sábado, 23 de octubre de 2010

JONATÁN APPHUS

Líder de la insurrección judía contra el poder seleúcida (161 a. EC. - 142 a. EC.). Era uno de los cinco hermanos Macabeos, hijos del sacerdote Matatías. Jonatan, de sobrenombre Apphus (πφος [siríaco,] = “el simulador”, “el diplomático”, en alusión a un rasgo prominente en él, (Macc. ii. 5). A la muerte de su hermano Judas Macabeo, el puñado de hombres que aún permanecían fieles a la política nacionalista de Judas eligió como líder a Jonatán. Juan, el mayor de los hermanos, fue poco después muerto por los árabes cerca de Madaba, y Jonatán con su pequeño ejército escapó de las manos de Báquides sólo cruzando a nado el Jordán. Su causa parecía desesperada. Gradualmente, sin embargo, el número de adeptos se incrementó y los helenistas fueron de nuevo obligados a pedir ayuda. Báquides volvió y asedió a los rebeldes en Bethbessen; pero disgustado de su escaso éxito volvió a Siria. (I Mac. 9,23-72).
Demetrio I, Soter

Fue un hábil político, que supo jugar con los conflictos dinásticos del reino sirio en beneficio propio. Durante los siguientes cuatro años Jonatán fue prácticamente el amo del país. Comenzó entonces una serie de luchas por la corona siria, que Jonatán aprovechó tan bien que mediante una sagaz diplomacia obtuvo más que su hermano había sido capaz de ganar con su estrategia y sus victorias. Ambos (pretendientes)  Demetrio I y su oponente Alejandro Balas, buscaron ganarlo para su facción.  Jonatán tomó partido por Alejandro. Consiguió adueñarse de Jerusalén de manera permanente, lo que desembocó en su nombramiento como Sumo Sacerdote en 152 a. C. por el pretendiente seleúcida Alejandro I Balas, que poco después conseguiría imponerse en el trono de Siria.

Tres años después, en recompensa por sus servicios, Alejandro le confirió la autoridad civil y militar sobre Judea (I Mac., 9,73-10,66). En el conflicto entre Alejandro y Demetrio II Jonatán de nuevo apoyó a Alejandro, y a cambio recibió la ciudad de Acarón con su territorio.(I Mac., 10,67-89), también consiguió la cesión de Eqron, Efraím, Lidda y Ramatain por parte de Alejandro y, posteriormente fue confirmado por su sucesor, Demetrio II.

Tras la caída de Alejandro, Demetrio citó a Jonatán a Ptolemaida para responder por su ataque al Acra; pero en vez de castigarle Demetrio le confirmó en sus dignidades, e incluso le concedió tres distritos de Samaria. Habiendo prestado Jonatán una eficaz ayuda en reprimir una insurrección en Antioquia, Demetrio prometió retirar la guarnición siria del Acra y de otras plazas fuertes de Judea. Como incumplió su promesa, Jonatán se pasó al partido de Antioco VI, hijo de Alejandro Balas, cuyas pretensiones estaba sosteniendo Trifón. Jonatán fue confirmado en todas sus posesiones y dignidades, y Simón nombrado comandante del litoral. Mientras prestaban una valiosa ayuda a Antioco los dos hermanos tuvieron ocasión de reforzar su propia posición. Diodoto Trifón temiendo que Jonatán pudiera interferir en sus ambiciosos planes traidoramente le invitó a Ptolemaida y le hizo prisionero ( I Mac., 11,19-12,48). Un tiempo después lo asesinó en Baskamá, territorio de Transjordania.

El poder pasó a manos de su hermano Simón Macabeo, que le erigió un grandioso mausoleo en la población de Modín, su ciudad natal.
Mausoleo de los Macabeos en Modín

martes, 19 de octubre de 2010

PARA EL VATICANO EL «MEIN KAMPF» ES UN CUENTO DE HADAS ESCRITO POR ADOLFO HITLER.

EL VATICANO ESTÁ EN DESACUERDO CON CASTIGAR POR LEY 
A LOS QUE NIEGUEN EL HOLOCAUSTO
Ubicación de los campos de exterminio durante el IIIer. Reich
Redacción | Publicado el 19 octubre, 2010

La propuesta de castigar la negación del Holocausto por ley efectuada el pasado viernes por el presidente de la comunidad judía de Roma, Riccardo Pacifici, no ha sido bien recibida por la Santa Sede, que asegura en su diario oficial que esa “no es la vía correcta”.
El Vaticano abre el debate de si se debe castigar por ley o no a los que niegan el Holocausto, en un artículo que saldrá publicado en su diario oficial L´Osservatore Romano y titulado “La historia no es cierta por ley. Dudas de la comunidad intelectual sobre la propuesta de introducir en Italia el delito de negacionismo”.

“Negar el Holocausto es un hecho gravísimo y vergonzoso, pero prohibir por ley a quien sostiene esta tesis y establecer lo que es históricamente cierto a través de una norma jurídica no es la vía correcta. Es más, sería contraproducente: en democracia la censura no es un medio correcto”, sostiene el rotativo.

Este argumento es, “en síntesis, la reacción de los historiadores a la propuesta de introducir en Italia el delito penal de negacionismo”, añade L´Osservatore.

La propuesta fue realizada por el presidente de la comunidad judía de Roma a través del diario La Repubblica, en vísperas del aniversario de la deportación de los judíos acaecida el 16 de octubre de 1943.

Pacifici hizo este llamamiento tras varios episodios de negacionismo, como el discurso pronunciado por el profesor Claudio Moffa en la Universidad de Teramo, en el que dijo que “no hay ningún documento de Hitler en el que dijese que había que exterminar a todos los judíos”.
La petición fue recogida por el presidente de la Cámara de Diputados, Gianfranco Fini, quien manifestó su apoyo para preparar “lo más pronto posible una iniciativa legislativa que luche contra los irresponsables profetas del negacionismo”.

Asimismo, el presidente del Senado, Renato Schifani, mostró su disponibilidad para discutir en breve tiempo la propuesta legislativa.

“La posición de la mayoría de los historiadores se contrapone a las apreciaciones del mundo político”, subraya L´Osservatore Romano.




Dada la estupidez y la miopía del L'Observatore Romano, órgano oficial del Vaticano, me permito hacer una breve síntesis de los pensamientos del propio Hitler con respecto a los judíos, España, el Islam y la Iglesia.

Lo que opinaba Hitler sobre los judíos y la “solución final”

El primer testimonio de Hitler sobre la cuestión judía se encuentra en una carta escrita en septiembre de 1919: utilizando la terminología biológica que frecuentemente desplegaría, declaró que las actividades de los judíos «producían «una tuberculosis racial en las naciones». Afirmó categóricamente que los judíos eran una raza, no una religión. El antisemitismo como movimiento político, declaró, debería basarse en la «razón», no en la emoción, y debería conducir a la eliminación sistemática de los derechos de los judíos. Sin embargo, concluía, el «objetivo final», que sólo podía alcanzarse con un gobierno de «fortaleza nacional» tenía que ser la «eliminación completa de los judíos».
·         Ian Kershaw, «El papel de Hitler en la Solución Final», en Hitler, los alemanes y la Solución Final, La Esfera de los Libros, Madrid, 2009, pág. 155.

«...bajo su punto de vista los judíos eran los responsables de los crímenes más terribles de todos los tiempos -por la «puñalada en la espalda» de 1918, la capitulación, la revolución, la desgracia de Alemania-; ya que bajo su pervertida percepción eran los principales protagonistas del capitalismo de Wall Stret y de la City de Londres, así como del bolchevismo de Moscú; y ya que, según su creencia en la leyenda de la «conspiración judía mundial», siempre estarían bloqueando su camino y representarían el enemigo más peligroso para sus planes, lógicamente esa guerra no podía ser otra cosa que una guerra contra los judíos.»
·         Ian Kershaw, «El papel de Hitler en la Solución Final», en Hitler, los alemanes y la Solución Final, La Esfera de los Libros, Madrid, 2009, pág. 159.

Con su ascenso al poder el 30 de enero de 1933, su Weltanschauung, ante todo un conjunto de objetivos visionarios, sirvió para integrar las fuerzas centífugas del nazismo, para movilizar a sus activistas y para legitimar determinadas iniciativas políticas llevadas a cabo siguiendo, de una forma u otra, su voluntad. Entre tales objetivos estaba la eliminación de los judíos, idea que supo manejar con criterio táctico a lo largo de su carrera. Así, Hitler intervenía para canalizar los ataques en forma de una legislación antijudía tremendamente discriminatoria, aplacando en cada fase a los radicales y progresando en la radicalización de las medidas adoptadas. Existía, por lo tanto, una «dialéctica» continua entre acciones «salvajes» desde abajo y discriminación orquestada desde arriba. Cada fase de radicalización era más intensa que la que la precedía. De esta manera, la inercia no se desvanecía nunca.
·         Ian Kershaw, «El papel de Hitler en la Solución Final», en Hitler, los alemanes y la Solución Final, La Esfera de los Libros, Madrid, 2009, pág. 180-181.

Mein Kampf

"Así, desde el momento en que el judío no poseyó jamás una cultura propia, las bases de su actividad intelectual fueron suministradas siempre por otros. En todos los períodos, su intelecto se ha desarrollado merced al contacto con las civilizaciones que le rodeaban. Jamás ha ocurrido de modo contrario”.

"...Para poder continuar subsistiendo como un parásito dentro de la nación, el judío necesita consagrarse a la tarea de negar su propia naturaleza intima”.

"El judío ahuyenta por la fuerza a todos sus competidores”.

"Creo hoy que estoy actuando de acuerdo con el Creador Todopoderoso. Al repeler a los judíos estoy luchando por el trabajo del Señor".

"Es indudable que los judíos son una raza pero no son humanos"

"La doctrina judía del marxismo rechaza el principio aristocrático de la naturaleza y antepone la cantidad numérica y su peso inerte al privilegio sempiterno de la fuerza y del poder".

Lo que opinaba Hitler sobre España, los españoles y la dominación musulmana de la Península

En España, bajo la dominación de los árabes, la civilización alcanzó un nivel que raramente se ha repetido. La intromisión del cristianismo ha traído el triunfo de la barbarie. El espíritu caballeresco de los castellanos es efectivamente una herencia de los árabes. Si Carlos Martel hubiera sido derrotado, el mundo habría mudado su faz. Ya que el mundo estaba condenado a la influencia judaica (y su subproducto, el cristianismo, ¡es algo tan insípido!), hubiera sido mejor que triunfara el Islam. Esta religión recompensa el heroísmo, promete a los guerreros la gloria del séptimo cielo" (28/08/1942, Hitler's Table Talk 1941–1944, Enigma Books, 2000, p.667).

"En España siempre se encontrará a alguien dispuesto a servir los intereses políticos de la Iglesia, como Serrano Súñer. Ya en mi primera entrevista con él experimenté un sentimiento de repulsión. Evidentemente Franco no tiene personalidad para enfrentarse a los problemas. La mayor tragedia de España fue la muerte de Mola. Este era el verdadero cerebro, el verdadero jefe. Serrano Súñer es en realidad el enterrador de la España moderna".

"Yo no hubiera intervenido en la revolución de España de no haber sido por el peligro rojo que amenazaba a Europa. El clero se hubiera tenido que exterminar".

Discursos de Hitler
"Ahora quizás surja todavía la pregunta de si hoy es conveniente hablar [refiriéndose a los judíos] sobre la culpa de la guerra.
¡Del conocimiento viene la voluntad de resurgir!
Han quedado dos millones en la lucha. También ellos tienen derechos, no solamente nosotros los sobrevivientes. Hay millones de huérfanos, lisiados y viudas entre nosotros. ¡También ellos tienen derechos! Para la Alemania de hoy ninguno ha muerto ni ha quedado lisiado, huérfano o viuda. ¡Tenemos la deuda con estos millones de construir una nueva Alemania!".
·         Fuente: El enemigo de los pueblos, párrafo final.
·         Notas: Potente cierre de discurso de Adolf Hitler. En 1923, Hitler se dirigía con estas palabras a las masas, recordando a los caídos de Alemania durante la Primera Guerra Mundial. El párrafo cerraba una larga argumentación en que atribuía toda la culpa de la guerra a los judíos.

Opiniones de los historiadores sobre la posición del Vaticano con respecto a Hitler

“Si desde el principio el catolicismo alemán se hubiera adherido a una norma de oposición resuelta al régimen nazi, la historia universal bien pudiera haber tomado un rumbo diferente. Aunque esta lucha no hubiera terminado por derrotar a Hitler y haber evitado sus muchos crímenes, nos parece que habría elevado inconmensurablemente el prestigio moral de la Iglesia. No hay que negar que una resistencia tal habría tenido su gran costo en vidas humanas, pero los sacrificios se habrían hecho por la mayor de las causas. Si Hitler no hubiera podido confiar en la situación interna de su país, quizás no se habría atrevido a empezar la guerra, y literalmente se habrían salvado millones de vidas. [...] Cuando miles de alemanes antinazis fueron torturados hasta morir en los campos de concentración de Hitler, cuando los intelectuales polacos fueron degollados, cuando centenares de miles de rusos murieron como resultado de que se les tratara como Untermenschen [subhumanos] eslavos, y cuando 6.000.000 de seres humanos fueron asesinados por no ser arios, los funcionarios de la Iglesia Católica en Alemania fortalecieron al régimen que perpetraba estos crímenes. El papa de Roma, cabeza espiritual y supremo maestro moral de la Iglesia Católica Romana, permaneció callado”.
·         Guenter Lewy en su libro The Catholic Church and Nazi Germany (La Iglesia Católica y la Alemania nazi) (páginas 320, 341).

"¿Cómo puede explicarse que la Iglesia jamás excomulgara ni a Hitler ni a Himmler, que Pío XII nunca viera necesario —por no decir indispensable— condenar Auschwitz y Treblinka, que una gran proporción de los miembros de las S.S. fuesen creyentes y permaneciesen fieles a sus lazos cristianos hasta el fin, que hubiese asesinos que practicasen [el sacramento de] la confesión entre una masacre y otra y que todos ellos procediesen de familias cristianas y hubiesen recibido una educación cristiana?".
·         Elie Wiesel en «A Jew Today».

Posicionamiento de la Iglesia católica romana en Alemania

"Todos ustedes son testigos del hecho de que todos los domingos y días festivos rezamos en todas las iglesias por el Führer, durante el servicio principal, tal como prometimos en el Concordato... Nos ofende el que se ponga en duda nuestra lealtad al Estado".
·         Palabras del Cardenal Faulhaber en un sermón el 7 de junio del año 1936, cuando circularon informes de que los católicos se oponían al régimen de Hitler.

LOS ASMÓNEOS


Los asmoneos o hasmoneos (en hebreo חשמונאים, Hashmonayim) fueron los sucesores directos de los Macabeos que lograron establecer un poderoso reino en lo que hoy es Israel, en contraste con las expansiones del Imperio seléucida. Con los asmoneos, las fronteras del reino judío llegaron casi a las dimensiones de los remotos tiempos de David y Salomón. Aunque descendían directamente de los macabeos («Juan Hircano I era hijo de Simón, el último de los Macabeos»), lo cierto es que tuvieron grandes diferencias en sus acciones, los ideales que los movían y sus aspiraciones políticas. Su apogeo duró el doble del de sus inmediatos ancestros, desde el 134 a. EC. hasta el advenimiento del Imperio romano en Israel en el 63 a. EC.

La palabra asmoneo viene del griego ασμονεο, que se traduce como "descendiente de Asmón".  Aunque para muchos estudiosos la dinastía de los asmoneos no es más que la continuación de la macabea, lo cierto es que tienen notables diferencias históricas que deben resaltarse. En primer lugar los ideales religiosos y su celo por la defensa del Templo de Jerusalén, del monoteísmo y de la independencia del reino de Judea, que eran características de los macabeos, perdieron toda su fuerza con los asmoneos, más ambiciosos y preocupados por extender su poderío militar, y marcados por las intrigas, traiciones y luchas fratricidas. Precisamente una guerra civil entre hermanos marcaría el fin del reino y pondría a Israel en manos de la nueva potencia emergente de la época: Roma.

Los Macabeos

Las gestas macabeas fueron en contra del avance del mundo helénico en la cultura de Israel. La historia de la dinastía asmonea continúa la de la dinastía macabea, cuya principal fuente histórica son los dos libros bíblicos reconocidos por los cánones católicos, pero no por aquellos rabínicos. La razón por la cual los dos libros no fueron incluidos en el canon de la Tanaj es que estaban escritos en griego, pero ello no significa que no sean valorados como documentos históricos. Los relatos del historiador clásico Flavio Josefo dan razón de la existencia de estas dos dinastías que se enlazan entre la decadencia del Imperio seléucida, de corte helenístico, y el surgimiento del Imperio romano. Sin embargo, los libros bíblicos se detienen en los macabeos e ignoran a sus sucesores, menos preocupados por las cosas del cielo y más celosos de los asuntos terrenales.

Su política

Si bien para los Macabeos la razón de ser de sus luchas contra el Imperio seléucida era la defensa de su fe y la independencia de su pueblo, para los asmoneos ello pierde su sentido como motivo principal y es cambiado por ambiciones políticas muy concretas y a toda costa. Una de las características principales de su gobierno fue la expansión logrado gracias a la debilitación de los seléucidas, especialmente aquellos radicados en Siria. Para entonces, la República Romana se consolidaba lejos y no representaba una amenaza real, lo que permitió que los Asmoneos ampliaran las fronteras de Israel: se establecieron en Samaria, Galilea, Idumea, el Golán, el litoral del Mediterráneo y la Transjordania. Dichas conquistas representaron para el reino tiempo próspero y el alejamiento del peligro de perder la independencia y ver amenazada la identidad cultural con el advenimiento del helenismo que tanto preocupaba a los celosos del Templo. Con la excepción de la reina Salomé Alejandra, los asmoneos se pusieron de parte de la secta sacerdotal de los saduceos y en contra de los fariseos. La primera era más de corte aristocrático, mientras que los fariseos estaban más con el pueblo.

Sin embargo, en sus conquistas hicieron aquello que sus ancestros habían sufrido durante las invasiones extranjeras: forzaron la circuncisión de los pueblos conquistados, como los Idumeos, destruyeron ciudades y atrajeron un gran odio no sólo entre sus colonias sino entre su propio pueblo.

Su historia

Pompeyo profana el Templo de Jerusalén: «No vi ninguna imagen de dios, sino un espacio vacío y misterioso», dice después de entrar al Sancta Sanctórum en donde sólo los levitas tenían permitido ingresar.

El último de los Macabeos, Simón, reinó en paz, mientras el Senado romano reconoció su dinastía en 139 a. EC. Pero la situación cambiaría pocos años después en 135 a. EC. cuando fue asesinado en compañía de sus hijos Matatías y Judas por instigación de su yerno Ptolomeo hijo de Abubus. Esto le abrió el camino a su tercer hijo, Juan Hircano que entre el 134 a. EC. y el 104 a. EC. abriría el linaje de los asmoneos. Se aseguró el poder después de la matanza de Dok en contra de las oposiciones de Antioco VII Sidete de Siria quien pedía para sí las ciudades de Jope, Ghezer y sitió Jerusalén. Ambos hicieron un pacto en el cual Jope y Ghezer serían de los judíos, pero le pagarían impuesto a Siria y Juan Hircano ayudaría a Antioco contra los partos. Antioco moriría en una batalla contra los partos en 129 a. EC., lo que significó un golpe de suerte para el nuevo líder. Se puso en marcha y conquistó posiciones estratégicas como Madaba, Siquem, Edom, Bet Shean y Samaria. Si en principio era amigo de la secta de los Fariseos, bien pronto estos le quitarían su favor al ver lo que sería la nueva dinastía reinante con actos políticos que contradijeron aquellos religiosos como declararse a sí mismo Sumo Sacerdote sin ser descendiente de Sadoq. Como testimonio de este periodo queda en la actualidad la Fortaleza Hircana en el Desierto de Judea.

Antes de su muerte, Juan decidió que su mujer le sucedería en el trono y su hijo mayor (tenía cinco hijos varones) Aristóbulo I fuera el Sumo Sacerdote, pero no el rey. Sin embargo, muerto el padre, Aristóbulo puso en prisión a su madre y tres de sus hermanos, entre los que estaba Alejandro Janeo. Su gobierno solo duró un año porque murió de una dolorosa enfermedad en 103 a. EC. Puestos en libertad los prisioneros, la sucesión le correspondió a Alejandro Janeo que gobernó hasta el 76 a. EC. y murió durante el sitio de la Fortaleza de Ragaba. Le sucedió su mujer, Salomé Alejandra, que reinó hasta el 67 a. EC. y que pasó a ser la única monarca mujer en la historia de Israel (sin contar a Atalía, que usurpó el trono del Reino de Judá y gobernó 6 años hasta que fue derrocada y ejecutada). Bajo su mando, se vivió un tiempo de paz y gracias a ella la secta de los Fariseos, enemigos de los anteriores reyes, pudieron consolidarse y adquirir importancia. Los fariseos tenían la simpatía del pueblo, por lo que la Reina adquirió el aprecio de todos y le dio la fisonomía al judaísmo de las generaciones futuras. Tenía dos hijos, Hircano II, el mayor, de carácter tranquilo y Aristóbulo II el menor, heredero del carácter propio de los asmoneos. La Reina, que había regido con tranquilidad y justicia por largos años, era la madre de quienes llevarían al desastre definitivo la independencia de Israel.

Muerta la reina Salomé Alejandra, su hijo menor Aristóbulo II ya había preparado el ambiente para tomarse el poder. Hircano II tenía el título de Sumo Sacerdote durante el reinado de su madre y, muerta Alejandra, correspondía a él por derecho el título de Rey de Israel. Pero su hermano no lo aceptó. Le declara la guerra y lo vence en Jericó en donde ambos negocian la paz de cuyos acuerdos Aristóbulo II queda con el título de rey y sacerdote, mientras Hircano II se retiraría a una vida tranquila con una renta vitalicia. Este acuerdo hubiera sido perfecto y hubiera resuelto el conflicto si no hubiera entrado una tercera persona en escena: Antipatro el Idumeo, que había sido gobernador de Edom durante el reinado de Alejandro Janeo. Antipatro no estaba de acuerdo con que Aristóbulo se tomase el poder. Su primer movimiento político fue invitar a Hircano a refugiarse en la corte del rey Aretas, rey de Petra y con este hace un pacto en el cual las ciudades de Transjordania serían de Aretas si ayudaba a Hircano a recuperar el poder. El rey Aretas emprende entonces el asedio de Jerusalén y se enciende la guerra civil. Entra entonces en escena otro personaje que cambiaría a su vez los acontecimientos, Pompeyo el Grande, junto a otros generales romanos, estaban en Siria que ya había sido conquistada por la ascendente República Romana. Los dos hermanos asmoneos se dirigen a ellos pidiendo ayuda. Pompeyo, que quiere derrotar a Aretas y a los nabateos, ve que el conflicto entre los dos hermanos le beneficia y se opone a Aristóbulo que huye en un primer momento a la Fortaleza del Alexandrión. Pompeyo asedia Jerusalén y los saduceos del partido de Aristóbulo, resisten valerosamente en el Templo. En el año 63 a. EC., después de tres meses de duro asedio, el general romano Pompeyo el Grande toma Jerusalén y en el acto mueren 12 mil judíos. Pero de ese hecho en el que Israel perdió su libertad por los siglos restantes, queda un hecho recordado con amargura por el historiador judío Flavio Josefo: «Nada aflige tanto al pueblo en aquella desventura como el Santuario hasta ahora invencible, desvelado por extranjeros». El romano, espiando en la oscuridad, no encontró nada: «Nulla intus deum effigie vacuam sedem et inania arcana» («No vi ninguna imagen de dios, sino un espacio vacío y misterioso»).

JUAN HIRCANO I

Juan Hircano I

Juan Hircano, Hircano I o Hircán I (Yohanan Girhan; Yohanan Hyrcanus - יוחנן הרקנוס) fue un etnarca y sumo sacerdote de Judea de la familia de los asmoneos. Gobernó desde el año 134 a. EC. hasta el 104 a. EC. Era el tercero y último de los hijos de Simón Macabeo, a quien sucedió en el poder, aunque sin usar el título de rey.

Se hallaba en Gázara cuando su padre fue asesinado en Jericó, en el 134 a. EC., a manos de su yerno Tolomeo, hijo de Abubus, quien reclamó el poder sobre Judea. Este Tolomeo apresó a la viuda y a los dos hijos mayores de Simón, madó asesinar a Juan y se atrincheró en la fortaleza de Dok, cerca de Jericó. Pero Hircano logró escapar, llegando a Jerusalén, y se aseguró el poder, contando con el apoyo del pueblo (1 Mac 16:11-22).

Después Hircano cercó la fortaleza de Dok, y estuvo a punto de tomarla, pero se contuvo cuando escuchó las amenazas de Tolomeo de arrojar a la madre y hermanos de Hircano, desde lo alto de los muros si no dejaba de atacarle. Esto hizo que Hircano bajara el ímpetu, de modo que el sitio se prolongó y Tolomeo aprovechó el año sabático (el séptimo año, en el cual los judíos dejaban de guerrear) para huir fuera del país, no sin antes asesinar a la madre y a los hermanos de Hircano.

Moneda de Antioco VII Sidetes
El monarca seléucida Antíoco VII Sidetes, utilizó la situación para invadir Judea y asediar Jerusalén, que se rindió en 132 a. EC. Juan quiso resistir pero empezaron a agotarse las provisiones; dejó entonces salir de la ciudad a parte de la población más afectada. Pero los sitiadores rehusaron abrirles el paso, de modo que los judíos pobres estuvieron vagando miserablemente en los fosos debajo de las murallas hasta que llegó la fiesta de los tabernáculos. Entonces Juan envió mensajeros a Antíoco pidiendo una tregua de una semana. Antíoco la concedió, e incluso envió una cantidad de toros con los cuernos dorados, y copas de oro y plata llenas de especias, para emplearlos en los sacrificios. Los judíos que estaban fuera de las murallas recibieron estos dones, y se les permitió volver con ellos a la ciudad. Debido a esta generosidad, Antíoco VII vino a ser conocido como “el Piadoso”. Finalmente Juan decidió firmar un tratado con Antíoco, ofreciendo 500 talentos de plata y rehenes, incluyendo a su propio hermano. Antíoco levantó entonces el sitio, derribó hasta los cimientos las murallas de la ciudad, y se retiró. Abriendo el sepulcro de David, Juan tomó 3.000 talentos de plata, y usó parte de esta cantidad para pagar el precio acordado.

Al principio Juan se convirtió en un simple vasallo del rey seléucida (138 a. EC.-129 a. EC.). Juan tuvo que participar al lado de Antíoco VII en una guerra contra los partos. Pero el rey seléucida fue derrotado y muerto por Arsaces, rey de los partos en 128 a. EC. Fallecido Antíoco VII, sus sucesores se enfrascaron en luchas fratricidas que se prolongarían hasta la conquista romana del 64 a. EC. y como consecuencia de ello perdieron el control de Israel, lo que permitió que los judíos se hicieran independientes. Aunque algunos historiadores consideran que Juan asumió el nombre de Hircano, para mostrar condescendencia con el helenismo, adoptando un nombre griego, otros creen que su nuevo nombre honraba su desempeño y victorias en las batallas que al lado de los seléucidas libró en Hircania o contra los hircanos; pero probablemente con este nombre rindió honores a los hircanos, quienes evitaron ser reconquistados por los seléucidas cuando derrotaron a Antíoco VII y permitieron que Juan pudiera escapar del control de éste.

Hircano decidió también renovar el tratado que Judas Macabeo había hecho con Roma. Envió una legación al Senado romano, que aceptó sus cartas de presentación, renovando la amistad y la alianza con los judíos. Una de las cláusulas de dicho tratado obligada a los seléucidas a devolver a los judíos los territorios arrebatados. Hircano aprovechó las disputas del poder de los seléucidas en Siria apoyando a uno u otro partido, según le conviniera en el momento.

Fue pues en el séptimo año del gobierno Juan Hircano cuando se estableció firmemente el estado independiente de Judea, 40 años después de que Antíoco IV Epífanes aboliera su antigua constitución como estado teocrático autónomo dentro del imperio seléucida. Generaciones posteriores vieron los primeros años de independencia bajo Juan Hircano como una especie de edad de oro.

Juan Hircano aprovechó la creciente debilidad del reino seléucida para ensanchar sus territorios, pues las ciudades helenísticas quedaron desguarnecidas. Asimismo, a fin de contar con fuerzas militares competentes, alquiló mercenarios, algo que hasta entonces ningún rey o gobernante judío había hecho.

Marchó hacia el sur del Jordán oriental y conquistó Medabá (la Medeba de la Biblia), que cayó tras un prolongado asedio de seis meses, y Samea.

Prosiguió después contra los samaritanos: capturó su ciudad principal, Siquem, luego Garizim y todo el país de los cuteos. Destruyó el templo samaritano el monte Garizim o Gerizim (128 a. EC.), que había sido construido durante el dominio persa, unos doscientos años atrás.
Avanzó después contra la provincia de Idumea (la Edom bíblica) y tomó las ciudades de Adora (Dura) y Marisa (Maresa). Libró del exterminio a los idumeos bajo la condición de que se circuncidaran y observaran la Ley. Así se hizo y desde entonces los idumeos quedaron incorporados a la comunidad judía.

Reinició la campaña contra los samaritanos, en vista que insistían con mostrarse hostiles (111a. EC.).Atacó a la ciudad de Samaria, dejando el cerco al mando de sus dos hijos Antígono y Aristóbulo I. Aunque los samaritanos llamaron al seleúcida Antíoco IX Ciziceno en su ayuda, fueron finalmente vencidos. Después de un año de asedio, la ciudad fue tomada y destruida, y sus habitantes esclavizados. Para no dejar señales de su existencia se inundó el lugar con torrentes (año 107a. EC.). Samaria sería reconstruida años después y embellecida por Herodes el Grande con el nombre de Sebaste.

Después de la toma de Samaria, los hijos de Hircano marcharon contra Escitópolis (Bet-sán), donde se había refugiado Epícrates, uno de los lugartenientes de Antíoco IX Ciziceno. Epícrates entregó la ciudad a los judíos, quienes saquearon todo el territorio hasta el monte Carmelo. A propósito de esta campaña, se contaba un hecho extraordinario de Hircano como sumo sacerdote: mientras sus hijos luchaban contra los invasores y estando solo en el templo ofreciendo incienso, oyó una voz que le decía que sus hijos habían vencido a Antíoco Ciziceno. Una vez fuera del Templo, lo informó a todo el pueblo. Y era cierto, como se comprobó después.

Al igual que los demás gobernantes asmoneos, Juan Hircano tuvo en sus campañas claramente presente el ideal de la monarquía davídica (aunque no fuera descendiente de David). Al finalizar el gobierno de Hircano, el reino judío había alcanzado su máxima extensión desde la época de Salomón.

Aunque Hircano nunca se proclamó rey, gobernó a través de una corte, designándose sumo sacerdote y etnarca de los judíos, y acuñó monedas con inscripciones de su título y nombre judío: “El Sumo Sacerdote Juan y la comunidad de los Judíos”, “El Sumo Sacerdote Juan, jefe de la comunidad de los Judíos”. Sin embargo estaba próximo a algunas ideas helénicas, incluso cambió los nombres hebreos de sus hijos por nombres griegos (Antígono, Aristóbulo y Alejandro). Su alejamiento de los ideales de los primeros Macabeos le enfrentó a la popular facción, posteriormente conocida como de los fariseos, precipitando así la lucha religiosa entre facciones que fue dominante durante este período de la historia judía.

Flavio Josefo nos cuenta como fue la ruptura con los fariseos y su acercamiento con la facción de los saduceos. Al principio Juan era discípulo de los fariseos, pero un día se le ocurrió preguntar a estos si tenían críticas acerca de la forma en que gobernaba. Los fariseos le contestaron que era plenamente virtuoso, lo que le agradó oír. Pero uno de ellos, llamado Eleazar, tenía un temperamento violento y gustaba de la controversia. Le dijo: “Por cuanto tienes deseos de saber la verdad, si realmente quieres ser justo abandona el sumo sacerdocio, y conténtate con gobernar al pueblo”. Cuando Hircano preguntó por qué debía abandonarlo, Eleazar contestó: “Nuestros ancianos nos han dicho que tu madre fue una vez cautiva bajo Antíoco (IV) Epífanes”. Esta historia era falsa, e Hircano se encolerizó contra aquel hombre, al igual que el resto de los fariseos.

Ahora bien, un cierto Jonatán, que era saduceo (el partido contrario a los fariseos) y amigo íntimo de Hircano, afirmó que la declaración calumniosa de Eleazar tenía la aprobación común de todos los fariseos. Esto se haría evidente, dijo, si Hircano preguntaba a los fariseos qué castigo merecía aquel hombre: si el castigo era severo, entonces ellos serían inocentes. Si proponían un castigo blando, serían culpables. Hircano entonces hizo dicha pregunta a los fariseos, y ellos le contestaron: “Eleazar merece ser azotado y encadenado, porque no parece correcto castigar unas meras palabras con la muerte”. Era de esperarse tal repuesta, pues los fariseos solían ser más indulgentes con la aplicación de los castigos. Pero Hircano se enojó mucho y comenzó a creer lo que le había dicho Jonatán, por lo que finalmente dejó a los fariseos para unirse a los saduceos. Al hacerlo así, se atrajo el odio del pueblo, porque este prefería a los fariseos. Los saduceos eran considerados como un partido minoritario, de los ricos.

Con todo, el resto del gobierno de Hircano fue pacífico y feliz. Murió después de haber gobernado 31 años a los judíos, dejando cinco hijos. Según Flavio Josefo, "Dios le encontró digno de tres de los más grandes privilegios: el gobierno de su pueblo, el sumo sacerdocio, y el don de la profecía". En cuanto a lo último, se dice que predijo que sus dos hijos mayores no permanecerían como gobernantes del estado. No obstante, en el entendido de que Juan Hircano vivió dentro del período de los ¨400 años de silencio¨ en que Dios no levantó profeta en Israel, debemos asumir que lo suyo era un don profético y no el oficio profético que vendría a restablecerse más de cien anos después con otro Juan: El Bautista.

SALOMÉ ALEJANDRA

En hebreo שלומציון Shelomtzion o ShlomTzion o "Shelomit", regente y reina de Judea, perteneciente a la dinastía asmonea, nació en el año 139 a. EC. Y falleció en el 67 a. EC.; reinó desde el año 76 a. EC. hasta su muerte en el 67 a. EC. Fue la última gobernante que rigió un estado judío totalmente independiente en Israel, hasta la formación del Estado moderno de Israel.

Judea en tiempos de
la reina Salomé Alejandra
Casada con el rey Aristóbulo I (104 a. EC.-103 a. EC.), tras la muerte de éste subió al trono Alejandro Janneo, hermano menor del difunto rey. Siguiendo la ley del levirato, Alejandro Janneo se casó con Salomé Alejandra. Reinaron juntos entre los años 103 y 76 a. EC. En su lecho de agonía, Alejandro Janneo no quiso dejar el reino a ninguno de sus hijos y encargó el gobierno a Salomé Alejandra, que era querida por la multitud, porque pensaban que ella se había opuesto a las crueles medidas de su marido. Había tenido dos hijos con Alejandro: Hircano II, el mayor, al que hizo sumo sacerdote porque era indolente e incompetente, y Aristóbulo II, al que limitó a la vida privada porque era muy impulsivo.

Siguiendo las instrucciones que le dio su esposo en su lecho de muerte, Salomé Alejandra favoreció a los fariseos, la secta judía más estricta en la observancia de las leyes. Ellos se convirtieron en los verdaderos gobernantes de la nación, aunque Alejandra administró con gran sabiduría, doblando los efectivos del ejército e intimidando a los gobernantes vecinos. Pero si ella gobernaba a los judíos, los fariseos la gobernaban a ella. Estos la apremiaron a que diera muerte a los que habían aconsejado a Alejandro a crucificar a los 800 cabecillas fariseos, y ellos mismos comenzaron a matarlos uno por uno. Entre las víctimas se contó un tal Diógenes de Judea, prominente miembro del partido saduceo. Los perseguidos encontraron en Aristóbulo un defensor, quien persuadió a su madre que los perdonara. Pero tuvieron que irse de Jerusalén y esparcirse por el país, recluyéndose en algunos pueblos fortificados.

Durante el reinado de Salomé Alejandra ocurrió también la invasión de Tigranes I de Armenia, quien llegó con un ejército de 300.000 hombres, y puso sitio a Ptolemaida. Alejandra envió embajadores a Tigranes con valiosos regalos, pidiendo un tratado de paz, pero Tigranes fue repentinamente reclamado a Armenia para hacer frente a la invasión del general romano Lúculo.

Algún tiempo después, la reina cayó gravemente enferma, y su hijo Aristóbulo II aprovechó esta oportunidad para hacerse con el poder. Salió a escondidas de Jerusalén por la noche, reunió un ejército, y ocupó 22 fortalezas en quince días, tomando la mayor parte del país. Alejandra murió en el 67 a. EC. después de haber reinado nueve años, dejando el reino a su hijo Hircano II. Dejó al país al borde de la guerra civil entre sus hijos, lo que favorecería la intervención de los romanos en los asuntos judíos.

Judas Macabeo

Personaje bíblico que aparece en los Libros de los Macabeos. Era el tercer hijo del sacerdote Matatías, que con su familia, fue el centro y alma de la revuelta patriótica y religiosa de los judíos contra los reyes seléucidas de Siria. Se han hecho varias conjeturas acerca del origen de su apellido. El nombre parece ser derivado de la voz siria maqqaba (martillo o maza) y se dio con referencia a la proeza aplastante desplegada por Judas contra los enemigos de la nación.

Judas fue designado por su agonizante padre, como el nuevo líder del grupo de guerrilleros rebelados contra Antíoco IV Epífanes en el año 167 a. EC., y permaneció en mandato hasta el 161 a. EC. Estaba animado con una gran fe en lo que él creía era el apoyo de Dios, por la bondad de la causa. Comenzó sus operaciones militares atacando y quemando muchos pueblos que se habían manifestado en favor de los enemigos de Israel, y cuando fuerzas armadas regulares fueron enviadas para poner fin a su acoso, no dudó en enfrentarlas en el campo (II Macabeos).

Demostró en diversas ocasiones que era un excelente táctico y un guerrero intrépido. Entre sus hazañas militares se mencionan la derrota y muerte de Apolonio, saqueador de Jerusalén, y la derrota de las fuerzas sirias, conducidas por el delegado gobernador Serón, en un encuentro en Bet Horón. Otros líderes sirios que también fueron vencidos por Judas, fueron los visires Gorgias, Nicanor, Timoteo, Bachides y Lysias.

Estas victorias permitieron una tregua durante la que Judas prestó atención a las condiciones ruinosas en que había quedado la ciudad de Jerusalén y cómo había sido profanado su Templo. Destinando un cuerpo de hombres armados para mantener en jaque la guarnición siria, que todavía ocupaba la ciudadela, el líder judío comenzó a renovar y purificar el santuario, siendo ayudado en el trabajo por varios sacerdotes.
Terminada la renovación, el nuevo servicio del Templo fue inaugurado con festejos que duraron ocho días. De acuerdo a la tradición talmúdica, se encontró un solo cantarillo de aceite purificado para el encendido del candelabro del Templo de Jerusalén, lo suficiente para arder un solo día, pero milagrosamente el candelabro ardió por ocho días seguidos. Desde entonces se decretó que en memoria de este suceso, se celebraría una fiesta anual llamada Jánuca o Hanuká, también conocida como la Fiesta de las Luminarias, que duraría ocho días, con la característica del encendido de velas de un candelabro especial de ocho brazos, una vela por cada día.

Algunas de las tribus vecinas, alarmadas por el progreso de los judíos, se levantaron en armas contra ellos, pero fueron vencidos fácilmente por Judas que entonces redobló todas sus energías para llevar una expedición exitosa a la guerra de independencia contra Siria.

Durante tres años, mantuvo esta tarea ardua e implacable con energía, paciencia y éxitos variables. Mientras tanto, envió mensajeros a Roma para afianzar la protección de la república romana contra la opresión de los sirios. La misión fue diplomáticamente exitosa; pero antes que las negociaciones fueran conocidas en Oriente, Judas Macabeo fue vencido y muerto en el campo de batalla, en Laisa, 161 a. EC.

viernes, 15 de octubre de 2010

PERIODOS DE LIDERAZGO ESPIRITUAL

ZUGOT
 Zugot Hebreo (תְּקוּפָת) הַזּוּגוֹת)) se refiere al período en el cual el liderazgo espiritual del pueblo judío estuvo en manos de "pares" de grandes rabinos.
En hebreo, el termino "zugot" indica el plural de dos objetos idénticos, (como en castellano par de medias o par de guantes). Este nombre fue dado a las sucesivos "pares" de rabinos que fueron guías en la interpretación de la Ley en su generación. De acuerdo a la tradición, uno era el presidente, Nasí, del Sanedrín, y el otro el vicepresidente o "Padre de la corte" (av beit din).  Específicamente se refiere a cinco pares de sabios que dirigieron el gran Sanedrín (Beit Din HaGadol) desde aprox. -150 EC cuando el segundo estado de Judea fue establecido como estado independiente hasta el fin del mandato como Nasí de Hillel, el Viejo, aproximadamente en el año 0 EC. Luego los cargos de Presidente y Vicepresidente se mantuvieron, pero no fueron Zugot. Con el ascenso del estado judío independiente bajo la dinastía de los Hasmoneos, se fortaleció el rol de los tribunales, desplazando las figuras de los sacerdotes hacia los maestros en la ley, los rabinos. El Sumo Sacerdote (Koen Gadol) pasó de ser la máxima autoridad legal y espiritual a una figura que encabezaba los servicios del templo pero que estaba subordinada al gran Sanedrín. Este dejo de existir después de la destrucción del segundo templo en el 70 EC.
El título de «av beit din» existía antes del período de los Zugot. Su propósito era supervisar el Sanedrín. El cargo de Nasí (presidente) fue una nueva institución que se inició durante este período. Durante la primera generación de Zugot, los judíos que apoyaban al sector griego en Israel tomaron control sobre la institución del Koen Gadol, y nombraron sus simpatizantes en este cargo. Esto llevó a los líderes religiosos a elegir un Nasí, para proveer una alternativa a la creciente corrupción de la casta sacerdotal. Esta fue la base del posterior enfrentamiento entre Saduceos y Fariseos.

Hubo cinco pares:

1.         Jose ben Joezer y Jose ben Johananen durante las guerras de los Macabeos.
2.         Joshua ben Perachyah y Nittai de Arbela durante el reinado de Juan Hircano I
3.         Judah ben Tabbai y Simeon ben Shetach durante el reinado de A. Janneo
4.         Sh'maya y Abtalion durante el reinado de Hircano II
5.         Hillel y Shammai durante el reinado de Herodes I el Grande


TANAIM
 Tanaim (תנאים) (singular taná) es la denominación de los sabios rabínicos cuyas opiniones son recordadas en la Mishná, aproximadamente en los años 0-220 EC. El período de los Tanaim también conocido como el período Mishnaico, es posterior al período de los Zugot ("pares"), y anterior al período de los Amoraim.
La raíz taná (תנא) es equivalente en arameo a la raíz shanah (שנה) en Hebreo, que es también la palabra base de Mishná. El verbo shanah (שנה) literalmente significa "Repetir (lo aprendido)" y es usado con el significado "aprender".
Para comprenderlo, debemos recordar que la escritura en esos años era sobre pergaminos, material caro, por lo que normalmente se escribían breves textos y los sabios recordaban de memoria las explicaciones, repitiéndolas cada vez que era necesario. Un Taná acompañaba a los jueces, citaba los textos cuando era solicitado y agregaba los nuevos comentarios. El termino Taná se extendió desde los memoristas a los sabios, ya que muchos de ellos surgieron allí.
El período Mishnáico es comúnmente dividido en cinco períodos de acuerdo a las generaciones. Son conocidos aproximadamente 120 Tanaim principales.1
Los Tanaim vivieron en distintas área de la tierra de Israel. El centro espiritual del Judaísmo en esos tiempos era Jerusalén, pero luego de la destrucción del Segundo templo Rabí Iojanan Ben Zakai y sus estudiantes fundaron un nuevo centro religioso en Yavne. Otros centros de estudio fueron fundados por sus discípulos en Lod, y en Bnei Brak. Muchos de los Tanaim eran artesanos (zapateros, talabarteros) además de su posición como maestros y jueces menores. Algunos fueron dirigentes y representantes ante el Imperio romano.

Origen de los Tanaim

Si bien las academias existieron desde siglos anteriores, durante la ocupación de Israel bajo el Imperio romano se afirmó su importancia. Durante este tiempo, la corrupción y la colaboración con el ocupante en la clase sacerdotal (Kohanim) llevó a su rechazo por parte del pueblo. por ejemplo, el cargo de sumo sacerdote (Kohen Gadol) era dado al mayor oferente en una licitación.
El conflicto entre la casta sacerdotal y el pueblo llevó a la división entre los Saduceos y los Fariseos. Los Saduceos (que normalmente controlaban al sumo sacerdote), eran sostenidos por la familia real de los Hasmoneos, y posteriormente por los delegados del Imperio romano. Los Fariseos eran un grupo igualitario, ellos aceptaban estudiantes de todas las tribus hebreas, no solamente de los Levitas, y enseñaban las leyes trasmitidas oralmente juntamente con la ley escrita. El conjunto de leyes trasmitidas, junto con su interpretación y adecuación, constituyeron la Mishná ,2 cuya compilación fue realizada al fin del período de los Tanaim. Si bien estaba prohibida la escritura de dicha ley, cuya trasmisión debía ser oral, el miedo a su perdida luego de la represión originada por la rebelión de Bar Kojba llevó a Rabí Iehuda Ha-Nasi a su escritura.
Hasta la época de Hillel y Shammai, la última generación de Zugot, había pocas disidencias entre los rabinos eruditos en la Torá. Después de este período, la Escuela de Hillel y la Escuela de Shammai representaron dos perspectivas distintas sobre la Halajá, y sus desacuerdos se encuentran documentados en la Mishná.
Se atribuye a la Escuela de Hillel una interpretación mas permisiva y a la Escuela de Shammai una interpretación más restrictiva, y la Halajá, salvo contadas excepciones, sigue a la Escuela de Hillel.
La ley actual tradicional judía, si bien está fundamentada en la Mishná, ha sido modificada a lo largo de los siglos, por lo que la Mishná no es autoritativa. El texto actualmente vigente es el Shulján Aruj.

Cargos

Los tanaim más importantes fueron miembros de la Gran Asamblea (Sanedrín), organismo creado desde la vuelta de Babilonia que era a su vez el máximo tribunal. El Nasí, (plural Nesiim), traducido como príncipe o presidente, era el miembro mas prominente y el que presidía el Sanedrin. Rabán es un título mayor que Rabí, y le fue dado al Nasí desde Rabán Gamliel (Gamliel el anciano). El título de Rabán estaba limitado a los descendientes de Hillel, con la única excepción de Rabán Iojanan Ben Zakai, el líder de Jerusalén durante el cerco, que salvó el futuro del pueblo judío después de la Gran revuelta suplicando a Vespasiano.
Rabí Eleazar ben Azariah, que fue Nasí, no tuvo el título de Rabán, quizá por la corta duración de su cargo. Antes de Rabán Gamliel, no se usaron títulos antes de algunos nombers, basados en el adagio talmúdico Gadol miRabban shmo "(Mayor que el título Rabán es el nombre mismo de la persona)". Por esta razón Hillel no tiene título antes de su nombre, su nombre mismo es su título como Moises o Abraham, que tampoco tienen títulos. Si pueden encontrarse nombrados como Moshe Rabeinu (Moises nuestro maestro) o Abraham Avinu ( Abraham nuestro padre), para diferenciarlos.

Lista de los Nesiim (Presidentes del Sanedrin)

  • Hillel
  • Rabán Shimon ben Hillel
  • Rabán Gamliel Hazaken (Gamliel el “Viejo”)
  • Rabán Shimon ben Gamliel
  • Rabán Iojanan ben Zakai
  • Rabán Gamliel de Yavne
  • Rabi Eleazar ben Azariah
  • Rabán Shimon ben Gamliel de Yavne
  • Rabi Iehuda Ha-Nasi; Compilador de la Mishná

Las generaciones de los Tanaim

Antes de la destrucción el Segundo Templo
  • Hillel
  • Shammai
  • Rabban Gamliel
  • Elisha ben Abuyah

La generación de la destrucción
  • Raban Shimon ben Gamliel
  • Raban Iojanan ben Zakai
  • Rabí Iehuda ben Baba

Entre la destrucción y la revuelta de Bar Kojba
  • Rabí Ioshua ben Hanania
  • Rabí Eliezer ben Harcanos
  • Rabán Gamliel II de Yavne
  • Rabí Eleazar ben Araj

La generación de la revuelta de Bar Kojba
  • Rabí Akiva
  • Rabí Tarfon
  • Rabí Ishmael ben Elisha
  • Rabí Eleazar ben Azariah

Después de la revuelta
  • Raban Shimon ben Gamliel de Yavne
  • Rabí Meir
  • Rabí Shimon bar Iojai, autor del Zohar
  • Rabí Yosei ben Halafta
  • Rabí Judah ben Ilai

Compiladores
  • Rabí Yosei
  • Rabí Yishmael
  • Rabí Shimon
  • Rabí Nathan
  • Rabí Hiya
  • Rabí Iehuda Ha-Nasi; Compilador de la Mishná