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jueves, 14 de abril de 2011

Masada, la fortaleza. Último bastión judío

Durante la primera guerra judeo-romana, los zelotes llevaron el peso de la resistencia contra el invasor romano y prefirieron la muerte a ser esclavizados

En el año 66 e.c. una revuelta comandada por Simón bar Giora, Eleazar ben Yair y Menahem se enfrenta a las legiones romanas del general Vespasiano, legado romano de Siria, dando lugar a lo que se conoce como Primera guerra judeo-romana según el historiador Yosef ben Mathitiahu, más conocido como Flavio Josefo.

Masada en el tiempo de los asmóneos

Varios son los historiadores de la época que mencionan la existencia de la fortaleza de Masada, entre ellos Estrabón y Plinio el Viejo pero es Flavio Josefo quien en su libro Las Guerras de los Judíos hace mayor referencia a ella. Según este historiador de la antigüedad, Masada es mandada construir por el rey Alejandro Janneo (103 a t8 a.e.c.) que se hacía llamar Jonathan, el sumo sacerdote, y no debe confundirse con el hermano de Judas Macabeo del mismo nombre. El hallazgo de varias piezas arqueológicas de la época de este rey asmóneo tales como monedas y otros objetos corroboran lo indicado por Josefo.

Masada en la época herodiana

Herodes utilizó la fortaleza de Masada para esconderse allí junto a Cypros, su madre; Mariamne, su esposa; y Salomé, su hermana junto con una guarnición de unos ochocientos hombres capitaneados por su hermano José Fassael haciendo frente a la invasión de los partos del año 40 a.e.c.

Las tropas partas asediaron la fortaleza y a punto estuvieron, sus defensores, de perecer de sed dada la sequía reinante en el lugar, el desierto de Judea, sin embargo, una fina lluvia caída la noche anterior a su pretendida y arriesgada huída hacia tierras nabateas les salvó de una muerte segura.

Pompeyo conquista Judea

El invicto general romano Pompeyo logró derrotar a los partos y conquistó Judea ese mismo año proponiendo ante el Senado romano que Herodes fuese nombrado rey vasallo de Roma cuestión que fue aprobada por la alta cámara senatorial. Así, Herodes, tornó triunfante a Judea y tras superar un breve enfrentamiento con los judíos que no le querían ocupó el trono.

Viendo la importancia que Masada tenía como lugar estratégico y de defensa ante una posible invasión de los ejércitos egipcios de Cleopatra decidió fortificarla más de lo que ya estaba y construir en ella nuevas cisternas, almacenes y su Palacio colgado en la parte meridional del cerro. La reconstrucción, modernización y fortificación se llevó a cabo entre los años 37 y 31 a.e.c. Utilizo también la fortaleza para albergar a dignatarios de otros países pudiendo disfrutar de las magníficas vistas del desierto de Judea, del Mar Muerto y del oasis de Ein Guedi.

Primera guerra Judeo-romana

Los zelotes, grupo ultra nacionalista y ultra religioso, fueron los principales impulsores de lo que empezó como una revuelta y acabó en una guerra sin cuartel contra el Imperio romano. Otro grupo que secundó la iniciativa de los zelotes fueron los sicarios, grupo escindido de los propios zelotes, que usaban el crimen y el terror para conseguir sus planes de expulsión de las fuerzas invasoras, siempre según Flavio Josefo el cual tomó parte activa en la revuelta como Jefe de los sublevados en la fortaleza galilea de Jotapata hasta caer prisionero del general Vespasiano.

La rebelión dio comienzo cuando un grupo de sicarios comandados por Menahem asaltó y aniquiló a una cohorte romana de la Legio III, Gallica, acuartelada originalmente en Samosata, a orillas del Éufrates, pero que en ese momento se hallaba acantonada en Masada desde que Arquelao, hijo de Herodes, había sido depuesto por orden de Octavio César Augusto y del Senado romano.

Los sicarios encontraron la fortaleza preparada para hacer frente a cualquier tropa invasora. Se hallaba repleta de avituallamientos tales como trigo, cereales, leguminosas, aceite, vino, dátiles, etc. Las cisternas estaban llenas de agua a rebosar. También disponía de materia prima como hierro, bronce y plomo con el que poder hacer armas y municiones y tenía un arsenal preparado para armar a un ejército de unos 10.000 hombres.

Se unen nuevos sicarios a los defensores de Masada

En el año 70 llega a Masada un nuevo grupo de sicarios bajo las órdenes de Simón bar Giora. Venían huyendo de Jerusalén donde habían sido derrotados por el general Tito, hijo de Vespasiano ya nombrado emperador, que asoló y destruyo la ciudad y el Templo. En esos momentos solamente tres fortalezas resistían desafiantes al poder romano: Maqueronte, al Este; Herodión, al Norte y la propia Masada, al Sur de Judea.
Cuando Tito marcha a Roma deja como gobernador de Judea al general Lucio Flavio Silva el cual decide que la única forma de acabar con la revuelta es el asedio de la fortaleza de Masada por lo que dispone para tal menester de la Legio X, Fretensis; cuatro cohortes de tropas auxiliares y dos escuadrones de caballería. En total 15.000 hombres. Sin embargo se encontró con un grave problema que resolver ¿cómo planificar un ataque a una fortaleza que parecía inexpugnable?

El Camino de la Serpiente

Solamente existían dos posibles accesos a la fortaleza. En el flanco oriental un angosto, escarpado y sinuoso camino con una largada aproximada de cinco kilómetros, conocido como el Camino de la Serpiente dada su forma. El segundo camino, igual de angosto que al anterior, se hallaba en el flanco occidental y suponía un problema añadido, estaba custodiado por la propia fortaleza. No obstante Silva decidió que la mejor forma para entrar en ella era la construcción de una rampa que ascendiera por ese lado occidental desde un promontorio conocido como Roca Blanca situado a unos 150 metros por debajo de la cumbre.

Tres meses después de iniciada la construcción de la rampa y a los siete meses del asedio, los romanos se vieron capaces, al fin, de iniciar el asalto a la fortaleza. Era la primavera del año 73.


El asalto final a la fortaleza

Para ello utilizaron una torre de asalto de 30 metros de altura fabricada en madera y reforzada con hierro. Disponía de dos pisos y la subieron hasta la plataforma cuadrada que habían construido al final de la rampa. Mientras que los arqueros disparaban sus flechas desde el piso superior contra los defensores de la fortaleza, un ariete gigante situado en el piso inferior golpeaba la muralla con el fin de abrir en ella una brecha por donde poder iniciar el asalto.

Dentro de las murallas, los zelotes, los sicarios así como sus familias, ancianos, mujeres y niños, empezaron a ser conscientes de que la hora del asalto final se acercaba y que, a lo sumo, los romanos penetrarían en la fortaleza a la mañana siguiente a lo más tardar.

Eleazar ben Yair, líder de los zelotes, reunió a sus hombres y sus familias y les arengó de forma que prefirieran la muerte a caer prisioneros y esclavizados por los romanos. Dado que en el judaísmo el suicidio es una práctica prohibida por la Torá, se decidió que los hombres matarían a sus familias y después elegirían a diez de entre ellos para acabar con la vida de los demás. Antes de cumplir con esta decisión Eleazar ordenó prender fuego a la fortaleza a excepción de los depósitos de víveres con el fin de que los romanos entendieran que morían por resolución propia y no por verse asediados por la desesperación.

Los romanos encuentran un espectáculo terrorífico

Cuando a la mañana siguiente, el primer día de Pesaj, el 15 de Nissan de 3833, los legionarios romanos no se podían creer lo que estaban viendo. Entraban dispuestos al combate cuerpo a cuerpo y se encontraron con un montón de cadáveres y un silencio sepulcral, solamente se oía el crepitar de los fuegos que aún ardían en la muralla interior y la respiración entrecortada de los soldados romanos.

Solamente sobrevivieron, escondidos en una cisterna, dos mujeres y tres niños. Una de ellas, la más anciana y pariente de Eleazar contó lo sucedido la noche anterior a los atónitos romanos que la escuchaban con atención. Flavio Josefo recogió estas manifestaciones en su libro y lo dejó escrito para la posteridad dejando este mensaje: “Cuando allí se toparon con el montón de muertos, no se alegraron, como suele ocurrir con los enemigos, sino que se llenaron de admiración por la valentía de su resolución y por el firme menosprecio de la muerte que tanta gente había demostrado con sus obras”.

Jaime Bel Ventura


miércoles, 16 de febrero de 2011

Guerras judeo-romanas.

Primera guerra.

Comenzó en el año 66, cuando Eleazar ben Ananías, cesó los rezos y los sacrificios en el Templo en honor al emperador romano y mandó atacar a la guarnición de Jerusalén, todo ello debido al robo del tesoro del Templo. Herodes Agripa II huyó y los judíos consiguieron hacer frente al legado de Siria hasta la llegada del general Vespasiano en el año 67, que logró conquistar el norte. En el 69 fue nombrado emperador, dejando a su hijo Tito el encargo de tomar Jerusalén.

Tito logró tomar la ciudad y arrasar con la población en el año 70, destruyendo el segundo Templo del cual solo se mantuvo parcialmente en pie la pared occidental, conocida actualmente como "muro de los lamentos". La última fortaleza rebelde, Masada, cayó el año 73. A continuación, los romanos sustituyeron la figura del procurador por un pretor, y estacionaron de forma permanente la X Legión “Fretensis”.

El rabino Yochanan ben Zakai, huido de Jerusalén, obtuvo el permiso del general romano para establecer un centro de aprendizaje judío y formar el Sanedrín en la ciudad de Yavne, lo que se considera el comienzo del judaísmo rabínico, cuando se recopiló la Halajá. El Sanedrín se convirtió en el cuerpo religioso, político y judicial supremo para los judíos por todo el mundo hasta el 425, cuando fue disuelto por el emperador Marciano.
Masadá, simbolo del honor patrio
Segunda guerra.

Llamada Guerra de Kitos, comenzó en el 113 debida a las medidas de Trajano contra los judíos: prohibición del estudio de la Torá y la observancia del Shabat, medidas tomadas para asegurarse la retaguardia mientras luchaba contra el Imperio Parto. La revuelta se produjo en varios lugares debido a la diáspora: en Cirene, desde donde se extendió a Alejandría, a Chipre, y a la Mesopotamia, siendo duramente reprimida por los romanos. En el 118 fue nombrado emperador Adriano, que prometió autorizar la reconstrucción del Templo, lo que trajo la paz a la región.

Tercera y última guerra.

En 132 estalló la rebelión de Bar Kojba, debida a varias razones, pero sobre todo a los decretos dictados por Adriano que prohibían el Brit Milá, la celebración del Shabat, y las leyes de pureza en la familia, así como por las noticias de que pretendía levantar un templo en honor de Júpiter sobre las ruinas del de Jerusalén.

Akiva ben Iosef, que presidía el Sanedrín, convenció al resto de sus miembros de nombrar nasí (príncipe) a Simón bar Kojba (“el Hijo de la Estrella”, en arameo), que declaró la independencia frente al Imperio romano, manteniendo a Israel durante tres años como estado independiente y llegando a emitir su propia moneda. Los romanos enviaron nueve legiones para reconquistar Israel, adoptando una estrategia de tierra quemada: según Dión Casio, murieron 580.000 personas y se arrasaron 50 pueblos fortificados y 985 aldeas. Bar Kojba se refugió en la fortaleza de Betar, donde fue capturado y muerto por los romanos en el 135.

Jerusalén también fue arrasada, y para evitar el retorno de los judíos se construyó una ciudad romana, Aelia Capitolina, y se aposentó una guarnición en el lugar donde se había levantado el Templo. Para completar la humillación, se llamó desde entonces a la región Provincia de Palestina, eligiendo el nombre de los filisteos a quienes Roma identificó como enemigos de los judíos. La mayoría de la población judía fue asesinada, esclavizada o exiliada y la religión judía prohibida, con lo que el centro de la vida religiosa judía pasó a Babilonia. En el siglo IV, Constantino I el Grande permitió a los judíos regresar a Jerusalén a lamentar su derrota una vez al año, el 9 de Av,  en el Muro de las Lamentaciones.

Fragmento de la columna de Tito como recuerdo de la destrucción y saqueo del II Templo

El cautiverio.


Cautiverio asirio de los israelitas del norte.

En el 853 a. EC. Salmanasar III de Asiria y posteriormente Sargón II en el 722 a. EC. conquistaron las diez tribus norteñas de Israel destruyendo su capital, Samaria, y enviando a la población al exilio y cautiverio. La mayoría de los habitantes, incluyendo la clase dirigente, fue deportada a otras tierras ocupadas por el imperio asirio y se trajeron gentes de esos lugares a Samaria. Así, dispersados entre otras naciones, asimilados en nuevas culturas, llegaron a perder su identidad original. Nunca volvieron, como pueblo, a la tierra de Israel, se les llamó las diez tribus perdidas.

Cautiverio babilónico de los judíos.

  • 605 a. EC.: primera diáspora. La “parte noble” del pueblo judío (entre ellos el profeta Daniel) se ve forzada a vivir en territorio imperial y bajo sus lineamientos.
  • 586 a. EC.: Babilonia conquista Judá (y su capital Jerusalén). Gran parte de la población, sobre todo la nobleza, fue deportada a Babilonia. A esto se refiere comúnmente la expresión Cautiverio de Babilonia.
Muchos consiguieron huir a Egipto, Siria, Mesopotamia, o Persia. El rey de Judá (ciego y sometido) conservaba su título nominal (Jer 52:31) y los hebreos “valiosos” eran ubicados en la administración imperial -en cargos importantes- (Dn 1:19; 2:49). No obstante, los judíos se sentían "esclavos" ya que quien impartía los dictámenes en relación a la vida, el ritual y culto era el monarca babilónico (Daniel 3:10; 37). Los judíos estaban cautivados… (Jer 50:33). Ya no podrían regir sus vidas pues las fuerzas imperiales los conducirían hacia la idolatría [forma de vida en la que se priorizaba el materialismo] (Je 52:30). Allí, en Babilonia, los judíos pasarían más de setenta años.

Etapa de dominio persa.

Siete decenios después, Dios transmitía al rey de Babilonia: “Tu imperio... será dado a los persas” (Dn 4:24; 5: 20-28).

  • 559 a. EC.: Ciro II el Grande se convirtió en rey de Persia, conquistando Babilonia en el 539 a. EC. El imperio persa gobernó Asia occidental, incluyendo a Israel, hasta el 333 a. EC.

Como la mayoría de los grandes emperadores de la Edad del Hierro, Ciro permitió a sus súbditos practicar su propia religión mientras incorporasen al rey en su adoración como un dios o semidios, o al menos le hiciesen ofrendas. Tomó la medida de acabar con el estatus de nación esclava, aunque la relación personal seguía siendo la de amo-esclavo. Estas reformas se reflejan en el cilindro de Ciro y en los libros bíblicos de I Crónicas y de Esdras, que indican que sacó a los israelitas de la servidumbre en Babilonia y les concedió permiso para volver a la tierra de Israel (aunque no les permitiría ser independientes).

Empieza la reconstrucción del Templo.

Ciro permitió que Sesbasar, príncipe de la tribu de Judá, y Zorobabel llevaran a los judíos de Babilonia a Jerusalén. Se les permitió volver con los objetos del Templo que los babilonios habían tomado, y comenzaron la construcción del segundo templo (Esdras 1 y ss., (Isaías) 44 y 45), que se concluirá en 525 a. EC. bajo la dirección espiritual de los profetas Ageo y Zacarías. En este tiempo Tierra Santa era una satrapía persa conocida como Yehud.

Los papiros de Elefantina (circa 450 - 419 a. EC.) de la colonia militar judía en Egipto demuestran que en este tiempo algunos judíos seguían siendo politeístas, y consideraban que Yahveh tenía como esposa a la diosa Anat.

En 445 a. EC. Artajerjes nombró virrey de Judá a Nehemías, que fortificó Jerusalén para defenderse del gobernador de Samaria. Los pocos miles de judíos retornados estaban despojados de las riquezas materiales. La vida se les tornaba difícil bajo el dominio persa. La reformada vida israelí fue conducida por los escribas judíos Nehemías (Nehemías 1-6) y Esdras; este último instituyó la sinagoga y sus servicios de rezos, y coronó la Toráh leyéndola en público ante la gran asamblea que instaló en Jerusalén. Comenzaba a renacer el impulso de comunidad religiosa, logrando que Dios volviera a estar en medio de ellos (Ageo 2:5,6,20)

Por su parte los samaritanos construyeron su propio Templo en el monte Garizim en 428 a. EC. (II Macabeos 6,2).



Canaán, conquistada.


Claramente, el proceso de la infiltración israelita en Canaán es más complicado que lo narrado en la Biblia. El patrón del establecimiento y la génesis de Israel como pueblo fue un proceso complejo que implicaba principalmente a grupos nativos de pastores de Canaán (quizás incluyendo habiru y shasu), con una cierta infiltración de grupos exteriores, tales como hititas y arameos del norte así como grupos meridionales de shasus tales como los keinitas, alguno de lo cuales puede haber venido de otras zonas controladas por Egipto. Cuando Israel conquistaba Canaán, Egipto estaba nominalmente en control de la región
Creciente Fértil
Genéticamente, los judíos demuestran tener conexiones con el pueblo kurdo y otros grupos del norte de Iraq, sugiriendo ésta como el área de la cual la mayoría de sus antepasados vinieron originalmente, un hecho confirmado arqueológicamente a partir del período Khirbet Kerak, período medio de la Edad del Bronce, con la expansión de los hurritas (horreos en el Tanaj), y con la de los shasu (egipcios en el Tanaj) y de ahlamu (acadios, asirios y arameos en el Tanaj, también) al principio de la Edad del Hierro.
 
Ramsés II
Distribución de las tribus alrededor del 930 a. EC. Según la Biblia, tras salir de Egipto, los israelitas vagaron por el desierto durante una generación, para invadir luego la tierra de Canaán destruyendo ciudades cananeas, como Ai, Jericó y Hazor bajo las órdenes de Josué. Sin embargo, este hecho también se lo adjudica Ramses II que asegura haber conquistado Canaán y destruido Jericó y otras ciudades circa 1200 a. EC, a pesar del hecho de que Ai y Jericó parecen haber estado deshabitadas en este tiempo, desde que habían sido destruidas cerca del 1400 a. EC. Muchos otros de los sitios mencionados en el Libro de Josué también parecen haber estado abandonados en el 1200 (fecha sugerida por Mattfield como la más probable para el Éxodo), pero estaban ocupados en el siglo VII a. EC. Otros grupos podían haber desempeñado un papel protagonista en la destrucción de centros urbanos durante la última edad de bronce, como los pueblos del mar, entre los cuales estaban los filisteos y los mismos egipcios, que invadieron la zona muchas veces. Las guerras entre las ciudades-estados vecinas han desempeñado probablemente un papel importante.

Periodo de los Jueces.

Si los israelitas regresaron a Canaán hacia el 1400 a. EC., a era una época en que los grandes poderes de la región estaban concentrados entre Egipto y los ascendientes Hititas. Posteriormente, hacia el año 1200 a. EC. fue la época de los "pueblos del mar", en la que filisteos, tjekkers y posiblemente dananeos se instalaron a lo largo de la costa desde Gaza en el sur a Joppa en el norte. El Oriente Medio parecía vivir en una edad oscura, de la que tardó siglos en salir. La recuperación parece que comenzó en las ciudades comerciantes del área filistea, siguiendo hacia el norte, a las fenicias antes de avanzar hacia las zonas interiores, las colinas de Judea y Samaria (que recibirían los beneficios del comercio recién a finales del Siglo X a. EC.).

En sus ataques iniciales bajo Josué los hebreos ocuparon la mayoría de Canaán, que repartieron según las líneas familiares tradicionales derivadas de los hijos de Jacob y de José (las tribus de Israel). No había ningún gobierno formal, y el pueblo era guiado por los jueces.

Los Jueces eran los líderes carismáticos de su tiempo, personas inspiradas por el Espíritu Santo (Jue 3:10; 6:34; 11:29; 13:25; 14:6,19; 15:14,19). Eran los pastores del pueblo que generalmente pertenecían a las familias más importantes de sus tribus (2ª Sam 7:7).

En este tiempo, el nombre "Israel" se mencionó por primera vez en una fuente arqueológica contemporánea, la estela de Merenptah

La Monarquía y sus orígenes.

Hacia el Siglo XI a.C, los hijos de los sacerdotes-Jueces tomaban “lo mejor de las ofrendas para sí mismos”. Se daban a la avaricia, el soborno y pervirtieron el derecho (1ª Sam 2:14; 8:3). Asimismo Trataban con desprecio la ofrenda del Señor (1ª Sam 2:17). La cohesión israelí y la protección que Dios brindaba a esa nación dependía de "seguir el camino del Señor", por lo cual iban camino a la disolución.

Al mismo tiempo la prosperidad volvió a la región al final de la edad de bronce, se recuperó el comercio con Egipto y Mesopotamia, y se abrieron nuevas rutas comerciales, desde Cadesh-Barnea al sur, de Hebrón, Jerusalén y Lakís en Samaria, a Siloé, Siquem y a través de Galilea, a Megido y todo el valle de Jezreel. Esta ruta amenazaba el monopolio comercial de los filisteos, que intentaron dominarla tanto directamente, con una intervención militar contra las tribus de Israel, como indirectamente, promoviendo a mercenarios a posiciones de poder como los Achish de Gath, posteriores aliados de David.

Según lo permitido en el capítulo 7 del Deuteronomio, Israel decidió elegir un rey para luchar con eficacia (I Samuel 8:6, 20) contra la amenaza de sus vecinos. Según los libros de Samuel, el último de los jueces, la nación pidió un rey porque los hijos de Samuel, que habían sido designados como jueces, emplearon mal su cargo. Aunque él intentó disuadirlos, los israelitas estaban resueltos, por lo que Saul ben Qish, de la tribu de Benjamín, fue ungido como rey por Samuel. Desafortunadamente no se ha encontrado ninguna evidencia independiente sobre la existencia de Saúl, aunque el primer período de la Edad del Hierro era una fase de expansionismo filisteo, lo que está de acuerdo con el relato bíblico.


ISRAEL, su antigua historia.


La historia del Antiguo Israel abarca desde el siglo XX a. EC hasta la expulsión y Diáspora en el segundo siglo de nuestra Era Común, en un área comprendida entre el Mediterráneo, el desierto del Sinaí, las montañas del Líbano y el desierto. Se concentra especialmente en el estudio del pueblo judío en este período, y de forma secundaria de los otros pueblos que con él convivieron como filisteos, fenicios, moabitas, idumeos, hititas, madianitas, amorreos y amonitas. Las fuentes sobre este período son principalmente las escritas clásicas como la Biblia hebrea o Tanaj (conocida por los cristianos como Antiguo Testamento), el Talmud, el libro etíope Kebra Nagast y escritos de Nicolás de Damasco, Artapano de Alejandría, Filón y Josefo. Asimismo, otra fuente principal de información son los descubrimientos arqueológicos en Egipto, Moab, Asiria o Babilonia, así como los vestigios e inscripciones en el propio territorio de estudio.
La historia de la región ocupada más adelante por los reinos de Israel y Judá ofrece problemas particulares para el historiador moderno. Debido a la asociación de esta área con lo relatado en la Biblia, hay una tendencia a ver la historia del Levante desde una perspectiva casi puramente bíblica, prestando escasa atención al período posbíblico. Los estudios arqueológicos han tendido a verse a través del relato bíblico, haciendo difícil de entender la historia de esta importante zona dentro del contexto arqueológico de la totalidad del Oriente Medio.

Algunos escritores consideran que las diversas fuentes están en conflicto, lo que convierte el estudio en un tema polémico, con implicaciones en los campos de la religión, la política y la diplomacia.

Por ello es difícil dar una visión que sea apoyada por la totalidad de los historiadores. Las fechas exactas y las precisiones que pudieran dar están en continuo debate, no hay acontecimientos bíblicos cuyo año exacto se pueda validar por fuentes externas antes del siglo IX a. EC., (coronación de Omri, rey de Israel): todas las fechas anteriores son extrapolaciones. Además, la Biblia no se presta muy fácilmente a estos cálculos, no indica más referencias que la vida de los distintos personajes, y la línea histórica debe ser reconstruida agregando datos, un proceso que introduce errores por redondeo. Las fechas más antiguas utilizan la Biblia como única fuente, una visión llamada maximalista.

Los minimalistas discuten que algunos acontecimientos sucedieran, y afirman que las fechas son dudosas: si la misma existencia del Reino unido está en duda, es insustancial afirmar que se desintegró en 922 a. EC. Philip Davies por ejemplo, explica cómo el Canon bíblico puede haberse realizado solamente para unas gentes con una larga tradición en lectura y escritura, que se encuentran solamente en la última época persa o primera helenística, y afirma que los relatos de períodos anteriores son en gran parte reconstrucciones basadas en tradiciones orales. Los minimalistas no discuten que algunos de los acontecimientos posteriores al siglo IX a. EC. tengan corroboración, como la estela de Mesha; la discrepancia surge en el período anterior, donde el relato bíblico parece estar en desacuerdo con lo descubierto por la arqueología moderna.

Otro problema es el causado por diferencias sobre terminología de los periodos históricos. Por ejemplo, el período en el final de la edad antigua del bronce el principio de la media, es llamado EB-MB por Kathleen Kenyon, MB I por Guillermo Foxwell Albright, cananita medio I por Yohanan Aharoni, y bronce temprano IV por Guillermo Dever y Eliezer Oren.

Las civilizaciones del antiguo territorio de Israel.

El Génesis remonta el principio de Israel a tres patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob, el último también conocido como Israel y del cual derivó posteriormente el nombre de la tierra. Jacob, llamado un "arameo vagabundo" (Deuteronomio 26:5), regresó a Harran, el hogar de sus antepasados, para obtener esposa. Durante su regreso desde Harán a Canaán cruzó el Jaboc, un afluente oriental del río Jordán (Génesis 32:22-33). Enviando a su familia y criados lejos, esa noche luchó, en un lugar que se llamó en adelante Peniel, con un ángel que por la mañana le pidió su nombre, desde entonces lo retitularon "Israel”. Fue padre de 12 hijos, de sus esposas Lía y Raquel (hijas de Labán), y de sus sirvientas Bilha y Zilpa. Los doce fueron llamados los Hijos de Israel. Esta historia sobre los orígenes de Israel lo localiza en la zona oriental de Jordania. Los siguientes relatos se trasladaron al oeste con la historia del saqueo de Siquem (Génesis 34:1-33), después de lo cual el área de la colina de Canaán se considera como la base desde la que creció Israel.

Guillermo F. Albright, Nelson Glueck y E. A. Speiser han situado este relato en el bronce medio basándose en tres puntos: nombres personales, modo de la vida, y costumbres. Otros eruditos, sin embargo, han sugerido fechas más tardías para la edad patriarcal pues estas características fueron duraderas en la vida del Cercano Oriente. Cyrus Gordon, basando su discusión en la llegada de pastores nómadas monoteistas durante el final de la época de Amarna, sugirió que es más correcto situarlo en la última edad de bronce. Juan Van Seters, basándose en el uso generalizado de camellos, en los reyes filisteos de Gerar, en la existencia de una economía monetaria y en la compra de tierra, asegura que la historia pertenece a la edad de hierro. Otros eruditos (particularmente, Martin Noth) encuentran difícil el determinar cualquier período para los patriarcas, y sugieren que la importancia de los textos bíblicos no es necesariamente su historicidad, sino el indicar cómo funcionaba la sociedad israelita durante la edad de los metales.

Más recientemente, análisis por activación de neutrones realizados por Jan Gunneweg de la Universidad Hebrea de Jerusalén, estudiando asentamientos asociados con el principio de la edad de hierro, demuestran evidencia de un movimiento de colonos en el área desde el noreste, lo que está acorde con esta historia.

Excavaciones arqueológicas, la Prehistoria.

Excavaciones al sur del lago de Tiberiades y en otras partes del valle del Jordán han permitido sacar a la luz rastros de homínidos que se remontaban al paleolítico inferior, o sea datadas hace más de un millón de años. Otros fósiles descubiertos tienen una edad aproximada de 300.000 años, y el uso de cuevas por el hombre parece comenzar en el Achelense superior superior. El fósil del hombre de Galilea tiene una antigüedad de cerca de 140.000 años.

  • Entre el undécimo milenio a. EC. y el noveno se desarrolla en Canaán la civilización Natufiense, seguramente nómada, de la que se encuentran algunos vestigios. Esta civilización estaría compuesta por dos grupos de poblaciones ligeramente diferentes, por una parte los antepasados de pueblos del tipo eurafricano (los que serían Canaán, Mesopotamia, Irán y Anatolia en tiempos históricos) y los ancestros de pueblos proto-mediterráneos, también numerosos en Canaán.
  • A partir del IX milenio a. EC. las tribus neolíticas domesticaron plantas, animales, se sedentarizaron y practicaron la agricultura y la ganadería. Entre los años 10.000 y 8.000 a. EC., las herramientas de hueso adquieren importancia y los útiles de piedra un desarrollo característico. Durante este período las condiciones climáticas son favorables a los asentamientos humanos, con más precipitaciones y temperaturas suaves.
  • A partir del séptimo milenio a. EC. la ciudad de Er Riha (Jericó) se alza como una de las más antiguas del mundo, es la época en que se constituyen las primeras ciudades. Durante el último cuarto de este milenio aparece la cerámica, así como otras formas de artesanía.
  • Canaán del VI y de la primera mitad del V milenio a. EC. se conoce mal, se suponen desplazamientos de población que pueden ser debidos a variaciones climáticas. Tanto las montañas como la región costera están ocupadas por una civilización de carácter forestal, como da prueba el predominio de instrumentos destinados al trabajo de la madera.
    • A mediados del quinto milenio a. EC. los antiguos asentamientos del valle del Jordán, como Jericó, fueron ocupados de nuevo debido a la mejora de las condiciones climáticas.
    • Al final del V milenio Canaán alcanzó un nivel de desarrollo económico y cultural que le acercaba al de las civilizaciones del norte de Siria que se habían beneficiado antes de influencias mesopotámicas.
  • IV milenio a. EC.: La civilización cananea se organizó con un sistema de ciudades-Estado, fruto de la fusión entre agricultores sedentarios y pastores seminómadas.
    • En la primera parte del milenio llegaron desde el norte las técnicas metalúrgicas y el trabajo del marfil. Aparecieron estructuras técnicas y económicas adaptadas a las regiones secas: allí se instalaron pequeñas colectividades que vivían del cultivo de cereales y de la cría de ganado mayor y menor.
    • En la segunda mitad del IV milenio comienza la influencia egipcia sobre la región.
    • Hacia el final, la civilización de los agricultores y ganaderos desaparece sin que sea posible establecer vínculos con la formación de la civilización cananea del III milenio a. EC. Hasta 2400 a. EC. el clima fue un poco más húmedo que hoy día.
El comienzo de intercambios entre Canaán y Egipto gracias al Camino de los Reyes que cruzaba el desierto de Sinaí, hacia el final del IV milenio a. EC., es un acontecimiento de primera importancia ya que hasta entonces Canaán había sido un "callejón sin salida" sujeto solamente a influencias asiáticas. Estas relaciones tomaron una amplitud considerable, gracias a la utilización de bueyes como animales de tiro, capaces de cruzar los aproximadamente 200 kilómetros de casi desierto que separan el sur Cananeo del delta del Nilo. Por lo tanto, el Levante comienza a desempeñar el papel de zona de paso, donde se cruzaban las influencias, y a menudo las armas, de los grandes imperios de Egipto y el Oriente Próximo asiático.
  • El III milenio a. EC. es el de la civilización cananea que se extiende hasta tiempos históricos. Aunque la escritura no aparezca en la región antes de la segunda mitad del segundo milenio, habida cuenta del estado de superproducción, centralización y redistribución de los excedentes alimentarios, los historiadores consideran que este nuevo orden económico, social y político señala la entrada en la historia en el transcurso del III milenio. Debido a los intercambios con Egipto, la región se desarrolla y se enriquece, especializándose en el comercio de cerámica, mientras numerosas ciudades se desarrollan y consolidan.

Los historiadores consideran generalmente que el período cananeo se extiende desde el principio del III milenio a. EC. hasta el final del siglo XVI a. EC.

Al final del III las poblaciones seminómadas cruzaron el Jordán y penetraron en Canaán, causando el hundimiento de las estructuras socioeconómicas existentes: se destruyeron y abandonaron las ciudades, y la economía volvió a la ganadería. A partir del siglo XIX a. EC. comenzó un aumento de los asentamientos permanentes y una disminución del número de tribus, pero permaneciendo aún muy cerca de la organización tribal. Este período durante el cual los desplazamientos entre Asia, desde Mesopotamia, y Egipto eran intensos, corresponde a un momento de agitación interno que sirvió de preludio a la invasión de Egipto por los hicsos (Príncipes de los países extranjeros). Durante este mismo período, las ciudades Cananeas comenzaron a rodearse con murallas. La existencia de la ciudad cananea de Ourousalim (Jerusalén) se certifica en escritos que datan del siglo XXI a. EC.

Los ataques e infiltraciones repetidos abrieron a los hicsos el camino hacia la parte oriental del delta del Nilo, donde se instalaron e hicieron de Avaris su capital en el siglo XVI a. EC. En esta época, Canaán, parte de un imperio colocado bajo la autoridad de Avaris, alcanzó un nivel de civilización notable: potentes fortificaciones rodeaban las residencias de los reyezuelos cananeos, en guerra permanente unos contra otros y que recurrían a los carros de guerra arrastrados por caballos. Las desigualdades sociales se muestran claramente: Se construían espaciosas residencias que contrastaban con los cuchitriles que sus contemporáneos ocupaban. Las tumbas, cavadas en la roca, eran sepulturas generalmente familiares; armas y joyas de buena calidad acompañaban los restos de los difuntos afortunados. En el ámbito de la cerámica, las formas imitan al metal. Se ve extenderse por la región una alfarería hicsa: negra, pulida e incrustada de pasta de caliza blanca, así como trabajos sobre marfil de gran calidad; también son reputados los cananeos del norte (proto-fenicios) por el tinte en púrpura.

  • Hacia 1850 a. EC. la ciudad de Ascalón se convirtió en capital de un reino y en puerto muy activo sobre el Mar Mediterráneo, desde donde se exportaban los productos del interior. Rodeada de una muralla de 2 km de circunferencia, la ciudad debía contar con cerca de 15.000 habitantes.
  • En esta época comienza la migración de las tribus de Israel hacia Canaán, posiblemente desde el sur de la región caucásica. No existe documentación histórica verificable. Según el Antiguo Testamento, es el periodo correspondiente a Abraham, Isaac y Jacob, que abarcaría hasta 1650 a. EC. aproximadamente.
  • Completando la liberación nacional emprendida por los faraones de la décimo séptima dinastía, Amosis se apoderó de Avaris y expulsó a los hicsos hasta Asia. Así pues, hacia mediados del siglo XVI a. EC. Egipto conquistó Canaán donde el protectorado egipcio se mantuvo durante tres siglos y medio, durante los cuales la situación internacional sufre numerosas modificaciones: los conflictos con los hititas y las frecuentes rebeliones de los beduinos acampados en el Negev y Sinaí implicaron destrucciones, saqueos, y deportaciones.

De la dominación egipcia hasta el éxodo.

En el Génesis se relata cómo algunos de los descendientes de Israel se convirtieron en esclavos egipcios. Se han dado varias explicaciones para explicar las circunstancias bajo las cuales esto ocurrió, algunos historiadores creen que pudo haberse debido al cambio de las condiciones políticas en Egipto: en 1650 a. EC. el norte de Egipto fue conquistado por tribus de un pueblo llamado Hicso por los egipcios, al parecer una mezcla de semitas y de hurritas. Los hicsos fueron expulsados por Amosis I (1550 - 1525 a. EC.), el primer faraón de la décimo octava dinastía con la que comienza el Imperio Nuevo. Amosis destruyó la capital de los hicsos en Avaris y sus sucesores conquistaron la ciudad de Saruhen (cerca de Gaza),[9] y destruyeron confederaciones canaanitas en Megido, Hazor y Qadesh. Tutmosis III (1504 a. EC. al 1450 a. EC.) estableció el imperio de Egipto sobre el occidente del Cercano Oriente, derrotando a la confederación cananea en Megido y tomando la ciudad de Joppa, trasladando la frontera desde el Sinaí a la curva de Éufrates, logrando la máxima extensión territorial en la zona. (No son pocos los eruditos que lo mencionan como el emperador del Exodo)

El dominio egipcio se mantuvo en la región de Canaán (zona en la cuál debían emerger Israel y Judá) hasta el reinado de Ramsés VI, quien reinó circa 1150 a. EC.
Cronología aproximada:

  • 1440 a. EC.: reinado de Amenhotep II (circa 1450-1424 a. EC.), durante el cual se encuentra en los textos egipcios la primera mención del pueblo Habiru (posiblemente hebreos). La evidencia recientemente descubierta parece indicar que muchos habirus hablaban hurrita; posiblemente era una casta social más que un grupo étnico, e incluso pueden haber estado incorporados en los grupos tribales de los primeros israelitas.
  • Circa 1400 a. EC.: primera mención a los shasu en expedientes egipcios encontrados en el sur del Mar Muerto. Shasu es un nombre que contiene un grupo yavista, aunque la inscripción egipcia de Amenhotep III, en el templo de Soleb, "Yhw en la tierra del Shasu", no utiliza el determinativo para un dios ni para la gente, sino para el nombre de un lugar.
  • 1350-1330 a. EC.: la correspondencia de Amarna da cuenta detallada de las cartas intercambiadas durante el período de dominación egipcia en Canaán durante el reinado de Akenatón. Los alcaldes locales, tales como Abdi Khepa de Jerusalén y Labaya de Siquem, eran delegados del faraón, y actuaban en su favor. Akenaton les informa de haber enviado a la región a un regimiento de Medjay (Nubia) para mantener orden. En este período comienza la expansión hitita en el norte de Siria, y se conoce la propagación de una epidemia en la región.
  • 1300 a. EC.: algunos comentaristas de la Biblia calculan el nacimiento de Moisés alrededor de esta fecha. Pero otros lo colocan antes del 1500 a. EC.
  • 1292 a. EC.: comienza la Dinastía XIX con el reinado de Ramsés I. Ramsés II (1279-1213) firmó un tratado con los hititas después de cederles el norte del Levante. Condujo una campaña a través del territorio que más tarde sería Israel, después de la rebelión de los shasu que siguió a la batalla de Qadesh, estableciendo una guarnición egipcia en Moab.
  • Circa 1200 a. EC.: el imperio hitita de Anatolia fue conquistado por tribus llegadas del oeste. Los cananeos de la costa norte, (llamados posteriormente "fenicios" por los griegos) pudieron haber sido desplazados temporalmente, pero regresaron tras la marcha de los invasores que no se asentaron en el lugar.[]
  • 1187 a. EC.: Invasión de Egipto por los Pueblos del Mar. Entre ellos estaba un grupo llamado P-r-s-t (primero registrado por los egipcios como P-r/l-s-t) identificado generalmente con los filisteos. Aparecen en una inscripción del templo construido por Ramsés III en Medinet Habu, donde describe su victoria contra los pueblos del mar. Los estudiosos de la biblia del siglo XIX identificaron la tierra de los filisteos (Filistea o Plesheth, con el significado hebreo de "invasores") con Palastu y Pilista de las inscripciones asirias, según el diccionario de la Biblia de Easton (1897). Otros grupos además de los filisteos eran los tjekker, dananeos y shardana. El contraataque de Ramsés III destruyó la mayoría de los sitios cananeos. El mismo faraón permitió más adelante a los filisteos y tjekker, y posiblemente también a los dananeos, reconstruir las ciudades del camino costero, llamadas en el Éxodo el Camino de los Filisteos, nombre que se utiliza para denotar la región costera habitada por este pueblo. Las cinco ciudades filisteas principales eran Gaza, Ashdod, Ekron, Gath, y Ascalón. La arqueología moderna sugiere intercambios culturales con Micenas. Aunque los filisteos adoptaron la cultura y la lengua local cananea antes de dejar cualquier texto escrito, se achaca un origen indoeuropeo para las pocas palabras filisteas conocidas.
  • 1150 a. EC.: problemas internos de Egipto conducen a la retirada de las guarniciones egipcias asentadas en Bet She'an, en el valle del Jordán, Megido y Gaza, durante el reinado de Ramsés VI.
El Éxodo de Egipto de los israelitas y su cronología están en permanente debate. Kenneth A. Kitchen cree que ocurrió en el reinado de Ramsés II debido a las ciudades egipcias nombradas en el libro del Éxodo: Pithom (Pi-Atum) y Rameses. La evidencia de una presencia israelita en Canaán no se encuentra hasta seis años después de la muerte de Ramsés II, en la Estela de Merenptah, en una inscripción realizada por ese faraón sobre su campaña militar en tierras de Canaán hacia 1210 a. EC.

El período entre el final de la décimo octava y principios de la vigésima dinastía fue particularmente confuso. La Biblia especifica que los israelitas salieron de Egipto 480 años antes de que el rey Salomón construyera el Templo (1ª Re 6:1). Esta construcción data aproximadamente del año 970 a. EC. por lo que la fecha aproximada para el Éxodo resulta ser 1450 a. EC. y ello refuerza las hipótesis de que Tutmosis III fue el "faraón del éxodo".

Documentos egipcios registran la ocupación de altos cargos de la corte por asiáticos y la destrucción por éstos de varios templos. El sirio Bay (Ay) usurpó temporalmente el poder real desde el puesto de Visir, y la reina Tausert, madre del faraón Siptah, sustituyó a éste a su muerte como reina-faraón hasta que Setnajt se hizo con el trono y acabó con el caos. Estos acontecimientos pueden falsear las fechas que relató Osarsep, un sacerdote de Osiris en Heliópolis fuente de la Aegyptiaka de Manetón divulgada más tarde por Flavio Josefo.

Desacuerdos con la cronología bíblica.

El total de los reinados de los reyes de Judá entre el cuarto año del reinado de Salomón, cuando se supone que construyó el Templo, y la destrucción de Jerusalén en 586 a. EC., da 430 años.

Dado que Salomón reinó aproximadamente desde el año 970 a.EC, la edificación del Templo queda fijada alrededor de esa fecha. Esto sugeriría que la edificación del Templo ocurrió cerca del año 967 o 966 a. EC.

Según la Biblia (Reyes 6:1), entre esa construcción y el éxodo habían trancurrido un total de 480 años, lo que da la fecha de 1447 a. EC. aproximadamente para el éxodo, acercándolo sugestivamente al final del reinado de Tutmosis III.[15] Según Éxodo 12:40, el destierro en Egipto había durado 430 años, con el resultado que la llegada de los israelistas al Nilo debería haber ocurrido en el reinado de Sesostris I, que comenzó hacia 1920 a. EC. Agregando las largas vidas de Abraham, Isaac y Jacob, habría que fechar la llegada de Abraham a Canaán en el 2141 a. EC., y la llegada a Egipto en 2116 a. EC., durante la décima dinastía cuya capital estaba en Heracleópolis Magna. La "servidumbre" en Egipto habría ocupado el período entre las dinastías XII a la XVIII.

Como en Números 32:13 se asignan 40 años a vagar por el Sinaí, las conquistas de Josué deben haber ocurrido durante el reinado de Amenofis II, cuando todo Canaán estaba en poder de Egipto pero los egipcios “habían conocido el poder del Dios hebreo Yahvé” [“Luego que me cubra de gloria a expensas del faraón y sus guerreros, los egipcios sabrán que soy el Señor” (Éx 14:18)] (por lo que desde el desastre del ejército egipcio ya no los habrían vuelto a perseguir, porque las proezas del Dios de Israel se difundieron profusamente, incluso entre los filisteos (1ª Sam 4:8; 6:6)).

Luego de la caída de Jericó (que ocurrió, tal como lo revelaron los trabajos del arqueólogo británico John Garstang, circa del 1410 a. EC), el período de los Jueces se extendería hasta circa del 1010 a. EC., siendo luego reemplazados por el período monárquico del rey Saúl. Desafortunadamente las fuentes egipcias no dicen nada sobre Israel, Josué o sus sucesores, y la Biblia no dice nada sobre los Amenofis, Tutmosis o Ramsés de este periodo.