de este periodo.

miércoles, 5 de enero de 2011

JUDÍOS EN SEFARAD

«Mosaico secular de culturas, la Península Ibérica atesora entre su valioso legado colectivo la huella que dejó la vida cotidiana de los viejos judíos españoles, expulsados en 1492 por los Reyes Católicos. Costumbres, leyendas y laberínticos trazados urbanos conforman esa singular herencia, cuyos vestigios se pueden aún rastrear entre umbrías callejas y sinagogas hoy reconvertidas en iglesias o museos. No sólamente eran unas comunidades minúsculas, sino auténticos gobiernos autónomos: las aljamas. En ellas contaban con sus rabinos, cementerios, baños rituales, carnicerías, hornos comunitarios, tribunales y hasta con hospitales para peregrinos y pobres»

JUDIOS EN ESPAÑA
La huella nostálgica de Sefarad
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JOSE PAZ SAZ

A veces sorprende escuchar en un documental televisivo el habla, entre arcaica y barroca, de algún sefardí descendiente de aquellos judíos expulsados en 1492 de España. Los sefardíes aprendieron la lengua de sus mayores con una obstinación que puede parecernos casi mesiánica, como si quisieran confirmar esa sospecha platónica que dice que aprender es recordar. Del encuentro entusiasta entre un paisaje y una mirada, después convertida en memoria y palabras, han surgido quizá las más grandes elegías de la literatura.
Es posible que la tradición oral sefardita, transmitida de padres a hijos, buscara atrapar desesperadamente en el tiempo esas ciudades españolas que tuvieron que dejar y hacerlas imaginarias, volverlas inmortales y dar noticia de su desaparición. Hasta conseguir que sus descendientes hablen todavía hoy de aquel país con el convencimiento de que su nombre es casi lo único que permanece indemne: Sefarad. Rastros de la España judía quedan diseminados por doquier.

TOLEDO, LA GRAN JUDERIA DE OCCIDENTE
Fue el centro espiritual y administrativo del judaísmo occidental. Sus filósofos, científicos, traductores, recaudadores, poetas y comerciantes alcanzaron renombre universal y se convirtieron en representantes de los judíos españoles frente a la monarquía visigoda. A fines del siglo XIV había en Toledo al menos 10 sinagogas y cinco casas de oración y estudio, muestra de la influencia y poder que alcanzó la comunidad hebrea.
Santa María la Blanca, la sinagoga mayor, fue declarada monumento nacional a mediados del siglo XIX y es un edificio de estilo mudéjar con claras influencias almohades. Su bosque de columnas nos recordará a Córdoba y la mezquita-catedral. En los números 13 y 15 de la calle del Angel, viejo corazón de la judería, encontraremos los restos de unos baños rituales. Lo mismo que en la Sinagoga del Tránsito o de Samuel ha-Leví Abulafia, tesorero real de Pedro I de Castilla, que la mandó edificar en 1356, cuando ya regía la prohibición de construir nuevos templos. Conserva unas valiosas inscripciones hebraicas en las yeserías de sus muros y una rica techumbre en madera de cedro decorada con estrellas de ocho puntas. Desde 1964 acoge el Museo Sefardí: calle Samuel Leví, s/n. (925 22 36 65). Horario: laborables, de 10 a 13:45 y de 16 a 17:45 horas; festivos, de 10 a 13:45 horas. Lunes, cerrado. Precio: 400 pesetas. Sábados tarde y domingos entrada gratuita. Sinagoga de Santa María la Blanca: calle Reyes Católicos, 4. (925 22 72 57). Horario: de 10 a 14 y de 16 a 18 horas. Precio: 200 pesetas. Oficina de Turismo: 925 22 08 43.

CORDOBA, JUDIOS EN AL-ANDALUS
La aljama cordobesa guarda en sus calles sinuosas y estrechas el sabor de casco histórico propio del urbanismo medieval. Encajonada entre las puertas de Almodóvar, Campo Santo de los Mártires y la mezquita-catedral, la judería presenta el típico trazado islámico con dos calles transversales centrales y un laberinto de pequeñas calzadas que acaban, a veces, en callejones sin salida. El judaísmo en Al-Andalus conoció momentos de esplendor entre los siglos X y XII, y mantuvo una significativa influencia tras la conquista cristiana de Córdoba por Fernando III en 1236.
Acotada por una tapia de pobre aspecto, siguiendo la tradición oriental de todo hacia el interior, la sinagoga cordobesa es una pequeña joya mudéjar construida en 1315 por Isaq Moheb. Conserva la sala de oración, un tabernáculo para guardar los rollos de la Torá y la galería de mujeres, sobre la entrada. Sinagoga: calle Judíos, 20. (957 20 29 28). Horario: de martes a sábado, de 10 a 14 y de 15:30 a 17:30 horas. Domingos y festivos, de 10 a 13:30 horas. Entrada gratuita.
Torre de la Calahorra. Museo Vivo de Al-Andalus (Fundación Roger Garaudy): calle Puente Romano, s/n. (957 29 39 29). Horario: todos los días, de 10 a 18 horas. Precio: 500 pesetas; jubilados y estudiantes: 400 pesetas. Oficina de Turismo: 957 20 05 22.

GIRONA, MAESTROS DE LA CABALA
El call gerundense, con su empinado entramado de calles que desembocan junto a la catedral, sugiere un evocador paseo por el espacio de la antigua aljama. Los datos históricos desvelan una presencia judía de más de 500 años: notables familias dedicadas al comercio, la gestión económica y la cultura.
Así, su escuela cabalística, desarrollada por Nahmánides ­también conocido como Bonastruc ça Porta, Gran Rabí de Cataluña­, alcanzó gran renombre y proyección. Nahmánides escribió tratados didácticos que difundieron los conocimientos científicos de su tiempo y fue el primer poeta cabalístico español. La Escuela de la Cábala dejaría después de él un reguero de nombres ilustres, como David Kimhí, Abben Tibon, Jonás Ben Abraham e Isaac Haleví. La progresiva recuperación del conjunto histórico judío de la ciudad ha sido realizada por el Patronato Municipal Call de Girona, de la mano del Centro Bonastruc ça Porta. Su sede se encuentra en una casa situada en la calle de la Força, columna vertebral del call, en el lugar donde se levantó la última sinagoga.
Se accede a ella por un inverosímil callejón y cuenta con un recoleto jardín, una serie de salas de exposiciones y la biblioteca del Instituto de Estudios Nahmánides. En el futuro sus instalaciones acogerán el Museo de Historia de los Judíos en Cataluña. Centro Bonastruc ça Porta: calle Sant Llorenç, s/n. (972 21 67 61). Horario: laborables de 10 a 18 horas, domingos y festivos, de 10 a 15 horas. callgirona grn.es. Precio: 200 pesetas. Del 25 de octubre al 3 de noviembre se organizará la exposición de litografías Sinagogas en gloria y ruina. Oficina de Turismo: 972 22 65 75.

BESALU, BAÑOS DE PURIFICACION
Declarado monumento histórico-artístico, el conjunto medieval de esta población de la comarca de La Garrotxa (Girona) guarda una sorpresa en su subsuelo: los restos íntegros de un miqvé o baño de purificación judío. Fue descubierto casualmente en 1964 y en Europa sólo se conservan otros dos baños rituales similares.
Se trata de una sala subterránea situada en el lugar donde probablemente se hallaba la sinagoga del call de Besalú: los judíos lo utilizaban para la purificación física y espiritual previa a alguno de los momentos importantes de su vida. Oficina de Turismo: 972 59 12 40. Horario: todos los días de 10 a 14 y de 16 a 17 horas. Hay que pedir la llave de acceso al miqvé.

SEGOVIA, LOS SIETE ARCOS
En el siglo XIII, la comunidad judía suponía una parte importante de la población segoviana. Durante el siglo XIV los judíos estaban diseminados por toda la ciudad y sus arrabales, en casas arrendadas al cabildo catedralicio, si bien ya se detectaba un mayor número de ellos en torno a la Almuzara y a San Miguel. El barrio judío se localiza entre la antigua Sinagoga Mayor, reconvertida desde 1428 en iglesia del Corpus Christi, y la Canongía, y estaba delimitado por siete arcos de ladrillo. Tres de ellos se situaban en las manzanas destruidas en 1525 para construir la catedral.
La calle Mayor, hoy de la Judería Vieja, es el eje que guía cualquier recorrido por la misma y acaba en la Plaza del Rastrillo, donde se junta con la calle de la Judería Nueva. Oficina de Turismo: 921 46 03 34.

CACERES, UN RINCON INTRAMUROS
La judería vieja de Cáceres está en el barrio de San Antonio de la Quebrada. Su extensión no es muy grande, contrastando sus casas bajas y encaladas con el monumental entorno que gira alrededor de la Plaza de las Veletas y la de San Jorge. En el siglo XV, pocos años antes de la expulsión, se estima que la comunidad judía suponía una décima parte de la población. Hoy apenas quedan restos: la sinagoga fue derribada en 1470 para construir la ermita de San Antonio de Padua. La Judería Nueva creció en 1478 alrededor de la actual Plaza Mayor. Turismo: 927 24 63 47.
Entre las principales aljamas de la provincia de Cáceres se encuentra Trujillo. Su judería está situada en el Corral del Rey, en una esquina de la famosa y monumental Plaza Mayor.