jueves, 13 de enero de 2011

¿Desde cuándo los «palestinos» viven en «Palestina»?

Jerusalén en tiempos de Adriano (Aelia Capitolina)

Según los extravagantes conceptos de las Naciones Unidas, toda persona que pasó ¡¡¡DOS AÑOS!!!  en «Palestina» antes de 1948, con o sin pruebas, es un «palestino», así como todos sus descendientes. De hecho, los líderes de la OLP demandan el «derecho» de todos los palestinos a regresar a la tierra que ellos ocuparon antes de junio de 1967, pero se refutan con vehemencia de regresar a la tierra donde vivían sólo 50 años antes, es decir, en 1917. ¿Por qué? Porque si aceptaran hacerlo, tendrían que establecerse nuevamente en Irak, Siria, Arabia, Libia, Egipto... y sólo un puñado de árabes permanecería en Israel (por Israel se entiende toda la Tierra entre el río Jordán y el Mar Mediterráneo, mas la región del Golán). Está enteramente documentado que los primeros habitantes de Eretz Yisrael eran los pioneros hebreos, y no los árabes llamados «palestinos». Algunos testigos oculares han escrito sus memorias acerca de la Tierra antes de la inmigración judía:

"No hay ni una aldea solitaria a través de toda la extensión (valle de Jezreel, Galilea); no por treinta millas en cualquier dirección... Uno puede recorrer diez millas en la región sin ver un alma viva. Para experimentar el tipo de soledad que causa tristeza, ven a Galilea... Nazareth es abandono... Jericó yace en desolada ruina... Bethlehem y Bethania, en su pobreza y humillación... desposeídas de toda criatura viviente... Una región desolada cuyo suelo es rico, pero completamente despojado de todo... una expansión silenciosa, lúgubre... una desolación... Nunca vimos un ser humano en todo el recorrido... Difícilmente se ve un árbol o un arbusto en algún lado. Incluso el olivo y el cactus, aquellos amigos del suelo árido e indigno, han desertado... Palestina yace en silicio y cenizas... desolada y desamorada...". Mark Twain, "The Innocents Abroad", 1867 -

¿Dónde se habían escondido los palestinos que Mark Twain no los vio? ¿Dónde estaba aquél "antiguo" pueblo a mitad del siglo XIX EC? Por supuesto, los políticos árabes de hoy tratan de desacreditar a Mark Twain e insultarlo y culparlo de racismo. Sin embargo, resulta que había otras personas que no lograron reconocer a ningún palestino en aquellos tiempos, ni antes:

"En 1590 un 'simple visitante inglés' en Jerusalén escribió: «Nada allí es interesante excepto un poco de las viejas murallas que aún permanecen, todo el resto es matas, espinos y cardos»". Gunner Edward Webbe, Palestine Exploration Fund, Quarterly Statement, p. 86; de Haas, History, p. 338 -

"la tierra en Palestina carece de gente que pueda cultivar su suelo". Thomas Shaw, arqueólogo británico, mediados del s. XVIII -

"Palestina es una tierra arruinada y desolada". El conde Constantine François Volney, autor e historiador francés del s. XVIII -

"Los árabes mismos no pueden ser considerados sino residentes temporarios. Plantaban sus tiendas en los campos o construían sus lugares de refugio en las ruinas de las ciudades. No han creado nada allí. Siendo extranjeros en esa tierra, nunca lograron ser los propietarios. El viento del desierto que los llevó allí también un día los llevará a otra parte sin que hayan dejado algún señal de su pasaje". Comentarios de cristianos acerca de los árabes en Palestina en el s. XIX -

"Luego entramos en el distrito montañoso, y nuestros pasos se sentían sobre el lecho seco de un antiguo torrente, cuyas aguas deben haber sido abundantes en el pasado, así como la tenaz y turbulenta raza que una vez habitó esos salvajes montes. Debe haber existido algún cultivo unos dos mil años atrás. Las montañas, o grandes montes rocosos que circundan este pasaje rústico, tienen crestas sobre sus laderas hasta la cima; en estas terrazas paralelas hay aún algo de suelo verde: cuando el agua fluía aquí, y el país era habitado por esa extraordinaria población que, según las Sacras Historias, era numerosa en la región, estas terrazas de montaña deben haber sido jardines y viñedos, como los que vemos hoy a lo largo de las costas del Rin. Ahora el distrito es completamente desértico, y se lo recorre entre lo que parece haber sido muchas cascadas petrificadas. No vimos animales en aquél paisaje rocoso; escasamente una docena de pequeñas aves durante todo el recorrido". William Thackeray en "De Jaffa a Jerusalén", 1844 -

"El país está considerablemente despoblado de habitantes y por lo tanto su mayor necesidad es de presencia humana". James Finn, cónsul británico en 1857 -

"Hay muchas pruebas, como antiguas ruinas, acueductos rotos, y restos de viejas rutas, que muestran que el país no ha sido siempre tan desolado como se ve ahora. En la porción de llanura entre Monte Carmel y Jaffa difícilmente se halla alguna aldea u otras señales de vida humana. Hay algunos rudos molinos que han sido arrastrados por la corriente de antiguos torrentes. Un viaje de una hora más nos llevó a las ruinas de la antigua Cesárea, que un tiempo fue una ciudad de doscientos mil habitantes, y la capital romana de Palestina, pero ahora completamente desierta. A la puesta del sol notamos el puerto desolado, que una vez estaba repleto de naves, y miramos en vano hacia el mar tratando de ver algún barco. En éste que fue un mercado populoso, pleno de rumor del tráfico, reinaba el silencio del desierto. Después de cenar nos reunimos en nuestra tienda como siempre para hablar de los sucesos del día, o de la historia de la localidad. Sin embargo era triste, cuando me recostaba en la noche, a escuchar el rumor de las olas y a pensar en la desolación a nuestro alrededor". B. W. Johnson, en "Young Folks in Bible Lands", cap. IV, 1892 -

"El área era despoblada y permanecía económicamente muerta hasta la llegada de los primeros pioneros Sionistas en los 1880s, que vinieron a reconstruir la Tierra Judía. El país ha seguido siendo "la Tierra Santa" en la conciencia religiosa e histórica de la humanidad, que la relaciona con la Biblia y la historia del pueblo judío. El desarrollo del país producido por los judíos ha atraído también gran número de otros inmigrantes - judíos y árabes. La ruta que va desde Gaza hacia el norte era sólo un camino usado en el verano apropiado para camellos y carros... Las casas eran todas de barro. No se veían ventanas... Los arados que se usaban eran de madera... Las cosechas eran muy pobres... Las condiciones sanitarias en la aldea [Yabna] eran horribles... Las escuelas no existían... La tasa de mortalidad infantil era altísima... La parte occidental, hacia el mar, era prácticamente un desierto... Las aldeas en ésta área eran pocas y escasamente pobladas. Muchas ruinas de poblados dispersas en el área, porque debido a la difusión de la malaria, muchas aldeas fueron abandonadas por sus habitantes". Informe de la British Royal Commission, 1913 -

La lista de viajeros y peregrinos a través de los siglos XVI hasta XIX que coinciden en dar descripciones similares de la Tierra Santa es muy larga, incluyendo Alphonse de Lamartine, Sir George Gawler, Sir George Adam Smith, Siebald Rieter, sac. Michael Nuad, Martin Kabatnik, Arnold Van Harff, Johann Tucker, Félix Fabri, Edward Robinson y otros. Todos ellos hallaron el país casi vacío, exceptuando las comunidades judías en Jerusalén, Shechem, Hevron, Haifa, Safed, Irsuf, Cesárea, Gaza, Ramleh, Acre, Sidon, Tzur, El Arish, y algunos poblados en Galilea: Ein Zeitim, Pekiin, Biria, Kfar Alma, Kfar Hanania, Kfar Kana y Kfar Yassif. Incluso Napoleón I Bonaparte, habiendo visto la necesidad que la Tierra Santa fuera poblada, tuvo en mente programar un retorno masivo de los judíos de Europa para que se establecieran en el país que él reconocía como de ellos - evidentemente, el emperador no vio a ningún «palestino» reclamando derechos históricos sobre la Tierra Santa, cuyos pocos habitantes eran casi todos judíos.

Además, muchos documentos árabes confirman el hecho que la Tierra Santa era de población y cultura judía a pesar de la Diáspora.

En 985 el escritor árabe Muqaddasi se quejaba que en Jerusalén la gran mayoría de la población era judía, diciendo que "la mezquita está vacía y sin adoradores...".

Ibn Khaldun, uno de los más acreditados historiadores árabes, en 1377 EC escribió:

"La soberanía judía en la Tierra de Israel dura por mas de 1400 años... Fueron los judíos que implantaron la cultura y las costumbres del asentamiento permanente".

Después de 300 años de dominación árabe en la Tierra Santa, Ibn Khaldun testificó que la cultura y las tradiciones judías eran todavía dominantes. En aquél tiempo no había ninguna evidencia de raíces o cultura «palestinas».

El historiador James Parker escribió: "Durante el primer siglo después de la conquista árabe [670-740 EC.], el califa y los gobernadores de Siria y la Tierra [Santa] reinaban enteramente sobre súbditos cristianos y judíos. Aparte de los beduinos en tiempos precedentes, los únicos árabes al oeste del Jordán eran los de las guarniciones".

Aún cuando los árabes dominaron la Tierra desde el 640 EC. Hasta el 1099 EC., nunca fueron la mayoría de la población. Casi todos los habitantes eran cristianos (asirios y armenios) y judíos.

Si los documentos históricos, comentarios escritos por testigos oculares y declaraciones de los estudiosos árabes de mayor prestigio no son aún suficientes, citemos entonces la más importante autoridad para los árabes musulmanes:

"Entonces Nosotros [Alá] dijimos a los Hijos de Israel: 'habitad seguramente en la Tierra Prometida. Y cuando la última admonición pasará, os reuniremos allí en gran multitud'." Qur'an 17:104 -

Todo musulmán sincero debe reconocer la Tierra que ellos llaman "Palestina" como la patria Judía, según el libro que ellos consideran ser el más sagrado y la última revelación de Alá.

Esa tierra a la que algunos se empeñan en llamar Palestina

En el siglo II de la EC, se produjo el último intento de los judíos por lograr la independencia del Imperio Romano terminó con la famosa III Guerra judeo-romana conocida como la Rebelión de Bar Kojba (132–135) y fue la última de las Tres grandes Guerras Judeo-Romanas. La Segunda Guerra Judeo-Romana, fueron los disturbios de los años 115–117, conocidos como la Guerra de Kitos o la Rebelión del Exilio, reprimidos por el general Lucio Quieto, que gobernaba la provincia en esos tiempos y que están históricamente documentados y universalmente reconocidos como los hechos que provocaron la definitiva Gran Diáspora Judía. La primera rebelión fue la que en su día comenzaron  Matatías y sus hijos conocida como la Rebelión de los Macabeos y que después de unos años mezclados entre guerras y periodos de paz por donde pasaron las dinastías seléucida, asmónea y herodiana, Judea pasó a ser definitivamente la provincia romana de sirio-palestina (en alusión a los filisteos), culminando dicha rebelión con la destrucción del Templo por parte de las legiones romanas, especialmente la tristemente famosa X Fretensis, de Tito y los luctuosos, pero heroicos,  hechos de Masada donde se inmolaron los últimos zelotes y sus familias según dejó constancia el historiador judío Flavio Josefo en sus volúmenes “Las Guerras de los Judíos”.

Jerusalén en tiempos de Adriano
La Tierra donde estos sucesos ocurrieron era hasta entonces conocida como la provincia de Judæa, y no existe ninguna mención de algún lugar llamado «Palestina» antes de ése tiempo. El emperador romano Adriano, muy enfadado con la Nación, Judía decidió eliminar el nombre de Israel y de Judá de la faz de la tierra, para que no hubiera más memoria del país que pertenecía a aquél pueblo rebelde. Entonces decidió reemplazar la denominación de aquella provincia romana y recurrió a la historia antigua para hallar un nombre que pudiera ser apropiado, y encontró que un pueblo extinto que era desconocido en tiempos romanos, llamado «filisteos», habitó una vez en ésa área y eran enemigos de los israelitas. Por lo tanto, según la escritura latina, inventó el nuevo nombre: «Palæstina», un nombre que sería también odioso para los judíos recordándoles sus antiguos enemigos. El emperador hizo esto con el propósito explícito de eliminar todo vestigio de la memoria histórica judía. En la ciudad de Jerusalén ordenó que sobre sus ruinas se erigieran dos sendos templos, uno dedicado a Júpiter y otro a Venus. También cambió el nombre de la ciudad por el de «Aelia Capitolina».

Los antiguos romanos, como los modernos «palestinos», han cumplido la Profecía de las Escrituras que declara: "Sobre tu pueblo han consultado astuta y secretamente, y han entrado en consejo contra tus elegidos. Han dicho: 'Venid, y cortémoslos de ser pueblo, y no haya más memoria del nombre de Israel'." - Tehilim 83:3-4 (Salmos 83:3-4). Pero fracasaron, porque Israel ¡todavía vive y existe!.

Toda persona honesta reconoce que no existe mención del nombre Palestina en la historia antes que los romanos cambiaran el nombre a la provincia de Judea. Que tal nombre no se encuentra en ningún documento de la antigüedad, no se halla escrito en la Biblia, ya sea en las Escrituras Hebreas como en el Testamento Cristiano, ni tampoco en registros asirios, o persas, macedonios, ptolemaicos, seléucidas u otras fuentes griegas, y que ningún pueblo «palestino» ha sido jamás mencionado, ni siquiera por los romanos que inventaron el término. Si los «palestinos» supuestamente fueran los habitantes históricos de la Tierra Santa, ¿por qué no combatieron por la independencia de la ocupación romana como hicieron los judíos? ¿Cómo es posible que ningún líder palestino dirigiendo una revuelta contra los invasores romanos haya sido mencionado en algún documento histórico? ¿Por qué no resulta ningún grupo de rebeldes palestinos, como por ejemplo los Zelotes judíos? ¿Por qué todos los documentos históricos mencionan a los judíos como los habitantes nativos, y también griegos, romanos y otros como extranjeros que vivían en Judea, pero no se nombra ningún pueblo «palestino», ni como nativos ni como extranjeros? Es más, no hay ninguna referencia a algún pueblo «palestino» en el qur'an (el Corán), aunque los musulmanes dicen que su profeta estuvo una vez en Jerusalén (un evento que tampoco se menciona en el Corán).

Resulta evidente que el «profeta» nunca encontró ningún «palestino» en toda su vida, ni tampoco sus sucesores. El califa Salahuddin al-Ayyub (Saladino), conoció a los judíos y cortésmente les invitó a establecerse en Jerusalén, que él reconocía como la Patria de ellos, pero nunca vio a ningún «palestino»... ¡Decir que los palestinos son el pueblo original de Eretz Yisrael no está sólo en contra de la historia secular sino también en contra de la historia islámica!

El nombre "Falastin" que los árabes utilizan hoy para decir "Palestina" no es un nombre árabe, sino que ha sido adoptado y adaptado del latín Palæstina. ¿Cómo puede un pueblo árabe tener un nombre occidental en lugar de uno en la propia lengua? Porque el uso del término "palestino" para un grupo árabe es solamente una creación política moderna sin ninguna base histórica o étnica, y no indica algún pueblo antes del 1967.

Un escritor y periodista árabe* declaró:

"Jamás existió una tierra llamada Palestina gobernada por palestinos. Los palestinos son árabes, indistinguibles de los jordanos (otra invención reciente), sirios, iraquíes, etc. Tened en mente que los árabes controlan el 99.9 por ciento del Medio Oriente. Israel representa un décimo del uno por ciento de las tierras. Pero eso es demasiado para los árabes. Ellos quieren poseer todo. Y éste es en definitiva el motivo del conflicto con Israel... No importa cuántas concesiones de territorio los israelíes hagan, nunca será suficiente".

*Joseph Farah, "Mitos del Medio Oriente".

Tomemos en consideración lo que otros árabes han dicho:

"no existe ningún país que se llame Palestina. 'Palestina' es un término inventado por los Sionistas. No hay ninguna Palestina en la Biblia. Nuestro país ha sido por siglos parte de Siria. 'Palestina' es ajena para nosotros. Son los Sionistas que han introducido este nombre". Auni Bey Abdul-Hadi, líder árabe sirio en la British Peel Commission, 1937.

"No existe ninguna cosa llamada Palestina en la historia, absolutamente no".Profesor Philip Hitti, historiador árabe, 1946.

"Es de público dominio el hecho que Palestina no es otra cosa que la Siria meridional".Representante de Arabia Saudita en las Naciones Unidas, 1956 -

En cuanto a la Tierra Santa, el jefe de la delegación Siria en la Conferencia de Paz de París en febrero 1919 dijo:

"La única dominación árabe desde la Conquista en el 635 EC apenas duró como tal 22 años".

Las declaraciones precedentes, hechas por políticos árabes, fueron anteriores al 1967, porque no tenían la más mínima idea de la existencia de ningún pueblo palestino. ¿Cómo y cuándo ellos cambiaron idea y decidieron que tal pueblo existe? Cuando el Estado de Israel renació en 1948, los «palestinos» no existían aún, los árabes todavía no habían descubierto ese “antiguo" pueblo. Estaban muy ocupados con el propósito de aniquilar el nuevo Estado Soberano y no tenían intención de crear ninguna entidad palestina, sino solamente distribuir la tierra entre los estados árabes ya existentes. Fueron derrotados. Trataron nuevamente de destruir Israel en 1967, y fueron humillados en sólo seis días, en los que perdieron la tierra que habían usurpado en 1948. En aquellos 19 años de ocupación árabe de Jerusalén, Judea, Samaria y la Franja de Gaza, ni Jordania ni Egipto sugirieron la idea de crear un estado «palestino», porque los aún inexistentes palestinos jamás habrían reclamado el supuesto derecho de tener un propio estado... ¡Paradójicamente, durante el mandato británico, ningún grupo árabe era llamado «palestino», solo a  los judíos les llamaron así los británicos!

Lo que otros árabes han declarado después de la Guerra de los Seis Días:

"No hay diferencias entre los jordanos, palestinos, sirios y libaneses. Somos todos parte de una misma nación. Es sólo por razones políticas que subrayamos con énfasis nuestra identidad palestina... sí, la existencia de una identidad palestina separada sirve sólo por propósitos tácticos. La fundación de un estado palestino es una nueva arma para continuar la batalla contra Israel". Zuhair Muhsin, comandante militar de la OLP y miembro del consejo ejecutivo de la OLP -

"Ustedes no representan a Palestina tanto como nosotros. Nunca olviden éste punto: No existe tal cosa como un pueblo palestino, no existe ninguna entidad palestina, existe sólo Siria. Ustedes son parte integrante del pueblo sirio, Palestina es parte integrante de Siria. Por lo tanto somos nosotros, las autoridades sirias, los verdaderos representantes del pueblo palestino". El dictador sirio Hafez Assad al líder de la OLP Yassir Arafat

"Cuando yo vivía en Palestina, todas las personas que yo conocí podían trazar su ascendencia hasta el país de origen del cual vinieron sus bisabuelos. Todos sabían perfectamente que sus orígenes no provenían de los cananeos, pero irónicamente, ésta era una de las materias que nuestra educación sobre el Medio Oriente incluye. ¡El hecho es que los palestinos de hoy son inmigrantes de las naciones vecinas! Yo crecí sabiendo perfectamente que la historia y los orígenes de los palestinos de hoy provenían as de Yemen, Arabia Saudita, Marruecos, cristianos de Grecia, sherkas musulmanes de Rusia, musulmanes de Bosnia, y los vecinos jordanos. Mi abuelo, que era un dignatario en Bethlehem, casi perdió su vida ante Abdul Qader Al-Husseni (el líder de la revolución palestina) después de haber sido acusado de haber vendido tierras a los judíos. El nos sabía decir que su pueblo Beit Sahur (Campos del Pastor) en el distrito de Bethlehem era desierto antes que su padre se estableciera allí con otras seis familias. El pueblo ha crecido ahora hasta 30.000 habitantes". Walid Shoebat, un terrorista árabe «ex-palestino»
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martes, 11 de enero de 2011

¿Pueden ser los palestinos descendientes de los filisteos?

En el Creciente Fértil, los grandes procesos migratorios de 2000 a.e.c. fueron protagonizados por pueblos que tenían un hecho diferenciador común, su lengua. Todos ellos hablaban lenguas semitas a diferencia de los otros pueblos cuya lengua es la que hoy se considera indo-aria.

Fue la región de paso de tres grandes civilizaciones y culturas: la hitita, la mesopotámica (sumerios, hurritas, acadios, gutos, babilonios y asirios) y la egipcia. Se trata pues, de una región de gran mestizaje que fue disputada por los grandes imperios y precisamente por eso tenía la posibilidad de mantener cierta independencia aliándose con unos y con otros por conveniencia.

Se establecen dos grandes grupos

Se puede dividir esta corriente migratoria del momento en dos grandes grupos: los amorreos, antecesores de los arameos que se establecieron en la parte meridional, por un lado y, los cananeos, posibles habitantes de la llanura, establecidos en la zona septentrional, por otro. Todo ello al oeste del río Jordán donde vivieron estos dos grandes grupos seminómadas. Esta región no podía controlar amplias zonas de terreno -los que mantuvieron un reino mayor fueron los fenicios gracias a su talasocracia o dicho más claramente la hegemonía económica y política de un pueblo o nación sobre los mares: - y no podían controlarla al no poder hacerle la competencia a los grandes imperios, pero sí a las Ciudades-Estado tales como Jerusalén, Samaria, Bíblos, Tiro, Sidón, Damasco o Trípoli.

Tras la desaparición del imperio Hitita aparecen una serie de ciudades-estado de mayoría aramea  como Sinjerle, Karatepe, Malatia, Damasco; o hurrita e hitita como Karkemish, Marash, Alepo, que vivían del comercio y se mantenían independientes gracias al juego político de Egipto y Mesopotamia.

El uso del término semita se refiere a la lengua hablada

Sobre el asunto de si los de si los filisteos fueron semitas o arios hay que recordar que el término semita fue utilizado por primera vez hacia finales del siglo XVIII para referirse a pueblos citados en la Biblia descendientes de Sem, hijo de Noé. El término semita, desde entonces, hace referencia a los pueblos de lengua semítica. Los antiguos pueblos de habla semítica incluyen a los habitantes de Aram, Asiria, Babilonia, Canaán -incluidos los hebreos- y Fenicia.

Por el contrario los pueblos «arios» son los que hablan lenguas derivadas del indoeuropeo. Esta asimilación de lengua-raza es un abuso que hoy en día ningún historiador ni antropólogo serio puede mantener. El error se gestó en la ciencia del siglo XIX cuando se descubrió que gran parte de las lenguas que se hablan entre la India y Europa provienen de un tronco común. Es la época del romanticismo y el surgimiento de los conceptos actuales de nación, pueblo, raza de los que surgiría el nacionalismo. Pero el que todos esos pueblos hablen una misma lengua (o sus derivados) no tiene nada que ver con la pertenencia a una misma raza. La prueba del nueve la tenemos en la variedad de razas que hoy en día hablan español como lengua materna. Es como si hoy mantuviésemos que el mundo está compuesto por cuatro elementos: agua, fuego, tierra y aire; porque esto era lo que creían los más relevantes sabios griegos.

¿Por qué una lengua que no pertenecía a ninguna de las grandes civilizaciones se extendió tanto? La hipótesis más aceptada es que se trataba de pueblos nómadas comerciantes, y que era a través de su lengua como entraban en contacto con otros pueblos y hacían negocio. Así pues, no habría una raza que hablase indoeuropeo, sino una variedad de pueblos y razas que lo hablaban para poder comerciar. Además, por medio de la conquista dominaron amplias zonas, precisamente para comerciar, y se instalaron en la cúpula de la sociedad. Recordemos que ario significa noble. En ningún caso la conquista de las Ciudades-Estado supuso su desaparición, ya que hubiese supuesto la desaparición de lo que provocó la conquista, su riqueza a través de la posibilidad de hacer negocios. Además, los aportes de población nueva solían ser ridículos, unos pocos miles (o cientos de miles todo lo más). Eso sí, copaban los estratos más altos de la sociedad, asimilándose en costumbres y cultura a la población autóctona. Ellos, desde su posición privilegiada, extendían su manera de expresarse. Creer que un pueblo nómada, o los pueblos del Mediterráneo y centro Europa, por los que han pasado cientos de pueblos migrando, son genéticamente puros es una idiotez. Eso incluye a los judíos.

Los actuales semítico-parlantes son los árabes y los judíos. Los filisteos aparecen en el siglo XII a. C., tras las invasiones de los «pueblos del mar», seguramente procedentes de Creta y aunque ese extremo no está lo suficientemente probado parece ser la tesis más estable. Ocupan la franja del Canaán septentrional o marítimo en la que florecieron diversas ciudades Estado  como Ecrón, Asdod, Ascalón, Gat, Gaza. En realidad parece cierto que fueron los cretenses quienes enseñaron a navegar a los amorreos. El centro de esa actividad fue Ugarit, que permitió la penetración hacia el interior. Mantuvieron durante mucho tiempo un monopolio sobre el hierro.

 Sin embargo, en tiempo de los romanos quedaron totalmente asimilados a los pueblos de habla semitas, tanto por raza como por lengua.

El actual nombre de Palestina deriva precisamente del nombre que le dieron a la región los romanos en referencia a la tierra de los filisteos (Pelishtim). Tras la destrucción de Jerusalén en el año 70, los romanos consideraron que en esa tierra sólo quedaban filisteos al haber sido expulsados los judíos de la misma.

Estudios realizados sobre la procedencia de los filisteos

La palabra filisteo viene derivada del hebreo: פְלִשְׁתִּים, pəlištīm lit. 'invasores'. Algunos estudiosos de la Biblia del siglo XIX identifican la tierra de los filisteos (Philistia) con Palastu y Pilista en las inscripciones asirias.

Después de lo que los textos egipcios describen como una derrota, los filisteos se instalaron en una franja costera que iba desde la actual Tel Aviv hasta la actual frontera egipcia. Las circunstancias de este establecimiento siguen siendo imprecisas. El Papiro Harris I9 indica que Ramsés III, tras haber vencido a los «pueblos del mar», los encarceló en Egipto antes "de instalarlos en los bastiones, construidos en [su] nombre" y de someterlos a pagar impuestos. Algunos vieron en esta referencia una mención al asentamiento de los filisteos en la franja costera de Canaán, que perteneció por largo tiempo a Egipto; sin embargo, el vínculo entre ambos eventos es incierto, debido a la falta de precisión geográfica y étnica del texto.

A partir del siglo XII a.e.c., el establecimiento de los filisteos en el suroeste de Canaán está bien testimoniado por sus cerámicas, así como por los textos egipcios y asirios. En la actualidad, es imposible determinar si este asentamiento fue hecho sobre un territorio otorgado por los egipcios o conquistado por los filisteos; sin embargo, si "la capa [arqueológica] que correspondería a la última dominación egipcia de Canaán, bajo el reinado de Ramsés III, no contenía ninguna evidencia de las primeras clases de vasos filisteos decorados [...], los primeros niveles filisteos no revelaban ninguna huella de presencia egipcia: ni un solo vaso o casco de botella egipcio. Además, las dos capas están completamente separadas". Esta ruptura arqueológica puede hacer pensar en una ruptura comercial auténtica, lo que implicaría una ruptura política igualmente real, es decir, una conquista más que una implantación por acuerdo mutuo.

Entonces, los filisteos ocuparon las cinco ciudades de Gaza, Ascalón, Asdod, Ecrón y Gat, a lo largo de la franja costera del suroeste de Canaán, la cual pertenecía a Egipto hasta los últimos días de la Decimonovena Dinastía (1185 a.e.c.). Las historias bíblicas de Sansón, Samuel, Saúl y David incluyen relatos de los conflictos entre los filisteos y los israelitas.

Los filisteos introdujeron el empleo del hierro, cuya manufactura fue posiblemente adquirida en su paso por Anatolia, en especial, de los hititas. El monopolio de este metal les confirió una superioridad militar durante siglos. Así, la descripción bíblica de la armadura de Goliat es consistente con su tecnología herrera.

Su organización política fue una pentarquía, por la cual existía un príncipe para cada uno de sus cinco centros de gobierno en Asdod, Ascalón, Gat, Ecrón y Gaza.

Al igual que la definición etno-lingüística de los filisteos antes de su establecimiento en Canaán no es bien conocida, su definición etno-lingüística posterior es igualmente difícil, tomando en cuenta la falta de fuentes textuales. De hecho, se han desarrollado dos grandes tesis sobre el tema. La primera se fundamenta, por ejemplo, en los nombres y palabras no semíticas citadas por la Biblia, para sostener que los filisteos conservaron por largo tiempo un particularismo étnico y lingüístico. Para la otra corriente, los filisteos se mezclaron precozmente con las poblaciones cananeas locales.

La arqueología muestra en efecto una influencia de las culturas cananeas anteriores o vecinas. El Primer Libro de Samuel indica que uno de sus dioses era Dagón: "Cuando los filisteos capturaron el Arca de Dios, la llevaron desde Eben-ezer a Asdod. Tomaron los filisteos el Arca de Dios, la metieron en la casa de Dagón y la pusieron junto a Dagón".  No obstante, Dagón era el dios semítico de la vegetación, de las cosechas y de los cereales, cuyo culto estaba muy extendido en el Oriente Próximo, de ahí que los filisteos lo hubieran adoptado como su divinidad principal. En esta hipótesis Filistea se convirtió rápidamente en un término que designaba a un pueblo fuertemente mezclado y física y culturalmente al entorno cananeo, los términos como Seren o los nombres como Goliat, sin origen semítico, quedan como reliquias lingüísticas aisladas. De hecho, los términos de poder y los nombres sobreviven a menudo por más tiempo que los otros.

En ausencia de fuentes incontestables sobre la lengua filistea de la época tardía, el estatus preciso de las poblaciones tardías y sus relaciones étnicas, religiosas y lingüísticas con los primeros filisteos de las crónicas egipcias siguen siendo discutidas.

Los filisteos-palestinos

Entonces si es del término «filisteo» de donde deriva el nombre «palestino», sí se podría considerar que los palestinos, de ser cierta la conjetura, descenderían de ese pueblo. Y si admitimos que filisteo se deriva de la palabra semítica «peleshet», del verbo «pelesh» cuyo significado es intruso o invasor, según el contexto, entonces cabe la posibilidad de que tal hipótesis sea cierta pues al igual que antaño los filisteos, hoy los palestinos pueden ser considerados intrusos o invasores.

Pero hay más. Los filisteos eran una confederación de pueblos no-semíticos provenientes mayoritariamente de Creta, de las islas del Egeo y de Asia Menor, conocidos también como "Pueblos del Mar". Las principales tribus eran Tzekelesh, Shardana, Akhaiusha, Danauna, Tzakara, Masa o Meshwesh, Lukki, Dardana, Tursha, Keshesh o Karkisha, Labu e Irven. La patria original del grupo dominante en la federación filistea, o sea los "pelesati", era la isla de Creta. Cuando la civilización minoica colapsó, también la cultura minoica desapareció de Creta pues los invasores griegos tomaron el control de la isla. Estos antiguos cretenses que llegaron al sur de Canaán eran conocidos como "pelestim y keretim" por los hebreos y cananeos que se unieron para combatir a los invasores. El primer asentamiento filisteo parece haber sido en Gaza, cuyo nombre original fue "Minoah", una clara referencia al caído reino minoico. También invadieron Egipto y fueron derrotados por el faraón Ramsés III en el siglo XII a.e.c.

Los filisteos estaban organizados en ciudades-estado, siendo el núcleo principal la Pentápolis: Gaza, Ashdod, Ashkelon, Gath y Ekron, y su territorio era sobre la costa del Mediterráneo, un poco más amplio que la actual "Franja de Gaza" - ¡no la entera Judá ya que jamás llegaron a conquistar Hebrón, Jerusalén o Jericó!

Los Pueblos del Mar que invadieron Egipto fueron expulsados hacia otras tierras del Mediterráneo y no evolucionaron para pasar a ser ningún pueblo árabe, sino que desaparecieron y ya no eran más reconocibles en tiempos de los romanos. Aquellos que vivían en Canaán fueron derrotados por el Rey David y reducidos a la insignificancia, los mejores guerreros de ellos fueron elegidos por David como su guardia personal. Los filisteos que aún quedaron en Gaza fueron sometidos por Sargón II de Asiria y después de aquél tiempo, desaparecieron definitivamente de la historia. Nunca más fueron mencionados desde el retorno de los judíos de Babilonia.

Conclusión: No hay un solo ser humano en el mundo capaz de probar su ascendencia filistea, sin embargo, si los «palestinos» insisten, deberían reconocerse a sí mismos como invasores en Israel, y deberían a su vez reclamar a Grecia que les devolviera la isla de Creta que esa sí sería su auténtica patria.

Los filisteos se extinguieron y toda alusión a una supuesta relación genética con ellos es completamente falsa o poco probable pues es históricamente imposible de establecer dicha relación de descendencia. En todo caso, reclamar una heredad filistea es inútil pues no puede legitimar ninguna tierra en la cual ellos han sido ocupantes extranjeros y no habitantes nativos. Los filisteos no eran árabes, y la única característica en común entre ambos pueblos es que en Israel deben ser considerados como invasores, los filisteos desde el mar y los árabes desde el desierto. Ellos no quieren a Jerusalén porque sea su ciudad, que no lo es y no lo ha sido nunca, ellos simplemente quieren quitársela a los judíos, a quienes siempre ha pertenecido por más de tres mil años.

Los filisteos trataron de quitar a los israelitas el Arca del Pacto, de la Alianza, los palestinos modernos tratan de quitarles la Ciudad Santa del Pacto.

Los palestinos no son ningún pueblo antiguo, aunque lo digan. Ellos nacieron en un solo día, después de una guerra que duró seis días en 1967. Si ellos fueran verdaderos cananeos, hablarían en hebreo y reclamarían a Siria que les dé las tierras ocupadas en el Líbano, pero no lo son. Si fueran filisteos, reclamarían la isla de Creta a Grecia y reconocerían que no tienen nada que ver con la Tierra de Israel y pedirían excusas a Israel por haber robado el Arca de la Alianza.

¿Por qué se empeñan en llamar Palestina lo que debería llamarse, en todo caso, Canaán?

Como os decía en el artículo anterior los que se hacen llamar «palestinos» son en realidad un pueblo árabe. La gran mayoría de ellos, en su origen, provienen de Jordania, nombre inventado después de la I Guerra Mundial cuando los británicos se hicieron cargo de su protección y administración.

Finalizada la Guerra de los Seis Días en la que Israel derrotó de manera aplastante a la coalición árabe, los habitantes de esas regiones sufrieron un cambio radical en el que se convirtieron, de la noche a la mañana, en «palestinos» independientemente de la nacionalidad que antes tuvieran. Está claro que al construirse una nueva identidad nacional debían, como mínimo, crearse una historia y optaron por apropiarse de las historias de la antigüedad de los pueblos que habitaron en el Creciente Fértil: los cananeos y los filisteos.
Los cananeos

Este pueblo históricamente reconocido fue el primero en habitar lo que hoy venimos a llamar la Tierra de Israel (Eretz Yisrael, en hebreo) y por lo tanto anterior a otros muchos pueblos que se establecieron posteriormente incluido el pueblo hebreo. Así pues el autentico nombre geográfico de esta parte del Planeta es Canaán pero jamás Palestina nombre impuesto por los romanos con el fin de acabar con cualquier recuerdo de la tierra de los judíos como veremos más adelante.

Territorialmente los cananeos se distribuyeron  dos grupos: los septentrionales o cananeos de la costa y los meridionales o cananeos de la montaña.

Los cananeos septentrionales poblaban la costa oriental del Mar Mediterráneo desde la parte sudoriental del golfo de Iskenderun hasta las proximidades del golfo de Haifa, prácticamente lo que hoy es la costa libanesa y parte de la costa israelí. Sus principales ciudades fueron Tzur (Tiro), Tzidon (Sidón), Gebal (Byblos), Arvad, Ugarit, y fueron más conocidos en la historia por su nombre griego, Fenicios, aunque ellos a sí mismos se llamaban: "Kana'ana" o "Kinajnu". No se constituyeron ni fundaron ningún reino unificado sino más bien se organizaron en ciudades-estado  autónomas, y tampoco fueron un pueblo guerrero sino hábiles comerciantes, navegantes y constructores. Los fenicios hablaban el arameo, idioma que adoptaron de sus vecinos semitas, lengua que era estrechamente emparentada con el hebreo, no con el árabe o el nabateo. Fenicios e israelitas no necesitaban intérpretes para entenderse. Les tocó el mismo destino que al antiguo Reino de Israel y cayeron bajo la dominación asiria, luego babilónica, persa, macedonia, seléucida y romana.

A través de la historia los fenicios se mezclaron con diferentes pueblos que habitaron en su tierra, principalmente griegos y armenios. Durante la expansión islámica fueron arabizados, sin embargo, nunca fueron completamente asimilados, y su actual nación es el Líbano, erróneamente considerada como un país árabe, una etiqueta que el pueblo libanés rechaza. A diferencia de los estados árabes, el Líbano tiene un nombre oficial en estilo democrático-occidental, República del Líbano, sin el adjetivo "árabe" que se requiere en la denominación de todo estado árabe. La única mención del término árabe en la constitución libanesa se refiere a la lengua oficial del estado, lo que no significa que el pueblo libanés sea árabe, en la misma manera que el idioma oficial de la Argentina es el español sin que esto califique a los argentinos como españoles.

Los comúnmente llamados «palestinos» no son libaneses, aunque algunos de ellos provengan del Líbano ocupado por Siria, por lo cual no son fenicios o cananeos. De hecho, en Líbano los palestinos son "refugiados" y no se identifican con la población local y constituyen el núcleo duro de Hizbulláh luego, en su gran mayoría, son terroristas.

Los cananeos meridionales habitaron en la región montañosa desde el Golán hacia el sur, en ambos lados del río Yarden (el Jordán) y sobre la costa del Mediterráneo desde el golfo de Haifa hasta Yafo (la actual Tel Aviv), que es el Canaán bíblico. Consistían en varias tribus de extracciones diferentes. Además de los cananeos propiamente dichos, (fenicios), estaban los amorreos, hititas y pueblos hurritas como los jebuseos, heveos y horeos, todos ellos asimilados dentro del contexto arameo-cananeo. Nunca constituyeron un estado unificado ni organizado, sino que se mantuvieron dentro de un sistema de alianzas tribales.

Cuando los primeros hebreos llegaron a Canaán compartieron la tierra pero no se mezclaron, porque estaba  prohibido a la familia de Abraham contraer matrimonio con cananeos. Sin embargo, once de los doce hijos de Yaakov tomaron mujeres cananeas (el otro hijo tomó una egipcia), y desde entonces, las Tribus de Israel comenzaron a mezclarse con los habitantes locales. Después del Éxodo, cuando los israelitas volvieron a territorio cananeo, hubo algunas guerras entre ellos en todo el periodo de los Sofetim (Jueces), hasta que los cananeos fueron definitivamente sometidos por el Rey David. En aquél tiempo, la mayoría de los cananeos estaban emparentados con los israelitas, otros voluntariamente aceptaron la Torah y pasaron a ser judíos, otros se unieron al ejército de Israel o de Judá. En efecto, los cananeos son raramente mencionados durante el periodo de los Reyes, generalmente en referencia a sus costumbres paganas que introdujeron entre los israelitas, pero ya no como un pueblo distinto, porque habían sido completamente asimilados dentro de la nación israelita. Cuando los asirios invadieron el Reino de Israel, no dejaron aparte ningún cananeo, pues ya habían pasado a ser todos israelitas en aquél tiempo. Lo mismo sucedió cuando los babilonios deportaron la población del Reino de Judá.

Por lo tanto, el único pueblo que puede trazar un linaje que conduzca hasta los antiguos cananeos son los judíos, no los «palestinos», porque los cananeos no existieron después del siglo VIII a EC y no fueron exterminados sino asimilados por el pueblo judío.

Conclusión: los palestinos no pueden reclamar ninguna descendencia de los antiguos cananeos y en tal caso, ¿por qué no pretenden también los «territorios ocupados» por Siria, es decir, el Líbano que si fueron cananeos en su origen? ¿Por qué no hablan el idioma semítico de los antiguos cananeos, que era el hebreo?  Sencillamente ¡porque no son cananeos como tampoco son hebreos!

domingo, 9 de enero de 2011

¿Tienen razón los palestinos o es una invención del siglo pasado?

En este estudio analítico trataré al máximo de ser objetivo y neutral al demostrar el verdadero origen e identidad del pueblo árabe generalmente conocido como «palestino».

Dados los innumerables mitos imprecisos, algunos inciertos, de dudosa procedencia me basaré únicamente en evidencias arqueológicas y de rigor histórico así como de documentos reales, incluso de fuentes árabes, citando declaraciones de reconocidas personalidades  del mundo islámico.

Hoy en día se ha dado valor de veracidad a numerosas leyendas –o más exactamente a mentiras malintencionadas-  sobre el origen de los palestinos como nación. Esa fábula se oye constantemente en los medios de comunicación, tanto occidentales como islámicos, aseverando que los verdaderos y genuinos propietarios, por derecho histórico, del territorio que hoy conforma la Tierra de Israel son los palestinos, ocultando de esa forma tan infame la auténtica realidad. Por ejemplo, cada vez que se nombra el Monte Sión, el Muro de los lamentos, Jerusalén o la cúpula de la Roca: la mezquita de Al Aqsa, se resalta vivamente que se trata del tercer lugar santo para los musulmanes, pero ¿por qué nunca se dice que ese lugar, el Kotel, el Muro de los Lamentos, es el primer lugar santo y de oración para los judíos? Sin lugar a dudas porque la información está mediatizada por consignas claras y precisas en contra del Estado de Israel, de sus intereses y de su pueblo.

Que una información se esté dando de una forma parcial y sesgada no quiere decir, por mucho que se repita infinidad de veces, que sea cierta puesto que, de entrada, adolece de objetividad y neutralidad. Es por ello que me he decidido a presentar a la opinión pública este análisis.

Trataré de demostrar que no existe un conflicto palestino-israelí al igual que no existe una nación palestina, en todo caso se podrá hablar del conflicto árabe-israelí el cual se inició en las postrimerías del siglo XIX cuando los primeros judíos comenzaron a emigrar a «Eretz Yisrael», la Tierra de Israel, desde Centro-Europa y de la Rusia Zarista huyendo de «pogromos» y de persecuciones masivas e injustificadas.

Origen identitario que pretenden los palestinos

Un solo día bastó para el nacimiento del pueblo palestino. Jordanos, libaneses y egipcios de procedencia se dieron cuenta que se acostaron con una nacionalidad y despertaron con otra. Un fenómeno sobrenatural único en la Historia de la Humanidad. He aquí el testimonio de un ex miembro del grupo terrorista OLP, Walid Shoebat, contestándose a la pregunta que él mismo se hacía al reconocer la mentira por la cual estaba combatiendo:

 «¿Por qué el 4 de junio del 1967 yo era un jordano y de repente al otro día me transformé en un palestino?
A nosotros no nos importaba que hubiera un gobierno jordano. La enseñanza de que debíamos lograr la destrucción total de Israel era parte definida en nuestro currículum, pero nos considerábamos a nosotros mismos como jordanos hasta que los judíos regresaron a Jerusalén. Entonces improvisadamente, todos éramos palestinos - quitaron la estrella de la bandera de Jordania y en un momento tuvimos la bandera palestina.
Cuando finalmente me di cuenta de las mentiras y mitos que me enseñaron, es mi deber como persona honesta desenmascararlos»

Cualquier observador neutral al leer o escuchar las declaraciones de Walid evidencia el engaño al que tanto él como el resto de sus compañeros de armas fueron sometidos.

De hecho jamás ha existido tal cosa como el «pueblo palestino», la cultura palestina, la lengua palestina o la historia palestina. Esos hechos diferenciadores que germinan en una Nación común a un pueblo no ha existido nunca. Nunca existió un «Estado Palestino» ni jamás se encontraron restos arqueológicos de procedencia palestina. Tampoco se han encontrado restos de que  acuñaran moneda. Ni un solo vestigio de la existencia del presumiblemente «pueblo palestino».

Los actuales «palestinos» son, todos ellos, de procedencia árabe, de cultura árabe, de lengua árabe y de historia árabe. Los árabes tienen sus propios países y es de esos mismos países desde donde emigró o fue expulsado el hoy mal llamado «pueblo palestino» y esa es la auténtica verdad histórica. La llegada masiva de árabes a finales de la década de los noventa del siglo XIX intentó, por todos los medios, frenar la incipiente emigración de judíos que huían del hambre y la miseria a las que le avocaban  los gobiernos centroeuropeos y zaristas de entonces, retornando, una vez más, a la Tierra Prometida: a Canaán

miércoles, 5 de enero de 2011

JUDÍOS EN SEFARAD

«Mosaico secular de culturas, la Península Ibérica atesora entre su valioso legado colectivo la huella que dejó la vida cotidiana de los viejos judíos españoles, expulsados en 1492 por los Reyes Católicos. Costumbres, leyendas y laberínticos trazados urbanos conforman esa singular herencia, cuyos vestigios se pueden aún rastrear entre umbrías callejas y sinagogas hoy reconvertidas en iglesias o museos. No sólamente eran unas comunidades minúsculas, sino auténticos gobiernos autónomos: las aljamas. En ellas contaban con sus rabinos, cementerios, baños rituales, carnicerías, hornos comunitarios, tribunales y hasta con hospitales para peregrinos y pobres»

JUDIOS EN ESPAÑA
La huella nostálgica de Sefarad
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JOSE PAZ SAZ

A veces sorprende escuchar en un documental televisivo el habla, entre arcaica y barroca, de algún sefardí descendiente de aquellos judíos expulsados en 1492 de España. Los sefardíes aprendieron la lengua de sus mayores con una obstinación que puede parecernos casi mesiánica, como si quisieran confirmar esa sospecha platónica que dice que aprender es recordar. Del encuentro entusiasta entre un paisaje y una mirada, después convertida en memoria y palabras, han surgido quizá las más grandes elegías de la literatura.
Es posible que la tradición oral sefardita, transmitida de padres a hijos, buscara atrapar desesperadamente en el tiempo esas ciudades españolas que tuvieron que dejar y hacerlas imaginarias, volverlas inmortales y dar noticia de su desaparición. Hasta conseguir que sus descendientes hablen todavía hoy de aquel país con el convencimiento de que su nombre es casi lo único que permanece indemne: Sefarad. Rastros de la España judía quedan diseminados por doquier.

TOLEDO, LA GRAN JUDERIA DE OCCIDENTE
Fue el centro espiritual y administrativo del judaísmo occidental. Sus filósofos, científicos, traductores, recaudadores, poetas y comerciantes alcanzaron renombre universal y se convirtieron en representantes de los judíos españoles frente a la monarquía visigoda. A fines del siglo XIV había en Toledo al menos 10 sinagogas y cinco casas de oración y estudio, muestra de la influencia y poder que alcanzó la comunidad hebrea.
Santa María la Blanca, la sinagoga mayor, fue declarada monumento nacional a mediados del siglo XIX y es un edificio de estilo mudéjar con claras influencias almohades. Su bosque de columnas nos recordará a Córdoba y la mezquita-catedral. En los números 13 y 15 de la calle del Angel, viejo corazón de la judería, encontraremos los restos de unos baños rituales. Lo mismo que en la Sinagoga del Tránsito o de Samuel ha-Leví Abulafia, tesorero real de Pedro I de Castilla, que la mandó edificar en 1356, cuando ya regía la prohibición de construir nuevos templos. Conserva unas valiosas inscripciones hebraicas en las yeserías de sus muros y una rica techumbre en madera de cedro decorada con estrellas de ocho puntas. Desde 1964 acoge el Museo Sefardí: calle Samuel Leví, s/n. (925 22 36 65). Horario: laborables, de 10 a 13:45 y de 16 a 17:45 horas; festivos, de 10 a 13:45 horas. Lunes, cerrado. Precio: 400 pesetas. Sábados tarde y domingos entrada gratuita. Sinagoga de Santa María la Blanca: calle Reyes Católicos, 4. (925 22 72 57). Horario: de 10 a 14 y de 16 a 18 horas. Precio: 200 pesetas. Oficina de Turismo: 925 22 08 43.

CORDOBA, JUDIOS EN AL-ANDALUS
La aljama cordobesa guarda en sus calles sinuosas y estrechas el sabor de casco histórico propio del urbanismo medieval. Encajonada entre las puertas de Almodóvar, Campo Santo de los Mártires y la mezquita-catedral, la judería presenta el típico trazado islámico con dos calles transversales centrales y un laberinto de pequeñas calzadas que acaban, a veces, en callejones sin salida. El judaísmo en Al-Andalus conoció momentos de esplendor entre los siglos X y XII, y mantuvo una significativa influencia tras la conquista cristiana de Córdoba por Fernando III en 1236.
Acotada por una tapia de pobre aspecto, siguiendo la tradición oriental de todo hacia el interior, la sinagoga cordobesa es una pequeña joya mudéjar construida en 1315 por Isaq Moheb. Conserva la sala de oración, un tabernáculo para guardar los rollos de la Torá y la galería de mujeres, sobre la entrada. Sinagoga: calle Judíos, 20. (957 20 29 28). Horario: de martes a sábado, de 10 a 14 y de 15:30 a 17:30 horas. Domingos y festivos, de 10 a 13:30 horas. Entrada gratuita.
Torre de la Calahorra. Museo Vivo de Al-Andalus (Fundación Roger Garaudy): calle Puente Romano, s/n. (957 29 39 29). Horario: todos los días, de 10 a 18 horas. Precio: 500 pesetas; jubilados y estudiantes: 400 pesetas. Oficina de Turismo: 957 20 05 22.

GIRONA, MAESTROS DE LA CABALA
El call gerundense, con su empinado entramado de calles que desembocan junto a la catedral, sugiere un evocador paseo por el espacio de la antigua aljama. Los datos históricos desvelan una presencia judía de más de 500 años: notables familias dedicadas al comercio, la gestión económica y la cultura.
Así, su escuela cabalística, desarrollada por Nahmánides ­también conocido como Bonastruc ça Porta, Gran Rabí de Cataluña­, alcanzó gran renombre y proyección. Nahmánides escribió tratados didácticos que difundieron los conocimientos científicos de su tiempo y fue el primer poeta cabalístico español. La Escuela de la Cábala dejaría después de él un reguero de nombres ilustres, como David Kimhí, Abben Tibon, Jonás Ben Abraham e Isaac Haleví. La progresiva recuperación del conjunto histórico judío de la ciudad ha sido realizada por el Patronato Municipal Call de Girona, de la mano del Centro Bonastruc ça Porta. Su sede se encuentra en una casa situada en la calle de la Força, columna vertebral del call, en el lugar donde se levantó la última sinagoga.
Se accede a ella por un inverosímil callejón y cuenta con un recoleto jardín, una serie de salas de exposiciones y la biblioteca del Instituto de Estudios Nahmánides. En el futuro sus instalaciones acogerán el Museo de Historia de los Judíos en Cataluña. Centro Bonastruc ça Porta: calle Sant Llorenç, s/n. (972 21 67 61). Horario: laborables de 10 a 18 horas, domingos y festivos, de 10 a 15 horas. callgirona grn.es. Precio: 200 pesetas. Del 25 de octubre al 3 de noviembre se organizará la exposición de litografías Sinagogas en gloria y ruina. Oficina de Turismo: 972 22 65 75.

BESALU, BAÑOS DE PURIFICACION
Declarado monumento histórico-artístico, el conjunto medieval de esta población de la comarca de La Garrotxa (Girona) guarda una sorpresa en su subsuelo: los restos íntegros de un miqvé o baño de purificación judío. Fue descubierto casualmente en 1964 y en Europa sólo se conservan otros dos baños rituales similares.
Se trata de una sala subterránea situada en el lugar donde probablemente se hallaba la sinagoga del call de Besalú: los judíos lo utilizaban para la purificación física y espiritual previa a alguno de los momentos importantes de su vida. Oficina de Turismo: 972 59 12 40. Horario: todos los días de 10 a 14 y de 16 a 17 horas. Hay que pedir la llave de acceso al miqvé.

SEGOVIA, LOS SIETE ARCOS
En el siglo XIII, la comunidad judía suponía una parte importante de la población segoviana. Durante el siglo XIV los judíos estaban diseminados por toda la ciudad y sus arrabales, en casas arrendadas al cabildo catedralicio, si bien ya se detectaba un mayor número de ellos en torno a la Almuzara y a San Miguel. El barrio judío se localiza entre la antigua Sinagoga Mayor, reconvertida desde 1428 en iglesia del Corpus Christi, y la Canongía, y estaba delimitado por siete arcos de ladrillo. Tres de ellos se situaban en las manzanas destruidas en 1525 para construir la catedral.
La calle Mayor, hoy de la Judería Vieja, es el eje que guía cualquier recorrido por la misma y acaba en la Plaza del Rastrillo, donde se junta con la calle de la Judería Nueva. Oficina de Turismo: 921 46 03 34.

CACERES, UN RINCON INTRAMUROS
La judería vieja de Cáceres está en el barrio de San Antonio de la Quebrada. Su extensión no es muy grande, contrastando sus casas bajas y encaladas con el monumental entorno que gira alrededor de la Plaza de las Veletas y la de San Jorge. En el siglo XV, pocos años antes de la expulsión, se estima que la comunidad judía suponía una décima parte de la población. Hoy apenas quedan restos: la sinagoga fue derribada en 1470 para construir la ermita de San Antonio de Padua. La Judería Nueva creció en 1478 alrededor de la actual Plaza Mayor. Turismo: 927 24 63 47.
Entre las principales aljamas de la provincia de Cáceres se encuentra Trujillo. Su judería está situada en el Corral del Rey, en una esquina de la famosa y monumental Plaza Mayor.